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 LITERATURA HONGARESA / LITERATURA HÚNGARA

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R E V I S I Ó N   D E L   T E M A       
alazaro Enviado - 18 abril 2007 : 19:24:09
LITERATURA HONGARESA EN ALTRES LLENGÜES
LITERATURA HÚNGARA EN OTRAS LENGUAS
HUNGARIAN LITERATURE IN OTHER LANGUAGES


La llibreria online hongaresa LIBRI ofereix llibres de literatura hongaresa (i d'altres temes) en diverses llengües, sobretot en anglès i alemany. Als llibres de literatura hi podeu accedir des de l'enllaç que trobareu a sota. Lamentablemente per a qui no entengui aquella llengua, la informació figura únicament en hongarès...

La librería online húngara LIBRI ofrece libros de literatura húngara (y de otros temas) en distintas lenguas, sobre todo en inglés y alemán. A los libros de literatura podéis acceder desde el enlace que encontraréis abajo. Lamentablemente para quien no entienda aquella lengua, la información aparece únicamente en húngaro...

http://www.libri.hu/hu/book/idegen_nyelvu_konyvek/magyar_irodalom/?ord=cim&text=&page=1&search_cat=&t_number=10&reszletes=&s_id=&kk=&pr_type=&docpath=
50   U L T I M A S      R E S P U E S T A S    (La más nueva primero)
alazaro Enviado - 26 noviembre 2009 : 00:16:38
Litera - Hungría
Imre Kertész acerca de una Europa fuerte y abierta


EURO / TOPICS
09/11/2009

A Europa le pesa su Historia, escribe el premio Nobel de Literatura Imre Kertész en el portal cultural Litera. Pero la Europa del futuro será fuerte, segura y abierta: "La felicidad de las personas, comprendida en un sentido más profundo, radica más allá de su existencia histórica. Pero no en evitar las experiencias históricas, sino, por el contrario, en su vivencia, en su reapropiación y en la identificación trágica con ellas. Sólo el conocimiento puede elevar a las personas por encima de la Historia. [...] Una civilización que no explica sus valores de manera clara o abandona sus valores declarados va por el camino de la decadencia. [...] Hemos quedado solos y no nos dirigen guías celestiales ni terrenales. Debemos producir nuestros valores día a día [...] y lograr elevarlos al rango de una nueva cultura europea. Cuando pienso en la Europa del futuro, pienso en una Europa fuerte, segura de sí misma; una que siempre esté dispuesta a negociar, pero que no se vuelva nunca oportunista. No olvidemos que Europa nació de una decisión heroica: Atenas se decidió a enfrentar a los persas."

Artículo completo (en húngaro): http://www.litera.hu/irodalom/europa-nyomaszto-oroksege

(http://mail.google.com/mail/?hl=es&tab=wm#inbox/124ddcf41ecba08e)
alazaro Enviado - 25 noviembre 2009 : 23:48:14
Comentarios sobre la entrevista a Imre Kertész

Marietta Le
Traducido por Carolina Belén Peralta
Global Voices en Español
17.11.2009

El periódico alemán Die Welt publicó la semana pasada una entrevista a Imre Kertész, autor húngaro ganador de un Premio Nobel que vive en Berlín. Kertész celebró su cumpleaños número 80 el mismo día en que Alemania celebró el 20° aniversario de la caída del Muro de Berlín. El periodista le preguntó sobre su actitud hacia Budapest y Berlín, el autor húngaro, enojado con la situación política en Budapest, replicó:

"Soy una persona de metrópolis, lo soy y siempre lo he sido. Una persona de metrópolis no pertenece a Budapest. La ciudad está completamente balcanizada. ¡Una persona de metrópolis pertenece a Berlín!"

Sus palabras molestaron a varios bloggers húngaros, y comenzó una tensa discusión justo después que se hicieron públicas las traducciones al húngaro de la entrevista. Mr Falafel de Konzervatív Költök Baráti Köre (“Hermandad de Poetas Conservadores”) reaccionó:

"[…] En la entrevista que le dió a Die Welt, él declaró lo que todo honorable hombre húngaro piensa de él, que es un sinvergüenza que no tiene nada que ver con los húngaros. […] Respecto a la entrevista, las traducciones de ciertas fuentes de información son diferentes en el punto en que, según Kertész, los antisemitas han reinado por 10 años, o han sido sólo líderes de opinión. Yo no hablo alemán, así que no puedo decidir en cuál traducción debería confiar. En realidad, es lo mismo, ambas versiones son una imbecilidad. Él no está viviendo en Hungría, y ni siquiera está interesado en lo que está sucediendo aquí. […]"

Lordart también estaba decepcionado después de leer el artículo. Él escribe en su post:

"[…] Hasta ahora me he sentido bastante orgulloso de que un autor de origen húngaro sea ganador de un Premio Nobel, cuyo trabajo - y el valor de su trabajo - sea reconocido en el mundo entero. Después de esto todavía voy a reconocer lo que puede ser considerado como valor en el trabajo del Sr. Kertész, pero voy a respetar su voluntad, según la cual su personalidad no puede estar ligada a Hungría, a Budapest. […]"

Algunos bloggers condenaron las traducciones publicadas por los medios de comunicación húngaros porque algunos puntos parecían estar exagerados. Vérszegény éjszakai dúvad de Hángörienidiocc retradujo toda la entrevista, y agregó sus comentarios sobre las controversiales traducciones de la prensa:

"[…] Simplemente toda la prensa húngara tenía pereza de revisar una maldita traducción, cada informe de noticias es una repetición casi palabra por palabra. (Quizás nadie habla alemán en este país.)"

De todos modos, suena realmente muy bien: “No me liguen a Hungría.” Y por supuesto uno puede estar sorprendido por esto, pero el problema es, ya que siempre se olvidan de mencionarlo, que no es sobre los orígenes, sino más bien sobre las raíces literarias.

Por otra parte, eso no puede ser criticado tampoco como lo que Kertész piensa sobre Budapest o Berlín, porque eso sería aproximadamente como si yo criticara a alguien porque a esa persona no le guste el goulash con frijoles; cómo puede ser eso, si para mí esa es la comida favorita.

"[…] Parece como si cualquier cosa que Kertész haya hecho, no pueda ser reparada ya que, al resumir su entrevista de este modo más bien parece como una inclinación intencional antes que una traducción errónea. […]"

(http://es.globalvoicesonline.org/2009/11/17/hungria-comentarios-sobre-la-entrevista-a-imre-kertesz/)
alazaro Enviado - 12 noviembre 2009 : 19:46:40
Miklós Bánffy: Los días contados (Libros del Asteroide, 2009)

Por Juan Antonio González Fuentes
LOS LUNES DE EL IMPARCIAL
02 de noviembre de 2009

Hace ya unos años, tampoco muchos, mi amigo el profesor José María Lassalle coordinó en la Fundación Botín un curso sobre diferentes aspectos de la historia del viejo imperio austrohúngaro. Recuerdo que uno de los días comimos en el legendario restaurante santanderino El Riojano con uno de los ponentes, cuyo nombre no puedo ahora recordar. Lo que sí recuerdo perfectamente es que ese ponente, a lo largo de la charla, nos contó que la entrada en la Unión Europea de los llamados países del este, muchos antiguas geografías austrohúngaras, traería sin duda consecuencias llamémoslas “espirituales”. El argumento se sostenía en que estos países (Polonia, Hungría, Chequia, Rumanía…) vivieron la segunda mitad del siglo XX en una especie de estado de congelación material y espiritual bajo regímenes comunistas de influencia soviética, y que el lógico proceso de descongelación influiría de alguna manera en el occidente europeo capitalista al volver a entrar éste en contacto con formas y latidos espirituales y culturales ya prácticamente extintos en la Europea occidental, pero conservados tras la nevera del Telón de Acero. “Latidos espirituales europeos” que sin embargo fueron compartidos a lo largo de prácticamente todo el XIX y las primeras décadas del XX, periodo en el que lo que sucedía y se pensaba en Varsovia, Budapest, Praga o Bucarest, no era muy diferente a lo que sucedía y se pensaba en París, Roma, Viena, Londres, Madrid o Berlín.

Tuviera o no razón el olvidado contertulio de aquella comida santanderina, lo cierto es que tras la II Guerra Mundial la mitad de Europa desapareció en gran medida para la otra mitad, y que geografías espirituales europeas de tanto peso específico en la historia como las de Varsovia, Cracovia, Budapest, Bratislava, Bucarest o Praga, quedaron en gran medida ocultas para la otra mitad de Europa, la occidental, y desaparecidas en el mejor de los casos como incomprensibles fantasmas para más de una generación de jóvenes occidentales.

Hoy existen claros indicios de que el desconocido de El Riojano no andaba muy desorientado. Uno de esos indicios es el descubrimiento, y en algunos casos redescubrimiento en la Europa occidental, de la literatura escrita por autores nacidos más allá del Telón de Acero, obras que en la actualidad, por ejemplo en España, conforman un significativa parte de los catálogos editoriales de sellos como Acantilado, Salamandra, Libros del Asteroide o Siruela. Algunos ejemplos evidentes son los de los húngaros Sándor Márai e Irme Kertész (Premio Nobel, 2002), los polacos Adam Zagajewski y Wislawa Szymborska (Premio Nobel 1996), o la rumana Herta Müller (Premio Nobel, 2009).

Dentro de esta corriente de descubrimientos o redescubrimientos (Sándor Márai es el paradigma), le llega el turno al también húngaro Miklós Bánffy, conde de Losoncz (1873-1950), un aristócrata multifacético perteneciente a una de las dinastías transilvanas más legendarias. La vida de Bánffy, relatada en unas cuantas líneas, ya ofrece bastante material novelesco, pues fue un destacado político y diplomático de su época, y al arte de la novela, hay que sumarle los de la música, la pintura, el teatro y la escenografía. En el terreno de la política su papel más destacado fue el de ministro de Asuntos Exteriores del gobierno húngaro tras la I Guerra Mundial, y como tal intentó por todos medios minimizar las consecuencias del Tratado de Trianon (1920), por el que Hungría vio desaparecer nada más y nada menos que dos terceras partes de su territorio, incluida la región de Transilvania de la que era originario el escritor, y que entonces pasó a ser geografía rumana.

Cuando Bánffy se retiró de la política, se refugió en sus propiedades transilvanas, desde donde inició una intensa campaña a favor de la no desaparición ni de la cultura ni del idioma húngaro en la zona. Durante esos años Bánffy escribió la que sin duda es su obra maestra, la conocida como Trilogía transilvana, integrada por las novelas Los días contados (1934), Las almas juzgadas (1937) y El reino dividido (1940), todo un fresco prodigiosamente colorido y matizado de cómo eran la vida política, social y cultural de los últimos tiempos de la Hungría habsbúrgica, es decir, la inmediatamente anterior al inicio de la guerra de 1914.

Bánffy permaneció en Rumanía hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, y en 1947 logró que las autoridades le permitiesen viajar hasta Hungría para reunirse con su familia. En ese momento sus libros, tanto en Rumanía como en Hungría, estaban prohibidos por los comunistas, y deben pasar cuatro décadas para que vuelvan a reeditarse en los años 1980. Sin embargo no es hasta la aparición hace muy pocos años de la versión en inglés de Los días contados (traducción de una hija del escritor), cuando la obra de Bánffy alcanza ya su indiscutible condición, es decir, “redescubrimiento de un clásico” en frase publicada por el Times Literary Supplement.

La publicación en Libros del Asteroide (Barcelona, 2009) de la versión en español de Los días contados, también ha traído con éxito a nuestra actualidad literaria a Miklós Bánffy. La lectura de esta voluminosa novela (666 páginas) ofrece sin duda muchas satisfacciones. Escrita a la manera tradicional decimonónica, y sin que las innovaciones del modernismo anglosajón (Joyce, Woolf, Faulkner...) tuvieran ninguna presencia en ella, Bánffy construye todo un complejo rompecabezas en torno a las convulsiones de todo tipo experimentadas por la Monarquía Austrohúngara en territorio húngaro en los primeros años del siglo XX. Para lograrlo sin escribir un plúmbeo tratado político, el autor recurre para contarnos a tres personajes, los tres protagonistas: el joven conde Bálint Abády (diplomático que regresa a su tierra, y remedo indudable del propio autor), el primo de Bálint, el talentoso músico Lászlo Gyeröffy, y la amiga del primero, la hermosa Adrienne Miloth, infelizmente desposada con un tiránico personaje, símbolo de la decadente e inflexible aristocracia rural húngara. Así, por medio de los avatares políticos, económicos, culturales, sociales, familiares y amorosos de estos tres personajes entrelazados entre sí (en el caso de Bálint y de Adrienne por una morbosa atracción amorosa), Bánffy logra pintar un majestuoso paisaje físico y espiritual (moral y ético, más bien) de cómo se fue desintegrando el milenario imperio austrohúngaro, y de cómo lo hizo en los territorios más cercanos y dependientes de la corona húngara.

El resultado final es una novela apasionante y con cierto aroma antiguo y decadente que la une en familia a novelas del mismo corte y temática, como la que sin duda se ha convertido en una de las más famosas de la historia, El Gatopardo de Lampedusa. Para un aficionado sin mayores intereses en lo relativo a la historia política del resquebrajamiento final del antiguo imperio con capital en Viena, es muy probable que numerosos pasajes de la novela se le hagan pesados y reiterativos, todos los relativos, por ejemplo, a las reuniones políticas en el Parlamento de Budapest, junto al Danubio. Para estos lectores sin duda es la difícil historia de amor entre Bálint y Adrienne el latente motor de la historia, siendo el complejo y problemático personaje del pianista y compositor László Gyeröffy el más atractivo y moderno de toda la historia. Pero para los lectores interesados en las vicisitudes históricas y en el ambiente intelectual que se respiraba en la última etapa del último gran imperio europeo a la antigua usanza, esta novela es de lectura imprescindible, como lo son, desde el “lado vienés”, las del gran Joseph Roth, sin duda un escritor más de raza y puro poder literario que Miklós Bánffy, pero sin el profundísimo conocimiento directo de los procesos políticos que se vivieron en aquellas circunstancias que sí tuvo Bánffy por razones ya señaladas. Una novela de las de antes, densa, compleja, con distintos niveles de lectura, con varias historias entrelazadas, con el ojo novelesco puesto sobre asuntos diversos. Una novela para leer con tranquilidad en estas tardes y noches de invierno junto a una estufa y una manta por encima de las piernas. Una novela para acercarnos en el mejor entendimiento de nuestros “nuevos” hermanos europeos, esos sobre los que quizá recaiga la salud inmediata del viejo, viejísimo proyecto de confraternidad europea.

(Fuente: Ojos de papel.com - http://mail.google.com/mail/?hl=es&tab=wm#inbox/124b984c4efbb411)
alazaro Enviado - 12 noviembre 2009 : 14:09:33
La Shoa mi ha reso ebreo

Claudio Guido
IL SECOLO XIX, Genova
02 novembre 2009

La ragione che lo ha spinto a scrivere il suo ultimo libro, “Dossier K”, in uscita in Italia da Feltrinelli, ma pubblicato già tre anni fa in Germania e in Francia, è stata quella di sgombrare il terreno dalle troppe inesattezze biografiche al suo riguardo. «Dopo l’assegnazione del premio Nobel nel 2002 le sciocchezze su di me si sono sprecate» ha spiegato recentemente Imre Kertész in un’intervista «sono state pubblicate biografie in cui non c’era nulla di vero, l’intero quadro era falso».

Nacque così l’idea di pubblicare un libro-intervista insieme a Zoltan Hafner, l’editor della sua casa editrice, ma nel riascoltare i nastri magnetici con le registrazioni delle loro conversazioni, lo scrittore rimase così deluso da concepire un’impresa mai tentata in precedenza, un’autobiografia in forma di dialogo in cui si è intervistato da solo, inventando una sorta di alter ego. E a differenza di quanto accaduto per opere precedenti, tutto è proceduto rapidamente, ogni risposta innescava immediatamente la domanda successiva. Anche se ripercorre cronologicamente le sue vicende umane e letterarie, “Dossier K” non inizia dalla culla, ma con una citazione da un altro libro, “Fiasco”, in cui nel 1944 il quattordicenne Kertész si trova nel cortile della caserma della Gendarmeria ungherese, davanti alla canna di un fucile ed in attesa di essere deportato prima ad Auschwitz e poi a Buchenwald.

È stato proprio l’Olocausto, scrive Kertész, ad averlo reso ebreo, ad avergli fatto acquisire la consapevolezza di un profondo senso di solidarietà che lo lega al giudaismo, anche se lui si considera una persona che ha avuto un’educazione “europea”.

Il libro è strutturato come una sinfonia di Mahler, preferibilmente la Nona, di cui l’autore compie una descrizione affascinante, tratteggiando plasticamente in vari capitoli il dramma prodotto dal traumatico evento del divorzio dei genitori, il clima fortemente antisemita dell’Ungheria della sua infanzia e prima giovinezza, la vita trascorsa sotto due dittature, quella di un regime filonazista e dello stalinismo che ne seguì, la deportazione e la terribile esperienza dei lager, fino agli aspetti privati con i suoi due matrimoni, sfortunato il primo, ma pienamente felice quello attuale con la moglie Magda, fino all’esperienza del Nobel e la conclusione negli anni più recenti.

Il personaggio più controverso del libro è quello della madre dell’autore, che nell’estate del 1944 con la stella gialla di David appuntata sul petto si reca coraggiosamente al ministero della Guerra ungherese per reclamare la liberazione del figlio, rimasto a vivere con il padre dopo il suo divorzio. La madre di Kertész riesce a sopravvivere all’Olocausto nascosta nel ghetto di Budapest, dopo la guerra sposa un ingegnere e conduce un’elegante esistenza borghese nel socialismo reale, mentre il figlio tira avanti un’esistenza grama come giornalista ed autore di testi per teatri di varietà.

In “Dossier K” lo scrittore descrive crudamente la ferita mai rimarginata di un’infanzia vissuta in un pratico isolamento, poiché “da bambino non ho fatto buone esperienze ed ho considerato la famiglia, su cui di fatto si basa la società, come qualcosa di distruttivo, capace di annientare l’individuo”. Dopo essere scampato miracolosamente allo sterminio messo in atto dai nazisti, Kertész riscopre la bellezza della vita e descrive in maniera affascinante come un ragazzo di 16 anni riesce a ritrovare l’ottimismo, anche in un paese politicamente oppresso da un’altra dittatura, con un’economia a pezzi ed un’inflazione iperbolica. “Ricordo perfettamente che per tutto il periodo tra il 1945 ed il 1948 vissi in una condizione di perenne innamoramento, non per un amore particolare, ma per la semplice sensazione di vivere”.

Uno degli aneddoti più surreali del libro è la visita con un giornalista tedesco al suo vecchio liceo di Budapest verso la fine del secolo scorso e l’incontro con la preside, una cieca burocrate assolutamente incredula sulle qualità artistiche dello scrittore. “Lei dice di essere uno scrittore e di aver frequentato questa scuola? – gli chiede a muso duro – Qui hanno studiato scrittori famosi, che ci hanno inviato i loro libri, ma il suo nome non lo conosco. Ce ne ha mai mandato qualcuno?”. Alla risposta negativa di Kertész la preside se ne esce con un definitivo e trionfante “lo vede, allora, che è come dico io?”.

In “Dossier K” l’autore fa anche i conti con sé stesso e con l’adesione al partito comunista ungherese, spiegando perché rimase in disparte al tempo dell’apertura liberale compiuta negli anni del “comunismo al gulasch” di János Kádár, quando gli intellettuali cominciavano ad esprimere le prime rivendicazioni per una maggiore democrazia. Kertész spiega che il comunismo riformatore degli Anni ’80 lo lasciò indifferente, poiché a suo avviso si trattava di “qualcosa di giocosamente decadente, confinante con un latente cinismo”. Il fatto di non aver mai apposto la sua firma sotto le numerose dichiarazioni di protesta di quegli anni trova nel libro una singolare spiegazione. “Non sono venuti a cercarmi, perché non mi conoscevano, come io non conoscevo loro”, ma se lo avessero contattato, “avrei probabilmente firmato per vigliaccheria, per non essere considerato un vigliacco”.

In una recente intervista il Nobel ungherese ha precisato la sua posizione politicamente defilata descritta nel libro. “Mi sono allontanato molto presto dalla politica”, ha affermato, “poiché non sono affatto uno che si interessa di queste cose. Il comunismo e l’anticomunismo mi apparivano assolutamente superflui. Non volevo crearmi una famiglia e non volevo avere figli, ma desideravo solo mantenere la mia indipendenza senza farmi corrompere. Mi sono creato una vita che non c’era, si trattava di una finzione ed in questa finzione ho recitato il mio ruolo”. “Volevo solo vivere, riflettere, andare a spasso, scrivere, nuotare ed è quello che ho fatto”, è la confessione di Kertész, “volevo solo fare lo scrittore e rimanere tale. Ci sono riuscito”.

In un’Ungheria segnata dall’impronta dello stalinismo, in cui la circolazione della letteratura straniera era strettamente controllata, Kertész parla nel suo libro anche delle esperienze capitali fatte come lettore. Uno dei libri che più lo colpirono fu “Arco di trionfo”, di Erich Maria Remarque, ma anche le poesie di Paul Valéry, “Lo Straniero” di Albert Camus e “Morte a Venezia” di Thomas Mann, un libro che gli ha cambiato la vita.

Nelle ultime righe di “Dossier K” lo scrittore è seduto al Caffè Kempinski di Berlino, sotto i grandi platani che lo proteggono dal sole autunnale, e in quella serenità compie una riflessione: “La gioia più grande della mia vita è stata la scrittura. Vedo contraddizioni dappertutto, ma io amo le contraddizioni”.

(http://ilsecoloxix.ilsole24ore.com/p/cultura/2009/11/02/AMD07N4C-reso_shoa_ebreo.shtml)
alazaro Enviado - 30 octubre 2009 : 14:05:00
En la hojarasca, boda de azores

Por Sebastián Santos
EL QUINCENAL DE HUNGRÍA
Núm. 82 - Octubre 2009

Levantamos vuelo. Al Otoño nos vamos
graznando, corriendo el uno al otro, llorando,
dos pájaros azores de alas lánguidas.

El Verano tiene nuevos ladrones,
chasquean en el aire las alas nuevas de los dos azores,
repican las corazas de los besos.

Nos persiguen, dejamos el Verano, volamos,
y en algún lugar del Otoño paramos,
encrespadas las plumas, enamorados.

Es nuestra última noche de bodas:
y nos arrancamos las carnes, todas
hasta caer en el Otoño, en la hojarasca.


La poesía la escribió en el original Ady Endre, el famoso poeta y periodista húngaro en 1906, en Nuevos versos y yo me he tomado la licencia de hacerle una traducción, que podéis comparar con la que no hace mucho ha hecho y publicado Jesús Pardo, y que, para los que vivís en Budapest, está ya disponible en la biblioteca del Instituto Cervantes.

El ejercicio de la traducción es una mina en sí mismo, y sorprendente lo que de sí puede dar el análisis y el juego de traducir, con la ingenua pretensión de entender el sentimiento y el momento histórico que vivió y transmitió con su obra el escritor.

Todo comienza con el primer mensaje, que está explícito en la introducción de su libro, y reconocido por los sucesivos estudiosos del tema. Con Nuevos versos Ady pretendió cachetear a la sociedad literaria húngara de entonces, definiéndose como la nueva poesía, la poesía moderna, frente a la arquetípica de hasta entonces, atrapada en un empalagoso conservadurismo. Por otro lado “En la hojarasca, boda de azores” está dentro de los versos que dedica a Léda, con quien tuvo una de sus más importantes y explosivas relaciones amorosas. Adél, que resulta en anagrama, como Yda, era una mujer casada que vivía la mayor parte del tiempo en París, ciudad que Ady visitó con frecuencia y desde donde escribió buena parte de su obra. El amor de la pareja, si no discutible, fue al menos frenético, marcado por los desencuentros. El más importante, tal vez, fue el hijo que les nació muerto, años después. Y por eso el final, la muerte, hace las veces de premonición, de lo que el futuro les deparaba, de la fatalidad de la insistencia en una relación terrible.

Y fuera del sentido romántico de la poesía cabe preguntarse si además convive en significado con algún desliz político o filosófico, considerando que Ady, además de poeta, era periodista, y el momento político de la época, en Hungría y en Europa era especialmente movido. En Hungría se acababa de derrumbar el absolutismo democrático comandado por Tisza István, a quien Ady menospreciaba públicamente, tratándolo de provinciano y ocultista. Por primera vez en casi 30 años el partido oficial, el Partido Libertario, perdía la mayoría absoluta, y la gente salía a la calle a reclamar el sufragio universal. Ady, sin ser una clave política, participaba de los Progresistas Revolucionarios, uno de los grupos opositores; y si bien confiaba en el triunfo de la república en Francia de la mano de Georges Clemenceau, no se creía nada de lo que pasaba o podía llegar a pasar en Hungría. En abril de 1906 escribía en el Budapesti Napló: “Lloramos por Hungría, por la Hungría culta, que no existe. Lloramos por la Hungría democrática, que tampoco existe. Y lloramos por la Hungría independiente, que lo reconozcamos o no, lejos está de existir. Pero lloramos sin razón ni conocimiento. A la sociedad húngara de hoy, con sus ires y venires, no le corresponde otra cosa más que la que tiene.”

Entonces, propongo pensar que aunque la poesía es a las claras una foto de una relación amorosa angustiosa, también ha quedado impregnado en ella, algo del sentimiento político de la época, de la desazón por algo que probablemente nunca sería, o por algo que todavía estaba muy lejos de suceder, la modernización y democratización de Hungría.

Y volviendo a las dificultades de la traducción, o la fuente incansable que ella representa, el título “En la hojarasca, boda de azores” es desde el primer momento un trampolín. Lo primero es la palabra “nász”, que en húngaro significa boda, pero también, en forma literaria, acto sexual. Por eso opté por hablar en el título simplemente de boda y al final de noche de bodas, consiguiendo así conservar el doble sentido. De hecho ningún húngaro pensaría al leer el título que se está refiriendo a algo sexual, solo después, con la lectura del poema, puede intuir la comparación.

La segunda palabra clave es “héja”, azor, un tipo de águila que se usa y usaba para cazar liebres, tal vez un símbolo algo aristocrático para el espíritu republicano y liberal de Ady, pero no hay que olvidar que él provenía de una familia noble, aunque echada a menos. El caso es que el azor en húngaro, “héja”, representa con sorprendente fidelidad el graznido del animal, su grito. En español, por el contrario, la palabra azor, si algún sonido nos trayese sería en todo caso el del aire que se abre a su paso. La solución a este pequeño dilema musical la resolví anteponiendo y haciendo énfasis en la palabra hojarasca, con lo cual, aquello del sonido “j”, “h” en húngaro, el alarido, queda cumplido. “En la hojarasca, boda de azores”.

Un dilema similar tuve en otra frase del texto, “Dúlnak a csókos ütközetek”, que en español, de manera literal sería algo así como “Se libran las batallas de los besos”. El problema es que en húngaro no es difícil crear musicalidades que intuyan golpes, los de los pájaros peleándose y chocándose los picos, por la cantidad de letras “t” y “k” que existen, pero en español, la tendencia es otra. Así que opté por reinventar la frase buscando símiles de golpes, con alguna referencia guerrera, y encontré repicar, que tiene aquello de “pico/picar” más algunos usos como lo de repican los tambores, o los cascos de los caballos en el frente. Agregué coraza en un ataque de explicitación. “Repican las corazas de los besos”.

Y por último quedó el tema de ajustar en lo que pude la rima, asonante o consonante. Fue un buen ejercicio de reflexión para recordar que una de las diferencias más visibles entre el húngaro y el español es el orden de la frase. En húngaro tienen mucha más libertad para organizar los contenidos según importancia, y en todos los casos suena igual de natural. En español el orden es mucho más estricto, aunque con ciertos juegos. Para la rima, entonces giré un poco mi traducción original para cuadrar los finales de verso y que rimen, e incluso me atreví a agregar alguna que otra palabra, forzando la rima. Queda algo grotesco, pero de tanto repetirla al final me gusta. Es el caso de “Es nuestra última noche de bodas / y nos arrancamos las carnes, todas”. Se parece un poco a las canciones de Juanes, pero no di para mas. Mea culpa.

Y a modo de broche, llamar la atención sobre el uso de mayúsculas para las dos estaciones en cuestión, así lo hizo Ady en el original, cosa que tampoco corresponde con las reglas gramaticales húngaras. Entiendo que Otoño con mayúscula o Verano con mayúscula acentúan lo definitivo de la ruptura, la imposibilidad de volver atrás, lo trágico de la poesía. No habrá más otro verano, el Verano se acabó. No habrá más posibilidades. Y lo peor de todo no es que se haya acabado, sino que nosotros nos fuimos de él, lo abandonamos a conciencia, tal vez perseguidos.

La magistralidad de Ady yace, en mi opinión, en la sonoridad e imágenes de su poesía, en su ritmo y movimiento, y como buen profesional en el doble y efectivo uso de las palabras, a través de las cuales puede evitar ser obvio, y caer en la chabacanería.

(http://www.quincenal.hu/)
alazaro Enviado - 29 octubre 2009 : 12:50:58
"Le Miracle de San Gennaro", de Sandor Maraï: Sandor Maraï devant saint Janvier

Jean Soublin
LE MONDE.fr, Paris / Le Monde des Livres
29.10.2009

On le sait désormais, grâce à l'éditeur français qui publie ses livres depuis quinze ans: Sandor Maraï est l'un des grands écrivains du XXe siècle. Poursuivi par les bouleversements du monde et cruellement dévasté par le malheur jusqu'à son suicide en 1989, à 89 ans, il a su maintenir son cap, celui de l'exigence, de la droiture et de l'infinie compassion pour ceux qui souffrent. Ce Miracle de San Gennaro date du long séjour qu'il fit en Italie vers 1948, alors qu'il avait, à près de 50 ans, fui les vexations et les menaces de la Hongrie communiste.

Le livre est divisé en deux parties très dissemblables. La première est une description primesautière et bienveillante du petit peuple napolitain, plus précisément des habitants du Pausilippe, gavés de lumière, de chaleur et d'Histoire. Mussolini est mort, Togliatti harangue les communistes, et tout le monde a faim.

Avec une ironie fraternelle, l'auteur présente son voisinage : voici des chasseurs qui ne tuent jamais rien mais rivalisent de tartarinades. Voici d'anciens militaires qui reniflent en songeant à l'Abyssinie...

Et, bien entendu, tous les autres, qui n'ont jamais fait grand-chose et comparent leurs stratégies de survie, la maigreur de leurs enfants ou les jolies filles qui passent. "Ils offrent toujours qui un camélia, qui un sourire, qui une formule de politesse déclamée sur un ton mélodieux. Ils offrent toujours, parce qu'ils sont pauvres. (...) Le geste d'offrir habite leurs mains."

Devant eux, bien entendu, Capri, le Vésuve, Salerne et la grotte de Polyphème. Le présent est sombre, l'avenir angoissant et chacun s'appuie où il peut. "Ils sont infatigablement actifs. (...) Ils savent que l'activité n'est pas un acte. Elle n'est pas non plus une création ni un travail. Etre actif, c'est changer les données de l'instant. Et cela, ils savent le faire."

Ils savent aussi se disputer, de préférence en public : "Les vrais querelleurs sont aussi rares que les vrais artistes. (...) Le querelleur talentueux, au lieu de s'emporter, ne fait que jouer la colère. Voilà pourquoi le public est si attentif."

On sourira en suivant la théorie du miracle proposée par l'auteur : "Les pauvres, à Naples, savent (...) depuis des millénaires, à quels saints se vouer, quelles faveurs ceux-ci peuvent leur accorder, à quel prix et dans quelles conditions. Un tel savoir se transmet de père en fils."

Un long et troublant passage met en scène la visite d'un jeune émigré. Il vit aux Etats-Unis. A la façon dont il décrit ce paradis dont tout le monde rêve et que bien peu atteignent, on le sent perplexe, dubitatif même, sur la justesse de son choix, alors qu'il retrouve sous les arbres la gaieté familiale. La mer est là, la Lune aussi, Naples bourdonne en bas, et chaque convive tire ses conclusions: c'est l'un des plus beaux passages du livre.

Ce reportage attendri sur le Pausilippe ne laisse évidemment pas de côté le couple d'étrangers qui habitent un petit appartement sur la colline. Ils font partie du paysage; des réfugiés, paraît-il, en attente de visa, précisément comme l'auteur et son épouse. On les croise souvent, on les retrouve le soir, invités par l'un ou par l'autre. Ils sont, semble-t-il, sur le point de partir.

Mais la veille du départ, après avoir assisté à la liquéfaction - annuelle et miraculeuse - du sang de saint Janvier, l'homme se tue en tombant d'un escarpement vertigineux sur la baie.

La suite est une longue enquête menée par la police avec l'aide de la femme et de quelques religieux amis du couple : un accident, un suicide, un crime? On ne le saura pas et c'est à peine important. Car Maraï donne à présent libre cours à ses idées politiques et religieuses.

En 1948, après sa victoire sur le nazisme, le communisme paraît triompher, sa menace pèse sur le monde entier. Aucune démocratie, aucun système politique ne pourra résister. Pour sauver le monde, on ne peut donc recourir qu'à une "rédemption": le sacrifice d'un seul homme pour tous les hommes.

Le texte est devenu plus austère, la géopolitique, la puissance de l'atome et l'angoisse métaphysique succèdent aux babillages napolitains... L'auteur parvient pourtant à réconcilier tout cela dans une belle prosopopée finale qui donne la parole au Vésuve, à la mer, et au vent.

LE MIRACLE DE SAN GENNARO (SAN GENNARO VÉRE)

de Sandor Maraï
Traduit du hongrois par Georges Kassai et Zéno Bianu
Albin Michel, 400 p., 20,90 €.


(http://www.lemonde.fr/livres/article/2009/10/29/le-miracle-de-san-gennaro-de-sandor-marai_1260078_3260.html)
alazaro Enviado - 15 septiembre 2009 : 11:36:19
Un viñedo en la Toscana

Un viñedo en la Toscana
Ferenc Máté

Seix Barral
312 páginas. 16 €


POR ÓSCAR BELLOT
ABC.es, Madrid
Miércoles, 02-09-2009

Una idílica vida en una de las zonas más hermosas de la campiña italiana. Es el sueño que albergan muchos de los habitantes de las atestadas urbes de hoy en día. Pero para Ferenc Máté, un escritor que se vio obligado a abandonar su Hungría natal a causa de la represión comunista y que vivió en sitios tan dispares como Vancouver, Nueva York, París o Roma, es toda una realidad.

Dotado de una mordaz ironía y una grácil pluma, Máté ya convirtió en bestseller su libro «The Hills of Tuscany», obra en la que daba cumplida cuenta del viaje que emprendió al abandonar Nueva York junto a su mujer Candace y que terminó con el descubrimiento de Montepulciano, una localidad en la que acabaría asentándose y encontrando el refugio ideal para dar rienda suelta a su pasión por las letras al tiempo que un extraordinario marco para que su esposa pudiese dedicarse a pintar.

Con el mismo afán de sencillez que aquel libro nació «Un viñedo en la Toscana», obra en la que Máté nos traslada hasta Montalcino, donde encuentra un viejo monasterio que acaba convirtiéndose -no sin muchos sufrimientos- en la cuna de algunos de los mejores caldos italianos gracias al espíritu indomable de un hombre que se resiste a abandonar su sueño por mucho que a su paso salgan malévolos rivales, indomables maquinarias u obreros poco comprensivos.

Máté hace en «Un viñedo en la Toscana» un pormenorizado relato de apacibles cenas regadas con el Brunello di Montalcino, el Banditone o el Cabernet Sauvignon extraído de sus viñas y nos habla de sus encuentros y desencuentros con los nativos del lugar, quienes poco a poco empiezan a formar parte de su familia, pero tiene tiempo también para recordarnos la dureza de la vida campestre, sometida a los impredecibles deseos de la meteorología, a las sorpresas que al humilde campesino le reserva la arqueología o a la pura torpeza de quien siendo un apasionado del arte vitivinícola no ha trabado aún contacto con él mas que como simple aficionado a los buenos ratos de ocio que depara el vino.

Así, el autor no duda en revelar su poca destreza en el manejo de la maquinaria agrícola, lo que dará lugar a hilarantes momentos que bien podrían encajar en una película de los hermanos Marx. Su renuencia a incorporar en la reforma de su majestuosa casa todo vestigio de modernidad le provoca no pocos enfrentamientos con unos obreros que, a juzgar por el relato que nos hace el húngaro, parecen pensar que se encuentran más ante un loco que ante un enólogo en ciernes. Y si no fuera por los sabios consejos de su esposa y las ingeniosas ocurrencias de su hijo, puede que su sueño de convertirse en un próspero viticultor se hubiesen venido abajo.

Todo ello no hace sino humanizarnos a un personaje que sabe que el sentido de su vida no radica en alcanzar lejanas metas sino en disfrutar en compañía de su familia de unos momentos no por más sencillos menos valiosos.

Mientras que el sabio uso de la hironía ameniza la narración, en ciertos pasajes de la obra Máté peca de excesivo gusto por el detalle, lo que no quita mérito a una obra que se convierte en el libro perfecto para quienes quedaron maravillados con «Entre copas», la magnífica película dirigida por Alexander Payne y protagonizada por Paul Giamatti y Thomas Hayden Church que acabó convirtiéndose en la gran revelación indie de 2004. Un volumen que debe leerse con un buen vino sobre la mesa, a ser posible, procedente de la bodega de Máté. Sólo así le podremos extraer el jugo a un título que nos demuestra que el paraíso puede ser terrenal.

(http://www.abc.es/20090902/cultura-literatura/demonios-berlin-200909021005.html)
alazaro Enviado - 20 agosto 2009 : 00:33:40
Fejtö, unica fede l’eresia
Nato ebreo si fece cattolico, prima comunista poi liberale:
ha smascherato le menzogne dei totalitarismi del Novecento


BRUNO VENTAVOLI
La Stampa, Torino
18/8/2009

Era nato ebreo, diventò cattolico. Era comunista, si scoprì socialdemocratico e liberale. Era ungherese, morì francese. Sono state tante le conversioni di François Fejtö, uno dei grandi cittadini del Novecento che hanno vissuto in prima persona i sussulti, le guerre, gli stermini, le faide ideologiche del secolo. Sempre pronto alla metamorfosi dolente, mai voltagabbana per tornaconto. Storico, giornalista, affetto dallo scomodo morbo di voler guardare chiaro ai fatti del mondo, sganciato da partiti e scuole, è conosciuto in Italia come editorialista di quotidiani e saggista dell’impero asburgico o della dominazione sovietica nell’Europa centrale. Ora Sellerio pubblica Ricordi. Da Budapest a Parigi, brillante autobiografia che consente di fare i conti sul suo accidentato cammino ideologico e cognitivo.

È un’autobiografia soprattutto intellettuale. Fejtö accenna a dettagli minimi personali, il matrimonio, una figlia generata con l’«amica», certi crolli psicologici da lenire con l’analisi. Ma sono rapide sfumature di colore. Perché tutta la sua attenzione narrativa è concentrata sullo sterminato catalogo di incontri con personaggi e sistemi politici. Nato nel 1909 a Nagykanizsa, s’infatuò giovane del comunismo e finì pure nelle prigioni horthyste per quella sua fede immatura. Ben solida fu invece l’amicizia con un grande comunista eretico, il poeta Attila József (quello che scriveva «Non ho padre, né madre / né Dio né patria / né culla né sudario / né baci né donne da amare»), il più puro, il più tragico, il più idilliaco. Si frequentarono assiduamente, s’accapigliarono sul bolscevismo, discussero di poesia, finché non morì suicida. Molte sono le altre confluenze del periodo ungherese, dal raffinato Kolozsvári Grandpierre Emil, all’impetuoso ultranazionalista Dezsö Szabó, scomodo a tutti, sia alle sinistre sia alle destre, nella sua aspirazione a un’Ungheria pura e contadina, al raffinato Kolozsvári Grandpierre Emil. Fu folgorato dal giovane Lukács dell’Anima e le forme, rimase poi deluso per la sua fedeltà al Partito, nonostante il Partito a più riprese lo considerasse scomodo e deviazionista.

A Fejtö, brillante studente nell’Ungheria degli Anni 30, dissero che non poteva andare all’università perché c’era il numerus clausus per i non cristiani. «Convertiti, se non altro per forma». Rimase scioccato. Poi accettò il consiglio per studiare, ma già nell’animo aveva deciso di passare alla fede in Cristo, colpito dalla lettura del Vangelo. Fu dura però veder dilagare l’antisemitismo. Prima rozzi squadristi che bastonavano gli ebrei, poi l’Olocausto che gli sterminò la famiglia. Quando capì che nell’amata patria schiacciata nella morsa dell’alleanza hitleriana non c’era più futuro, emigrò in Francia. Trovò ospitalità, e gelo. Era facile incontrare intellettuali e fattorini, ma sempre al caffè, mai nelle case private, perché i francesi al solito un po’ sciovinisti, non aprivano volentieri le porte del loro mondo domestico ai troppi stranieri fuggiti da regimi sbagliati. E mandarono tranquillamente al massacro un reggimento di espatriati impreparati a fermare i panzer tedeschi della Blitzkrieg.

Nella nuova Francia di De Gaulle, lui, poliglotta, trovò mestiere come giornalista prima in un’agenzia di stampa, poi in quotidiani e periodici. Dovette difendersi dalle accuse di essere alternatamente un ex informatore fascista e una spia rossa, perché era tale la sua indipendenza di pensiero che poteva essere scambiato nemico ora dell’una ora dell’altra parte. Quando László Rajk, suo antico conoscente, che pure gli era stato ostile, venne condannato a morte in un processo farsa come spia al soldo di Tito e degli americani, costretto a false confessioni pubbliche, Fejtö smascherò tra i primi lo stalinismo ungherese. E fu di nuovo tra i primi a capire che il governo Nagy avrebbe portato al ’56.

Non amava Benda, Althusser, Lukács, troppo impeccabili, troppo implacabili. Ammirava gli uomini che Heine (chissà perché nella traduzione porta il nome Henri?) nel suo linguaggio romantico avrebbe definito i «Cavalieri dello Spirito Santo», Camus, Silone, Koestler, e soprattutto Raymond Aron, l’incrollabile nemico di tutti i totalitarismi. Fejtö lo incontrò nel 1950, per presentargli un saggio sull’Europa dell’Est. Aron disse francamente che non gli piaceva, ma ciò non scalfì la devozione intellettuale, perché il filosofo teneva testa a tutte le mode, non accettava alcunché senza esame, e manteneva le distanze anche dalle cause con cui si sentiva solidale. Gli piaceva il Muro di Sartre, ma con l’autore ebbe un rapporto difficile. Finché il padre dell’esistenzialismo, comunista determinato ma ferito dai fatti d’Ungheria, accettò di scrivere la prefazione a un suo libro.

Fejtö era convinto che fascismo e comunismo sovietico fossero regimi speculari, quando quell’equazione era ancora scomoda ed eretica. Ma in quel periodo di guerra fredda atomica e intellettuale veniva guardato con distacco, se non peggio. «Revisionista» era una sorta di insulto, Fejtö se ne fregiava con orgoglio. Perché significava «avere una coscienza del provvisorio». Ex ebreo, fu spernacchiato da Buber: quando gli portò il suo strano saggio sull’ebraismo, Dio e il suo Ebreo, il grande filosofo tedesco gli chiese «Lei legge l’ebraico?». Lui timido, imporporato di timoroso impaccio, rispose no. «Se non sa leggere l’ebraico come osa parlare di Dio?». L’incontro ebbe subito termine. Ma il legame con la religione dei padri non si spezzò mai. Andò in Israele, quando il Paese veniva condannato come usurpatore, fu colpito dai kibbutz, dalla vitalità democratica del nuovo Stato, e ne divenne amico, fiancheggiatore, sempre per amore di scomodità.

Nell’Ungheria di Kádár fu per molto tempo considerato un nemico, e lui, ormai naturalizzato francese, continuò a dare informazioni sui Paesi dell’Est così vicini eppure così misteriosi, sperando che, una volta spezzato il giogo sovietico, sarebbero potuti tornare nell’alveo dell’Europa, accantonando tutti gli odi nazionalistici, e costruendo quella federazione di popoli danubiani che la Duplice Monarchia non era riuscita a realizzare. Fejtö ha seguito con occhio attento, scomodo, critico, tutti gli sviluppi della contemporaneità, dalla Primavera di Praga a Solidarnosc, dal crollo del Muro al socialismo cubano. Scriveva per decine di giornali e periodici, dal Figaro a Arguments, il forum creato da Morin e Barthes, dal Giornale di Montanelli, al Mondo operaio diretto da Pellicani, che Craxi rese magnifica rivista. Rivoluzionò molte cose nella propria vita, ma in fondo per quarant’anni è stato un «esempio di stabilità». «Da quarant’anni - diceva - abito nella stessa casa e ho il medesimo numero di telefono; in cinquant’anni non ho cambiato moglie né convinzioni politiche». E nonostante fosse inviso alle sinistre, continuò a leggere Marx e a credere nel suo messaggio di libertà, stravolto dai tanti dittatori rossi e dalle aberrazioni dei partiti comunisti.

L’autobiografia si conclude nel simbolico incontro con Ionesco, a discutere sull’assurdità del mondo, sul rancore di Dio verso l’umanità. A leggere le vicende dei popoli e della politica c’è infatti da mettersi le mani nei capelli, e se si leva lo sguardo verso il cielo c’è da essere non meno costernati. Ma Fejtö resta felicemente speranzoso. Nel Padreterno crede e non crede, perché pensare un mondo senza Dio è desolante. E sulla Storia è pessimista sì e no. Come diceva il grande tragediografo ungherese Imre Madach: «Lascia l’ultima parola al poema del Signore: “uomo, ti ho detto, lotta e abbi fiducia”».

(http://www.lastampa.it/redazione/cmsSezioni/cultura/200908articoli/46495girata.asp)
alazaro Enviado - 18 julio 2009 : 17:03:56
Ahir. Agota Kristof. Editorial Empúries. 2009

Biel Barnils i Carrera

TINTA XINESA
13 juliol, 2009

Bonica i trista i dura a la vegada història sobre el dia a dia d’un exiliat que treballa en una fàbrica i somia ser un reconegut escriptor. Enamorat d’una altra exiliada viu capficat per un dolorós passat i els secrets inconfessables que hi estan lligats.

Si agrada l’ambient que hom va sentint mentre llegeix el llibre agrada encara més el seu estil, eixut de paraules, amb molts punts i a part, depurat, clar, oral.

“L’endemà al matí, puja a l’autobús i s’asseu al meu costat, com de costum. Amb el braç esquerre, porta la seva petita, fa lliscar la mà dreta en la meva. No pregunto. Viatgem així fins a la fàbrica.

Fa bo. A migdia, dinem, després passegem pel parc. No hi ha ningú a la vora, no parlem. Davant nostre, l’edifici monstruós de la fàbrica. Més lluny, un paisatge magnífic com només es troben als prospectes turístics.

Poso la mà sobre la de la Line. Ella no l’enretira. En veu baixa, recito un dels poemes que li he escrit, en la nostra llengua materna.

-De qui és?

-És meu.

-Crec que potser sí que tens talent, Sandor.

Hem de tornar a la feina. Les nostres mans se separen. I penso que no podré viure més sense la mà de la Line dins la meva.

Com retenir-la?”


Aquest volum de cent trenta-tres pàgines quedarà amorrat al piló de “llibres que m’ha sabut greu acabar però que m’han animat a llegir-ne d’altres de la seva autora”.

(http://tintaxinesa.blogspot.com/2009/07/ahir-agota-kristof-editorial-empuries.html)
alazaro Enviado - 18 julio 2009 : 12:46:14
Le noir paradis des bêtises enfantines
Ceaucescu. Première traduction de Dragomán


Par CLAIRE DEVARRIEUX
Libération, Paris - Livres
02/07/2009

György Dragomán
Le Roi blanc

Traduit du hongrois par Joëlle Dufeuilly
Gallimard, 290 pp., 23,50 euros


Imaginez le petit Nicolas de Sempé et Goscinny, mais transplanté en Roumanie au temps de Ceaucescu, ou tout au moins, une dictature communiste qui lui ressemble, un peu plus cinglée qu’ailleurs. L’enfant perd «par mégarde» aux machines à sous l’argent de l’école destiné à acheter les drapeaux et les pancartes pour le 1er mai, et se demande comment attraper une pneumonie ou se casser une jambe, en compagnie de son copain Szabi, celui avec qui il a mis une bombe fumigène chez l’épicier, et maintenant il ne peut plus y aller alors qu’il aurait besoin d’allumettes pour bricoler un autre engin. Il se fabrique une armure avec du carton et du papier alu, «mais je suis tombé en panne de colle, si bien que je n’ai pas pu la finir». Ce genre. Rien que de très familier.

Le Roi blanc
est un roman composé de chapitres clos comme des nouvelles. Le garçon qui raconte a 11 ans, puis 12. Son père a été emmené par des collègues au bord de la mer pour une semaine; en fait, il est aux travaux forcés, six mois passent, puis deux ans, il n’y a peut-être que le garçon pour croire qu’il est encore en vie. La mère, enseignante, n’a plus le droit d’exercer. Deux fois par an, le grand-père paternel, un ancien dignitaire du Parti brouillé avec sa bru, vient chercher son petit-fils. L’usage, même dans la famille, est de continuer à l’appeler «camarade secrétaire». La visite aux grands-parents tourne vinaigre après quelques verres de vin, car il faut massacrer le chat à coups de pistolet. L’enfant tire bien. D’ailleurs le professeur de géographie, à qui il a volé la soupape de son vélomoteur, l’oblige à tricher lors d’un concours, sans quoi il enverra sa mère en prison. Même en mangeant la consigne, et en se débrouillant comme un tireur d’élite, l’enfant récolte un score misérable: tout était truqué.

Comme n’importe quel enfant dans les livres, et parfois dans la vie, le héros se cramponne à son éducation, à quelques principes, mais ça ne sert à rien tant les épreuves diffèrent de ce qu’on a l’habitude d’affronter. Les coups de poing dans le ventre, les gifles pleuvent, le sang coule. Chaque épisode garantit un risque de violence qui ne plaisante plus. «Plusieurs enfants étaient déjà morts entre les mains du père Gica», celui qui s’occupe des gardiens de but et réussit à ce que personne n’aie envie que le match ait lieu. Surtout qu’un colonel vient dire, sous le sceau du secret, qu’un accident vient de se produire dans la centrale de «la Grande Union soviétique» et que le ballon est radioactif, il ne faut pas le toucher.

Le titre du Roi blanc vient du seul objet à représenter une victoire durable pour l’enfant. Il vole une pièce d’échiquier dans l’appartement labyrinthique d’un ambassadeur que la mère sollicite. Le rire et les cris de la mère franchissent murs et couloirs.

L’auteur, György Dragomán, né en 1973 en Transylvanie (partie de la Roumanie où vit la minorité hongroise) manifeste, dans ce deuxième roman, un grand talent pour tordre le coeur du lecteur. Mais cette manipulation ne serait rien, si l’écrivain ne possédait pas, en plus, le goût du vertige, de manière à nous entraîner, en apnée, dans les affres de son personnage. On a du mal à émerger du dernier chapitre.

(http://www.liberation.fr/livres/0101577457-le-noir-paradis-des-betises-enfantines)
alazaro Enviado - 05 julio 2009 : 19:07:59
"L'Holocauste comme culture", d'Imre Kertesz: réinventer l'Europe après Auschwitz

Samuel Blumenfeld
LE MONDE, Paris
18.06.2009

Ce recueil de discours, conférences et textes écrits entre la chute du mur de Berlin et 2003, reprend l'intitulé d'une conférence donnée par Imre Kertesz à l'université de Vienne en 1992, "L'Holocauste comme culture". Cette formulation surprenante vise à prendre la mesure d'un phénomène qui a mûri dans les années 1990: la banalisation de la Shoah. Alors même que l'on parle de plus en plus de l'Holocauste, la réalité de celui-ci, le quotidien de l'extermination, échappe de plus en plus au domaine des choses imaginables.

L'institutionnalisation de la Shoah passe, selon l'écrivain, Prix Nobel de littérature en 2002 et survivant des camps, par un rituel moral et politique, un langage de pacotille, qui se manifeste par une sous-culture. Ses effets vont de la muséification de cet événement, qui fait dire à Kertesz qu'un jour "les étrangers qui viennent à Berlin se promèneront dans le parc de l'Holocauste pourvu d'un terrain de jeu", à des oeuvres kitsch comme La Liste de Schindler, et, à travers elle, à l'"hollywoodisation" de la Shoah, devenue, depuis le film de Spielberg, un genre cinématographique.

Ces phénomènes ont un double effet: dépouiller les survivants des camps de leur vécu et réduire Auschwitz à une affaire entre Allemands et juifs, quand il s'agit de l'envisager comme une expérience universelle. Kertesz estimait, dans son discours de réception du prix Nobel, que l'Holocauste marquait le terminus d'une grande aventure où les Européens sont arrivés au bout de deux mille ans de culture et de morale.

D'où la grande question de son ouvrage: comment l'Europe peut-elle se réinventer après Auschwitz?

Kertesz défend une culture de l'Holocauste, détaillée dans des textes consacrés à des thèmes aussi divers que le totalitarisme communiste, la république de Weimar, les intellectuels hongrois, ou Jérusalem, ce dernier article se révélant l'un des plus décisifs du recueil, l'auteur y définissant avec subtilité et pertinence sa spécificité d'écrivain juif.

L'Holocauste est une question vitale pour la civilisation européenne, qui se doit de réfléchir à ce qui a été fait dans son cadre, si elle ne veut pas se transformer en civilisation accidentelle. "Si l'Holocauste a créé une culture, sa littérature peut puiser son inspiration à deux sources de la culture européenne, les Ecritures et la tragédie grecque, pour que la réalité irréparable donne naissance à la réparation, à l'esprit, à la catharsis", écrit Kertesz, qui, à défaut de savoir ce que peut faire l'Europe, n'a aucun doute sur ce qu'elle doit faire.

L'HOLOCAUSTE COMME CULTURE

d'Imre Kertesz

Actes Sud, 276 pages
22 €


(http://www.lemonde.fr/livres/article/2009/06/17/l-holocauste-comme-culture-d-imre-kertesz_1207892_3260.html)
alazaro Enviado - 28 junio 2009 : 08:28:13
Como una novela del XIX
El húngaro Miklós Bánffy retrata la decadencia del imperio y a una aristocracia
que se asoma al abismo de su disolución


DARÍO JARAMILLO AGUDELO
El País, Madrid
Suplemento 'Babelia', núm. 918, p. 15
27/06/2009

Entre las constantes que se repiten en la novela del siglo XIX están el adulterio y el papel de los juegos de azar -las cartas, las ruletas, los casinos- en los desarrollos argumentales de las novelas. Del adulterio, los ejemplos cumbres acaso son Madame Bovary y Anna Karenina. Pero no son los únicos. Está, también, entre muchas, El primo Basilio, de Eça de Queiroz, y las simpares Fortunata y Jacinta y La Regenta. En cuanto al vicio de juego, la arquetípica es El jugador, de Dostoievski, punta de iceberg en donde pueden citarse obras de muchos autores, los más grandes entre ellos, como Dickens y Tolstói.

Por la identidad con estos temas novecentistas, Los días contados (1934) parece una buena, una excelente novela del siglo anterior. Cada día me convenzo más de que las mejores novelas del siglo veinte son las que más se asemejan a las del diecinueve. Entre ellas, Vida y destino, de Grossman, o El Gatopardo, de Lampedusa, esta última frecuentemente comparada con Los días contados, que apenas ahora ha sido traducida al castellano desde el húngaro original.

Los dos principales personajes masculinos de Los días contados sostienen apasionados -y, al final, correspondidos- romances con mujeres casadas. Y el demonio de uno de ellos está en el casino, en donde perderá mucho más de lo que tiene.

No se detienen en estos dos temas las afinidades de Los días contados con la narrativa del siglo anterior. Una de las principales cualidades de las novelas del siglo XIX, si no la mayor, consiste en esa capacidad para envolver al lector con la narración, de modo que queda literalmente atrapado en la fluidez de la prosa, en el suspenso de la historia, inclusive en la belleza de las descripciones. Quien inicie la lectura está enganchado en una doble y eficaz y deliciosa trampa: uno no puede parar de leer y, a la vez, no quisiera que el libro se acabara.

En particular con Tolstói hay otras afinidades: el retrato de una aristocracia decadente que, sin saberlo, se asoma al abismo de su disolución en medio de una vida social intensa, llena de fiestas, de bailes, de derroches. Y que, si participa en política, es en los intervalos de sus frivolidades vividas en la inconsciencia de lo que se les viene encima: "Para convocar el Parlamento..., en verano había que tener en cuenta la caza de la perdiz, en septiembre la del ciervo, a principios del invierno la del faisán y en la primavera los días de carrera, para poder intercalar las asambleas entre estos acontecimientos. Cuando acababan las carreras de Budapest, comenzaba la temporada de derbis en Viena, que atraía a mucha gente. Por tal razón, se descartaba esa época del año para organizar eventos importantes". Por contraste con esta vida muelle, el principal personaje de Los días contados, Bálint Abády, mantiene viva la llama de la justicia que, en su caso, como en el del protagonista de Resurrección, la formidable novela de Tolstói, consiste en atender sus propiedades con planes que favorecen a quienes, no por eso, dejarán de ser sus siervos.

El momento de las historias que se relatan en Los días contados es el comienzo del siglo XX. La amalgama de naciones -y de idiomas y culturas- que forman el Imperio austrohúngaro no logra cuajarse. Las fronteras políticas no siempre coinciden con algún tipo de conciencia común de las nacionalidades; y lograrlo es imposible porque en todas partes hay minorías. La aristocracia transilvana es preponderantemente húngara, mientras la mayoría de la población es rumana. Los intereses de la capital imperial, sita en Viena, no siempre van en la misma dirección que los valores serbios o húngaros o rumanos. Finalmente la situación reventará con el asesinato del heredero de la corona y el estallido de la Gran Guerra. Pero Los días contados no llega hasta ese momento; habrá qué esperar la traducción de otras novelas Bánffy, ese clásico moderno de las letras húngaras, que desde ya anuncia Libros del Asteroide.

Bánffy nació en Kolozsvár, la capital de Transilvania -hoy Cluj-Napoca, Rumania-, el 30 de diciembre de 1873. Pertenecía a la nobleza húngara. Fue diplomático y político -como Bálint Abády, el protagonista de Los días contados- y llegó a ser ministro de relaciones exteriores de su país en 1921. Publicó novelas y obras de teatro, pero el advenimiento de los regímenes comunistas relegó sus libros a un ostracismo que tan sólo terminó hace muy pocos años con las primeras traducciones de su obra al inglés y al francés. Bánffy murió el 6 de julio de 1950.

Los días contados
Miklós Bánffy

Traducción de Éva Cserháti y Antonio Manuel Fuentes
Prólogo de Mercedes Monmany
Libros del Asteroide. Barcelona, 2009
688 páginas. 29,95 euros


(http://www.elpais.com/articulo/narrativa/novela/XIX/elpepuculbab/20090627elpbabnar_2/Tes)
alazaro Enviado - 30 mayo 2009 : 12:28:32
Márai e il diavolo

Dario Olivero
BOOKOWSKI
19 maggio 2009

Esperimento di “lettura automatica” con L’ultimo dono di Sándor Márai (tr. it. M. D’Alessandro, Adelphi, 18 euro). Sono gli ultimi diari che lo scrittore ungherese ha tenuto dal 1984 al 1989, anno della morte. Libro chiuso, mani sul libro. Una domanda: che senso ha il dolore? E’ rivolta a un uomo che per tutta la vita con il dolore si è confrontato, con la morte, con il male, con la fine. Apertura a caso. Questa la pagina.

“A poche vie di distanza da qui, alle quattro del pomeriggio, un uomo è entrato in una tavola calda con un fucile a tracolla, ha intimato agli avventori e al personale di servizio di sdraiarsi a pancia in giù sul pavimento e poi, per un’ora di seguito, ha tirato a segno sulle vittime sdraiate a terra. Era tranquillo, periodicamente ricaricava l’arma, faceva attenzione a quelli che erano ancora in vita e, al minimo sospetto che qualcuno avesse inscenato una morte apparente, gli sparava di nuovo. Ogni tanto, di là dalla porta a vetri, tirava sulla strada, colpendo qualche passante. La polizia ha circondato l’edificio, e un’ora dopo un tiratore scelto ha centrato l’assassino sulla strada. Ha ammazzato ventidue persone in tutto, tra cui tre dipendenti della tavola calda. In serata, la vedova dell’assassino è stata intervistata alla televisione. Ha detto che talvolta suo marito ‘sentiva delle voci’. Questo è possibile. Di tanto in tanto il diavolo ci bisbiglia qualcosa. Non occorre cercarlo, si trova vicinissimo, dentro di noi”.

(http://olivero.blogautore.repubblica.it/2009/05/19/marai-e-il-diavolo/)
alazaro Enviado - 30 mayo 2009 : 10:29:18
BIBLIOGRAPHIE * BIBLIOGRAFIA * BIBLIOGRAPHY

György Dragoman
Le roi blanc

Traduit du hongrois par Joëlle Dufeuilly
Gallimard, Paris, 2009, 287 pages, 23,50 euros


Nicolas Trifon
LE COURRIER DES BALKANS
jeudi 14 mai 2009

Écrit d’un trait, le livre György Dragoman se lit d’un trait [1]. Il est composé de dix-huit histoires qui sont suffisamment autonomes pour que l’on puisse s’arrêter à la fin de chacune d’entre elles. Pourtant, on ne le fait pas. Si on continue, c’est parce que l’on sent qu’il s’agit de séquences d’une autre histoire, plus grave, et, surtout, parce que l’on a envie de retrouver le plaisir dû au style si particulier de l’auteur, à ses énormes phrases parfaitement équilibrées et empruntant des schémas narratifs tout aussi faciles à suivre qu’envoûtants.

L’histoire racontée dans ce roman de formation semble étroitement liée à celle de l’auteur, telle qu’elle ressort des indications de la quatrième de couverture et des indices fournis par le texte proprement dit. Né en 1973 à Târgu Mures (Marosvasarhely), György Dragoman quitte la Roumanie avec sa famille en 1988 pour s’établir à Budapest en 1988. Ce sont donc ces trois ou quatre années précédant son départ, les dernières et les pires du régime de Ceausescu, qui sont évoquées dans le roman à travers les tribulations d’un jeune garçon à la recherche de son père, arrêté par la Securitate puis déporté pour avoir signé une pétition. Cette recherche se métamorphose subrepticement en une quête plus complexe de la figure du père qui occasionne maintes mésaventures dont le héros, plongé dans des situations rocambolesques, sort blessé mais la tête haute. Au détour de ces mésaventures, on découvre le vécu au quotidien en ces temps marqués par toutes sortes de violences et un rituel, lié à la débrouille, déconcertant à plus d’un titre, mais des temps ponctués aussi par des gestes d’affection d’une candeur qui peut apparaître aujourd’hui comme saugrenue. A noter que le lecteur roumain ou familiarisé avec ce pays pourra mieux apprécier certaines descriptions d’un réalisme décapant et réflexions de l’auteur dont la signification échappe en partie tout au moins au public occidental.

Sur un point, il y a télescopage entre la réalité et la fiction. Le camp du travail du canal du Danube où le père du héros a été déporté était fermé depuis longtemps au moment où l’action du roman est située. Il s’agit-il vraisemblablement d’un artifice, puisque ce camp a marqué à jamais la mémoire collective. On peut cependant voir aussi les choses autrement. En effet, les velléités totalitaires manifestées par le régime communiste en Roumanie dans les années 1980 ne sont pas sans rappeler la terreur des années 1950. Lorsque l’histoire se répète, on a envie d’en rire, et, considérée de l’extérieur, l’ère Ceausescu avait des aspects tout aussi grotesques que comiques. Le mérite à mes yeux de ce livre est de ne pas tomber dans l’anecdote en évoquant cette période qui demeure somme toute particulièrement sinistre pour ceux qui l’ont vécue. Un argument de taille plaide dans ce sens : le nom de l’auteur comme celui de la plupart de ses copains et des personnages croisés est hongrois, les lieux décrits évoquent des régions du pays habitées majoritairement par des Hongrois. Pourtant, il n’est jamais question dans le livre des rapports, pas toujours serins, entre les Roumains et les Hongrois ou des mesures vexatoires visant explicitement ou implicitement les Hongrois à l’époque. Tout porte à croire que, pour l’auteur, l’essentiel était ailleurs, ce qui rend son message à la fois plus touchant, plus généreux et plus fort.

[1] Vraisemblablement, les talents de la traductrice sont pour beaucoup dans le plaisir que nous procure la lecture de ce roman. Juste une remarque, la transcription de noms roumains à partir du texte hongrois les rend méconnaissables: «Janku Zsjanu», «Puju», «Karpaci sans filtre»…


(http://balkans.courriers.info/article12885.html)
alazaro Enviado - 29 mayo 2009 : 23:32:51
La rivolta di Márai contro la morte

Francesco Borgonovo
Libero-news.it
20/05/2009

Arriva oggi in libreria L’ultimo dono. Diari 1984-1989 (Adelphi, pp. 236, euro 18), il volume conclusivo degli scritti autobiografici di Sándor Márai, l’autore ungherese noto in Italia soprattutto per Le braci. Si tratta di un libro terribile e meraviglioso, nel quale il romanziere annota meticolosamente le tappe del suo calvario personale. Leggendolo, emerge non tanto il letterato dandy quanto il semplice essere umano che si trova a fare i conti con il dolore, la solitudine, la vecchiaia, la scomparsa della amatissima moglie Lola e del figlio adottivo János. Insomma, un Everyman alla Philip Roth, però fuori dal romanzo, disposto a mettere in mostra la propria intimità.

Come spiega il saggista Maurizio Serra, grande esperto del narratore nato a Kassa nel 1900, vi sono tre buoni motivi per accostarsi a questo diario: «Il primo è la cronaca della fine di Sándor e Lola, che suggella una lunghissima storia d’amore, vissuta letteralmente fino all’ultimo respiro. Il secondo è di natura storico-politica: le continue messe in guardia dell’autore contro il sistema comunista che scricchiola, cerca di riformarsi o di apparire tale, ma rimane incapace di farlo, confermando ai suoi occhi l’adagio per cui il lupo ha perso il pelo ma non il vizio. Il terzo è la straordinaria descrizione di grottesco, sardonico umorismo della società americana di fronte alla morte».

Esilio dall’Ungheria

Nel 1948, Márai scelse di lasciare l’Ungheria comunista. Visse da esule in Svizzera, negli Usa e in Italia e nel 1980 decise di ritornare in America, a San Diego, sperando di ottenere cure mediche migliori per sé (colpito da un’infezione intestinale mal curata a Salerno) e per la moglie. Non ebbe molta fortuna. Dovette assistere al lento spegnersi della compagna, colpita da un tumore. Nel 1984 scrive: «Non sono sano, sono molto stanco, può darsi che un verme mi stia rosicchiando dall’interno, o che la batteria cominci a esaurirsi». L’anno successivo, le condizioni di Lola peggiorano. Sándor riporta nel suo quaderno: «Non ci vede, e ci sente solo con l’aiuto di un auricolare elettronico. Senza di me non riesce a muovere un passo. (...) Ed è altrettanto bella, a ottantasette anni, di quanto lo era da giovane - in modo diverso, ma è “bella”». Poco tempo dopo, la situazione precipita. Lola cade in stato di incoscienza. A volte riesce a riconoscere il marito, che la veglia, le tiene la mano e nel diario annota: «Talvolta provo un senso di vergogna per il fatto di essere vivo».

Il 4 gennaio del 1987 Lola muore. «La rabbia. Nessuna commozione né raccoglimento, nulla di tutto ciò. Bensì rabbia. (...) Rabbia con il medico, perché non è riuscito a prestare aiuto. Rabbia con Dio (sempre che esista) perché non è venuto in soccorso, e rabbia con Dio (qualora non esista), per il fatto che non c’è proprio quando abbiamo bisogno di aiuto. Rabbia con gli uomini, perché non sono stati d’aiuto. E con me stesso, perché non sono riuscito a fare di più. Rabbia con lei, perché è morta». Lo scrittore, però, continua a sognare la moglie, a comunicare con lei grazie a un contatto immaginario che chiama «hotline».

Nonostante il dolore, Sándor prosegue nelle sue letture. Sfoglia The golden arrow di Joseph Conrad, ma non gli piace: «Il libro mi infastidisce, è noioso. Vuole darsi un’aria molto inglese, ma lo fa alla polacca. (...) Era uno scrittore di talento, aveva girato il mondo, eppure, chissà come, era rimasto provinciale». Definisce 1984 di Orwell «un romanzaccio» e accusa Henry James di fare troppi «pettegolezzi».

Dall’Ungheria, intanto, arrivano a Márai richieste perché torni in patria, o consenta di pubblicare là le sue opere. Ma lui rifiuta. Scrive nel 1988: «Da parte loro si tratta di una totale, “incondizionata” resa delle armi, sono pronti a pubblicare tutto, libri, articoli, tutto, l’“opera completa”. E un sintomo interessante, come se da quelle parti fosse cominciata la dissoluzione. Non do il permesso di pubblicare nulla laggiù, finché le truppe d’occupazione russe si troveranno lì. E una volta che quelle se ne saranno andate, in patria dovranno tenersi libere elezioni democratiche sotto controllo estero. Fino ad allora non permetto che venga pubblicato nessuno dei miei scritti». E ancora: «L’Associazione degli scrittori e altre simili mi invitano a tornare a casa: vogliono trasformare in un monumento me e i miei libri. Ripubblicano tutto, con rilegatura in pelle, me compreso. Il destino comune a ogni monumento è che i cani finiscono per pisciare sul piedistallo».

Auguri da Reagan

Quando parla del suo Paese natale, è spietato. Nel 1984 racconta: «È venuto a trovarmi uno che è stato a Pest: loda la vita che si conduce sotto il comunismo di Kádár, assai migliore di quella che si conduceva ai tempi del comunismo di Rákosi. Se il letto di Procuste viene foderato con un materasso di crine di cavallo, starci sdraiati sarà più comodo di quanto non lo fosse senza materasso. Ma il letto rimane comunque un’invenzione di Procuste». Quattro anni dopo, invece, scrive: «In Ungheria si parla di cambio della guardia. Il cambio della guardia è un pretesto perché un comunista possa mettere da parte un altro comunista, scagionando in questo modo l’intero sistema. Ma il sistema è caduto, tant’è vero che ormai ciò che vogliono salvare non è il sistema, bensì il bottino». Il romanziere rimane convinto che «il senso della vita, lo stile di vita della borghesia rappresentano anche al giorno d’oggi, così come in tutte le epoche dal Medioevo in poi, l’elemento catalizzatore che dà impulso al progresso, allo sviluppo, anche nel mondo massificato». L’anticomunismo di Márai - già collaboratore di Radio Free Europe - gli vale anche un contatto con Washington. Il presidente Reagan gli invia un telegramma: «Tra gli auguri di compleanno, uno sorprendente: il presidente Reagan e sua moglie mi augurano ogni bene in occasione degli ottantacinque». Ma Sándor non avrà parole troppo tenere nei confronti dei repubblicani. Segue alla tv una convention elettorale e commenta lapidario: «Sembra un festival di hippy».

Nel 1987 muore anche il figlio János Babocsay, avuto in affidamento da una famiglia di agricoltori poverissimi. Sándor, ormai, non ha nulla per cui vivere. Comincia a meditare il suicidio, a pianificarlo. Nel 1988 compra una pistola, si esercita al poligono. La fine arriverà esattamente un anno dopo. Le ultime parole annotate sul diario sono del 15 gennaio: «Aspetto la chiamata alle armi, non la sollecito, ma non la rinvio neppure. È giunto il momento».

Sándor Márai si uccide il 21 febbraio.

(http://www.libero-news.it/articles/view/545660)
alazaro Enviado - 25 mayo 2009 : 13:51:34
BIBLIOGRAFIA * BIBLIOGRAPHY * BIBLIOGRAPHIE

Il poeta ungherese Miklós Radnóti a cent'anni dalla nascita


Robo
BOOKS / Blog.it
11 maggio 2009

Il 5 maggio di cento anni fa nasceva a Budapest Miklós Radnóti, considerato uno dei maggiori poeti ungheresi del Novecento. Per ricordarlo la casa editrice Donzelli ha mandato in libreria una raccolta di poesie di Radnóti dal titolo Mi capirebbero le scimmie, curata da Edith Bruck. Il titolo è preso da una poesia dello stesso Radnóti:

Mi capirebbero le scimmie,
reattivamente sono ancora sane,
forse se si vivesse assieme
a me pure toccherebbe in sorte
la clemenza della buona morte.


Clemenza della buona morte che non gli è toccata in sorte: Miklós Radnóti, infatti, in quanto ebreo, fu perseguitato, rinchiuso in vari campi di lavoro in Ungheria e in Serbia e infine fucilato nel 1944. Aveva trentacinque anni. Fino alla fine compose versi: testimonianza ne è la sua ultima poesia, ritrovatagli nella tasca dell’impermeabile nel 1946, dopo che i suoi resti furono riesumati dalla fossa comune ad Abda (nei pressi del confine con l’Austria) per dare al poeta una degna sepoltura. Nel descrivere la morte di un suo compagno violinista Radnóti immagina la propria:

Gli crollai accanto, il corpo era voltato,
già rigido, come una corda che si spezza.
Una pallottola nella nuca. – Anche tu finirai così, –
mi sussurravo – resta pure disteso tranquillo.
Ora dalla pazienza fiorisce la morte –
“Der springt noch auf”, suonò sopra di me.
E fango misto a sangue si raggrumava nel mio orecchio.


Bella la traduzione della Bruck che, connazionale di Radnóti, è riuscita a sopravvivere alla deportazione e questa ideale unità d’intenti rende più intensa la versione italiana (con testo originale a fronte). Ben curata l’edizione della Donzelli, anche se forse si sarebbe desiderato un indice alfabetico delle poesie, dal momento che l’alternarsi di titoli ungheresi e italiani rende un po’ difficoltosa la ricerca delle poesie.

Di seguito una poesia che mi ha colpito particolarmente e che mi sembra indicativa dello stile di Radnóti: "Ti ho nascosto" (pag. 109).

Ti ho nascosto a lungo,
come il ramo tra le foglie
il frutto che tarda a maturare,
e ora fiorisci ai miei occhi
come sullo specchio della finestra d’inverno
il fiore giudizioso del ghiaccio.
E so già cosa significa
quando posi la mano sui capelli,
e custodisco già nel cuore
il movimento della caviglia,
e il bell’arco delle costole
che ammiro con distacco,
come chi s’è riposato
su tali meraviglie che respirano.
Eppure nei miei sogni
spesso ho cento braccia
e come un dio in un sogno
ti stringo nelle mie cento braccia.


Miklós Radnóti
Mi capirebbero le scimmie

a cura di Edith Bruck
Donzelli, 2009
pagine 155, euro 14,00


(http://www.booksblog.it/post/4825/il-poeta-ungherese-miklos-radnoti-a-centanni-dalla-nascita)
alazaro Enviado - 28 marzo 2009 : 23:45:54
"L'Instant ou La Créüside" et "Le Vieux Puits", de Magda Szabó:
le rêve androgyne de Magda Szabó


René de Ceccatty
LE MONDE DES LIVRES, Paris
27.03.2009

L'étrange projet que Magda Szabó caressa une vie durant et mit à exécution dans sa maturité ressemble beaucoup à ceux de Marguerite Yourcenar, avec son Hadrien, et de Virginia Woolf avec son Orlando. La romancière hongroise, révélée en France grâce à La Porte (prix Femina étranger 2003) et disparue il y a deux ans, à 90 ans, juste après avoir obtenu le Prix européen des Cévennes pour Rue Kathalin, s'identifie en effet à un personnage de l'Antiquité et construit un nouveau mythe androgyne: elle imagine que ce n'est pas Enée qui a fondé Rome, mais Créüse, sa femme, travestie en homme. Elle procède donc à une reconstitution transfigurée de L'Enéide. Sa connaissance profonde de l'histoire antique, son empathie pour le monde des dieux, sa réinterprétation moderne et insolente de l'imaginaire occidental lui permettent d'écrire un long poème lyrique, érudit mais fluide.

La lecture du Vieux puits, qui paraît en même temps, renseignera le lecteur sur le monde intérieur de l'écrivain, à partir de ses souvenirs d'enfance, qui sont plutôt un hommage à sa famille: sa mère et son père étaient, en effet, des écrivains potentiels et frustrés, dont les oeuvres n'ont pas été publiées, mais qui ont communiqué à leur fille une grande capacité de fabulation. Elevée sous le stalinisme, habituée à contraindre longtemps sa liberté de penser, Magda Szabó est un écrivain concentré, incisif, insolent.

Dans ses Mémoires, elle analyse avec subtilité cette fonction fabulatrice: "Je lisais énormément, un peu de tout, et un jour je m'aperçus que j'étais amoureuse d'un héros de mes lectures. Je n'avais plus à chercher quel était ce sentiment. J'étais toujours aussi incapable d'exprimer ce que c'était, mais à présent je le vivais. Je me sentais liée à tel ou tel personnage de la littérature, fébrilement, avec jalousie, en tremblant et en haïssant celle que le héros épousait à ma place dans le roman ou la pièce de théâtre." La lecture n'est pas un apprentissage intellectuel, mais une école d'introspection où la vie est expérimentée avant d'être vécue. Cette conviction orientera le futur écrivain dans son travail, en l'incitant à rivaliser, par l'écrit, avec la vie. Et c'est le paradoxe de son style précis, de sa narration concise et nette et de son lyrisme aux vastes dimensions, qui étonne dans sa "Créüside", épopée de forme contemporaine, qui rappelle également un autre livre singulier de femme, l'Artemisia de la romancière italienne Anna Banti.

Dans L'Instant, Magda Szabó s'interroge sur une incohérence de L'Enéide, qui est le remariage d'Enée, veuf de Créüse. Selon elle, c'est lui qui est mort et c'est elle qui, armé de la cuirasse de son mari tué lors de la prise de Troie, se substitue à lui et part sur les mers. Le ton qu'elle adopte pour son Enéide travestie est tour à tour prosaïque et direct, avec quelques modernismes volontaires (comme du reste y recourait Yourcenar dans Les Mémoires d'Hadrien, qui n'a rien d'un pastiche de littérature antique), et profondément inspiré et visionnaire (avec quelques fantaisies lexicales issues d'une langue phrygienne imaginaire). Le style est admirablement rendu par sa traductrice, Chantal Philippe.

Ce livre singulier, dans sa préface explicative, Magda Szabó le charge d'une fonction consolatrice. Le monde s'est dépeuplé dans sa vieillesse : sa solitude autorise alors l'écrivain à entrer sans réserve dans un univers de mots. "Lorsque tous ceux qui m'étaient chers eurent disparu, lorsque je compris que je devrais vivre jusqu'à la fin de mes jours dans un total désespoir, j'entrepris d'édifier l'histoire qui depuis des décennies occupait ma conscience aussi bien que mon inconscient."

Il s'agit, bien entendu, d'un livre aussi politique que mythologique. Magda Szabó, à travers l'histoire d'Enée devenu femme, raconte un destin qui brasse non seulement des rapports individuels, mais aussi des guerres et des quêtes de pouvoir. Il y a, dans ces pages, une réflexion sur l'Ananké grecque, chère à Hugo. "Il faut aussi, dit Créüse-Enée, une divinité pour les mal-aimés, pour ceux qui dès leur naissance vivent une vie d'inutiles." Ces "inutiles", précisément, figurent dans cette épopée, comme dans les autres romans de Magda Szabó.

Un des moments forts du livre est constitué par la rencontre de Lavinia à laquelle, quoique femme, Enée va devoir s'unir et se dérobe. Comprise sans l'être par celle à laquelle la conduit son destin, Créüse lui donne des leçons de pouvoir et de ruse, avant de disparaître et retourner à Troie. Quant à l'épisode carthaginois et à l'amour de Didon, ils ne seront évoqués que comme une réminiscence. Le livre IV de L'Enéide, qui connut une extraordinaire fortune dans l'imaginaire européen, apparaît dans les brumes d'un regret et n'en gagne pas moins de force.

L'INSTANT OU LA CRÉÜSIDE (A PILLANAT) et LE VIEUX PUITS (ÓKÚT)
de Magda Szabó

Traduits du hongrois par Chantal Philippe
Ed. Viviane Hamy, 360 p., 22,50 € et 264 p., 21,50 €.


(http://www.lemonde.fr/livres/article/2009/03/26/l-instant-ou-la-creuside-et-le-vieux-puits-de-magda-szabo_1172746_3260.html)
alazaro Enviado - 09 marzo 2009 : 13:57:30
Versos nuevos, Los últimos barcos, Endre Ady por fin en español
(traducción de Jesús Pardo)


Juan Antonio González Fuentes
Ojos de papel.com
Lunes, 23 de febrero de 2009

Esta nueva traducción de Jesús Pardo, este Endre Ady que se presenta ahora por vez primera en español, se convierte en un volumen imprescindible para los amantes de la poesía, para todos aquellos lectores curiosos que buscan ignoradas obras maestras. Un regalo, una ilusión, un descubrimiento!!!!

[...] ¿Pero de qué libro estamos hablando? Bueno, en realidad hablamos de dos, de dos de los libros más importantes de uno de los poetas húngaros más importantes de la historia, un poeta que seguía sin traducir al español, y que gracias a la traducción de Jesús Pardo y la revisión de Viktória Semsey, por fin podemos leer en nuestro idioma. Me refiero a Versos nuevos (el primero de su autor, 1906) y Los últimos barcos (el poemario póstumo del cambio, muy original en su escritura, 1923) de Endre Ady (1877-1919), editados en un solo volumen por la editorial zaragozana La Poesía, señor hidalgo.

Endre Ady
Versos nuevos. Los últimos barcos

La Poesía, señor hidalgo, 2009


Endre Ady pasa por ser el creador de la moderna literatura húngara, un referente básico para autores como Sandor Marai, y uno de los poetas europeos más importantes del siglo XX. Ady nació en Érdmindszent (actual Rumanía) en 1877, de orígenes rurales e hidalgos. Estudió derecho, y fue periodista en París, para luego viajar por casi toda Italia. Se enamoró de Ledda (Adele Brull), quien fue su amante y su musa. Ady fue un hombre ambivalente y contradictorio. A la vez era tímido, violento, agresivo, pacifista, aristocratizante, individualista… Desde un punto de vista ideológico se colocó en posiciones de izquierda, aunque nunca abrazó el comunismo.

En 1911 se casó con Berta Boncza, una mujer joven y rica con la que se retiró a vivir al campo. Ady murió en Budapest en 1919 de tedio, sífilis, alcoholismo y nicotina, lo que suena a contrasentido. La obra de Endre Ady está influenciada por la de Marx y la de Darwin, y tuvo una cara política muy importante para el momento histórico que vivía entonces el Imperio Austrohúngaro.

Le poesía francesa de su tiempo no tuvo gran influencia en la de Ady, aunque su estancia en París sí le sirvió para quitarse de una vez por todas las telarañas de la vetusta tradición literaria húngara. Versos nuevos es el trampolín usado por Ady para iniciar la innovación revolucionaria de la poesía húngara del siglo XX, camino que Los últimos barcos convierten en llegada, en meta, inaugurando casi una lengua nueva, o al menos el uso de un lengua que renace nueva a través de largas y complejas frases de carácter profético.

Esta nueva traducción de Jesús Pardo, este Endre Ady que se presenta ahora por vez primera en español, se convierte en un volumen imprescindible para los amantes de la poesía, para todos aquellos lectores curiosos que buscan ignoradas obras maestras. Un regalo, una ilusión, un descubrimiento!!!!

(http://www.ojosdepapel.com/Blogs/JuanAntonioGonzalezFuentes/Blog/Los-ultimos-barcos-Endre-Ady-por-fin-en-espanol-traduccion-de-Jesus-Pardo)
alazaro Enviado - 08 marzo 2009 : 23:10:52
Una poeta de Budapest jugando con existencias

Por Gyöngyi Király
El Quincenal de Hungría, Budapest
Núm. 69 - Febrero de 2009

Lo traje conmigo. Atraída por su rubio,
¿o por su mudez? ¿su estatura elevada?
en la cochera lo aplasté contra el suelo.
Lo tenía decidido. Le iba a hacer el amor.

Ruborizado, me dejó que le arranque la ropa,
con las diez uñas, y con los dientes.
Asustado no sabía cómo buscarme,
y menos qué hacer si me encontraba.

Entre sus muslos morenos una columna enorme
brillaba como la luz de un faro,
y él, conmovido, esperaba con ojos de llanto
que le eche una mano, que lo haga entrar en el Paraíso.

Y así lo hice,
pero la caña todavía estaba blanda
y él no supo hacer nada mejor que recostarse sobre mí.
Y así se acabó, acostados uno contra al otro.

Yo, temblando, caliente; él, para todo flojo,
esperando de mí, placer,
yo de él un premio,
en vano.


“Las travesuras de la jamón cariñosa”
(Judit Ágnes Kiss, 2008)

La poesía de Judit Ágnes Kiss se asocia a las formas de música y a las experiencias profanas de la vida cotidiana. Siempre se presenta usando sus dos nombres, Judit Ágnes. Es poeta, novelista, actriz, profesora, bailadora, música y mucho más. Con el tiempo se ha transformado en protagonista de la literatura húngara. En los últimos dos años ha publicado dos libros de poemas (Irgalmasvérnö 2006 y Nincs új üzenet 2008) y una novela (A keresztanya 2008); y por si fuera poco tiene otros dos libros en línea esperando ser editados. No se trata simplemente de una carrera rápida, sino de mucho trabajo y esfuerzo. Tal vez por eso las críticas la “adoran”.

Además de escritora tiene el título de profesora de lingüística y literatura húngara y de profesora de drama y, por si fuera poco también toca el oboe. La conocí porque coincidimos en una banda de jazz; por eso, para mí, ella es ante todo música. En esa época, además de la banda, tenía un trabajo como profesora de literatura en un instituto. Lo primero que me llamó la atención de ella, fue su humor, y su predisposición a la risa. Lo segundo, su creatividad y su energía. Con el tiempo comprendí que no era casual. Judit Ágnes Kiss es una sobreviviente. En ella la risa, la creatividad y la energía son maneras de compensar los palos que arrastra. Es de aquellas personas que no se dan nunca por vencidas, y para las cuales no hay imposibles.

Cuando publicó su primer poema tenía ya 33 años, y no dudó en seguir adelante. ¿Cómo son sus poemas? Como es música tiene afición por las formas cuantitativas, los ritmos variados y las mezclas. Le gustan especialmente los sonidos del folclore húngaro y rumano, por lo que no es difícil encontrar en sus poesías ciertos dejes o melodías.

El teatro es su contrapunto, y de ahí que se divierta con situaciones raras, sarcásticas, metiéndose en el papel del personaje, imaginando sus sentimientos, mezclando la realidad con la fantasía, lo que realmente le ha pasado y lo que le hubiera pasado de otra forma.

Tiene varios poemas que hablan de sí misma, de manera muy consciente, crítica y sarcástica. Están llenos de preguntas y de reproches, sin miramientos, dejando incluso caer palabras soeces, pero siempre en la diana, certeras. Le gusta jugar con los contrastes de estilo, forma y contenido. Tiene varias obras, que en esta línea, tratan un tema, por ejemplo de lo más profano, en un formato de lo más clásico o elaborado.

Por sus poemas eróticos ha recibido cientos de críticas. Les molesta que una mujer escriba con tanto descaro, y más tratándose de una profesora. Pero los poemas no son simplemente un momento de calentura. En ellos habla de la vida misma, de los miedos, de las incertidumbres del sexo y el amor. Y en todos ellos a la sorpresa del lector, le antecede la de la propia escritora. No se trata simplemente de hacer un resumen literario de experiencias propias. Hay un exquisito juego intelectual, casi filosófico, en cada una de sus obras.

Los críticos se refieren a Judit Ágnes Kiss como una poeta feminista, porque habla sin tapujos. Yo no lo veo así. Ella no necesita la etiqueta de feminista. Es una artista talentosa y abierta a nuevas propuestas y categorías. Una persona llena de preguntas y de curiosidad, que no oculta el hecho de ser mujer. Su feminidad, o su feminismo es simplemente consecuencia de que no evita ser mujer. Es mujer y se expresa como tal, desde sus experiencias, sentidos y opiniones. De la misma manera trata el erotismo, con naturalidad, como parte indisoluble de la vida.

Es una más, con la diferencia que ella tiene el duende, y la valentía, de expresar los mismos miedos, los mismos problemas y las mismas preguntas con la palabra y con arte, pudiendo elegir el modo y la forma apropiada. La curiosidad, la poesía, puede más que el miedo a la vergüenza o al rechazo social. Quizás sea ésta la labor del poeta.

(http://www.quincenal.hu/)
alazaro Enviado - 06 marzo 2009 : 00:42:26
Hallan claves del fenómeno Sándor Márai

José Luis Enciso
EXCELSIOR, México (EXonline)
22-Febrero-2009

A dos décadas de su suicidio en California, el escritor húngaro, que en vida tuvo poca difusión en español, se ha convertido en una "marca" exitosa con su melancólica lucidez

En la única nota que Sándor Márai redactó a mano para su último diario, ignorando la máquina de escribir con la que hizo el resto de los apuntes, podía leerse: “Estoy esperando el llamamiento a filas; no me doy prisa, pero tampoco quiero aplazar nada por culpa de mis dudas. Ha llegado la hora”. Tal fue el preludio de su muerte, ocurrida el 21 de febrero de 1989. Para entonces, lo había perdido todo: patria, hermanos, hijos y a la compañera de siempre. Hoy, 20 años después, Márai se ha convertido en una “marca” exitosa, contrario a lo que él hubiera podido imaginar. Además, sus ideas son referidas con frecuencia por diversos líderes de opinión en habla hispana.

Aun cuando la primera traducción al castellano de una novela de Márai se hizo en 1946 no fue sino hasta 1999, año en que Ediciones Salamandra publicó El último encuentro, cuando se inició algo que bien podría considerarse una revaloración de la obra de este escritor húngaro en los países hispanoparlantes. Desde entonces, “la acogida de los medios fue unánimemente positiva. Y el éxito entre los lectores llegó muy rápido”, señala el editor Juan Milá.

“¿Cómo interpretar este fenómeno? Quizás en esa época, el fin del siglo XX, se tenía la conciencia, tanto en el este como el oeste de Europa, de que algo terminaba y volvía a cautivarnos la melancólica lucidez de Márai, quien después de haber padecido todas las tragedias del siglo dejó testimonio en sus obras de la desaparición de un mundo. En sus novelas se encuentran grandes problemas morales y existenciales que hoy siguen vigentes”, añade Milá.

Húngaro y burgués, nacido en 1900, Márai padeció la pauperización de su clase a causa de los totalitarismos, primero el nazi y luego el soviético. El rechazo que manifestó al segundo originó que, tras alcanzar cierto reconocimiento por sus primeras novelas en Hungría, su obra fuera ignorada en ese país.

Al respecto, Éva Cserháti, traductora de Diarios 1984-1989 (Salamandra, 2009), apunta: “Cuando yo estudiaba filología húngara —en Hungría— de Márai no se hablaba (me refiero a los años 90). Sólo una obra suya era obligatoria en la universidad: Las confesiones de un burgués. En Hungría se valoran mucho más sus memorias y sus diarios que sus novelas. De hecho —los húngaros— no entendemos por qué tienen tanto éxito en Europa. Lo atribuyo a que son fáciles de leer. También se debe al éxito que tuvieron en Italia que, como un alud, pasó por otros países. Pero, asimismo, pienso que es un poco exagerado y, claro, el famoso marketing hace mucho. Su éxito desproporcionado impide la aparición de nuevos autores húngaros en el mercado. Márai ya es una marca.

“Lo cierto es que se valora su actitud moral: la de una persona que no se sometió a una dictadura perversa, sino eligió la emigración. Hay un premio muy prestigioso que lleva su nombre”, reconoce Cserháti.

Mária Szijj, quien junto con José Miguel González Trevejo ha retomado el trabajo que dejó al morir Judit Xantus con respecto a la traducción de las obras del escritor húngaro, considera que “gracias al fenómeno Márai los lectores y las editoriales están tentados a buscar nuevos autores de Hungría. Los editores, por ejemplo, han visto que se puede editar escritores de calidad pensando también en un público amplio. Por otro lado, también es verdad que su omnipresencia hace que muchas editoriales busquen a autores parecidos y por eso otras voces novedosas o distintas quedan fuera del interés editorial”.

Márai, continúa Szijj, “fue un hombre centroeuropeo, nació en una ciudad bilingüe, Kassa —hoy Košice—, donde gran parte de la población era eslovaca. Además vivió muchos años en el extranjero estudiando y trabajando. Todo ello le predestinó a ser una personalidad cosmopolita. Márai tiene una visión muy personal del mundo y del ser humano. No creo que podamos hablar de una filosofía determinada, propia, pero, al ser un gran pensador, muchas de sus ideas han pasado al dominio público y, así, por ejemplo, en internet aparecen citas famosas suyas. Fue además un pensador independiente. Optó por emigrar cuando constató que le habían privado del ambiente sin el que, según dijo, ‘no valía la pena vivir’.”

Ya en la fase final de su vida, Márai se dedicó a dar forma a sus memorias más que la narrativa, aun cuando lo inquietaba escribir una novela, Roger, que nunca empezó. Su ánimo decayó tras la muerte de toda su familia y, según lo cuenta en los Diarios 1984-1989 —el primero en ser editado en español, aunque el último en ser escrito—, sólo deseaba morir. Al vivir en Estados Unidos y redactar sólo en húngaro su producción impresa se vio mermada. Únicamente editoriales de compatriotas le publicaron algunos libros. En esas condiciones, Márai puso punto final a la última nota de su diario. Luego, al no tener a ningún familiar o amigo además de su editor, dedicó a éste una nota afectuosa en la que le deseaba buena suerte y, lejos de toda actividad, se suicidó.

Con respecto a la obra pendiente de publicación, Juan Milá adelanta a Excélsior: “Además de complejo y moderno, Sándor Márai fue un escritor muy prolífico, por lo que seguiremos traduciendo nuevos títulos, a razón de uno por año, aproximadamente”.

¿Quién será ?

Sándor Márai nació en Kassa (hoy Košice, Eslovaquia) el 11 de abril de 1900. Su nombre real era Sándor Károly Henrik Grosschmid de Mára. Perteneció a una familia burguesa. Tras vivir algunos años en varias partes de Europa, se exilió definitivamente en Estados Unidos, en 1948. Es uno de los escritores centroerupeos más importantes, conocido en gran medida por sus novelas, aunque también escribió textos teatrales, poesía, ensayos y material periodístico. El 21 de febrero de 1989 se suicidó, en San Diego, California.

Obras relevantes traducidas al español:

El último encuentro (1999)
La herencia de Eszter (2000)
Divorcio en Buda (2001)
La amante de Bolzano (2003)
Confesiones de un burgués (2004)
La mujer justa (2005)
¡Tierra, tierra! (2006)
La hermana (2007)
La extraña (2008)

(http://www.exonline.com.mx/diario/noticia/comunidad/expresiones/hallan_claves_del_fenomeno_sandor_marai/515835)
alazaro Enviado - 17 febrero 2009 : 23:11:10
Sándor Márai, randagio è il cronista
Caso letterario con "Le braci", raffinato e dandy, l'autore magiaro fece per 20 anni il giornalista


BRUNO VENTAVOLI
La Stampa, Torino
3/2/2009

"L'uomo sano di mente di tanto in tanto sa chiudere col mondo. Il giornalista mai. Per vent'anni non c'è stato praticamente giorno della mia vita in cui non abbia scritto qualcosa", diceva Márai. E quel "qualcosa" potevano essere ponderazioni confessate a un diario privato, braci di un romanzo, ma anche e soprattutto articoli. Perchè per oltre vent'anni Márai fu infaticabile elzevirista, cronista, articolista. Le prove migliori le raccolse egli stesso in libri. Ma la stragrande maggioranza dei servizi si smarrì nell'inevitabile macero della stampa. Dopo oltre settant'anni una casa editrice ungherese, Helikon, s'è messa a ripubblicarli. Proprio ora è uscito il secondo volume della serie, L'alba dei ciarlatani, che contiene il periodo 1928-1930, e speriamo che un giorno venga tradotto in italiano, perchè talvolta quelle manciate di righe spremute in elzeviro valgono ben più di alcuni romanzi di tracimante scrittura.

Fu verso i 19 anni, quando abbandonò la natia Kassa e andò a Budapest durante la repubblica rossa dei Consigli, che Marai assaggiò il giornalismo, collaborando con i fogli furiosamente rivoluzionari. A rileggere gli interventi d'allora, ingenuamente leninisti, c'è da sorridere, pensando che trent'anni dopo sarebbe scappato inorridito da falci e martelli. Il padre, un po' preoccupato dalla brutta piega che stava prendendo, dalle pessime compagnie bolsceviche che frequentava, lo spedì in Germania. Lui s'iscrisse all'Accademia di giornalismo a Lipsia. Bigiava le lezioni, era salace con la vecchia guardia dei redattori. Intanto bazzicava caffè, scopriva Kafka, e cominciava a inviare articoli ai piccoli giornali ungheresi di provincia. Lì per lì furono un espediente per giustificare alla famiglia il tempo speso a fare il bamboccione, poi divennero un bagno di realtà, un fondamentale tirocinio di scrittura. Con la sfrontatezza tipica dei ventenni, un giorno si presentò alla Frankfurter Zeitung, dove scriveva il Gotha della letteratura tedesca, Mann, Zweig, Hauptmann, e fu accettato tra i collaboratori.

Sapeva che in quel mestiere c'era un Kraus, che confezionava solitario la Fackel, o un Georges de la Fouchardière che pubblicava un articolo al giorno (gli dedicò un elzeviro), o coorti di cronisti squali, assetati di cronacaccia, scandali, bugie. Márai voleva essere un po' come tutti loro, viaggiare, allargare gli orizzonti della vecchia duplice monarchia ormai dissolta, guardare, capire, raccontare. E trovò molte testate, in Germania, Ungheria, Cecoslovacchia, disposte a pubblicarlo e rimborsargli note spese.

Trascorse un decennio randagio per l'Europa e il Mediterraneo. Raccontò le capitali occidentali e il medioriente, intuendo che presto i coloni sionisti si sarebbero scontrati con gli arabi, e che l'Islam avrebbe risguainato la scimitarra. Nel febbraio del '28 annuncia che Mussolini ha deciso di vietare al cinema, nei romanzi, sulla stampa il dettaglio di omicidi passionali. Basta suicidi per amore, delitti d'onore, donne tradite che massacrano mariti, perchè tutto ciò può indurre pericolose imitazioni. E' una pia illusione, spiega Márai, proibire le cattive notizie, istigare forzosamente all'ottimismo i media (il vizietto è ancora vegeto). "Forse che l'assassino riporrà in tasca il revolver carico, senza premere il grilletto, sapendo che i giornali non parleranno del suo omicidio?". No, la realtà, con la sua follia, la sua violenza, il suo scompiglio, non si lascia migliorare dalla pubblicità. Con la stessa coerenza, Marai ironizza su una riunione della lega contro l'alcolismo che vuole bandire vini e liquori dalle tavole dei parigini: riporta sconsolato le filippiche contro l'ebbrezza, e confessa che sgattaiola da quei saloni in riva alla Senna in cerca d'una bottiglia di Beaujolais.

Si muta in cronista sportivo per dire che ha assistito alla prima partita di calcio della sua vita, a Pest. S'annoia molto, sbaglia persino il numero dei giocatori in campo (scrive che sono 24), ma coglie invece l'entusiasmo della folla. Certo lo spettacolo è facile, coinvolgente, immediato, ma nei boati di quelle 40 mila persone non c'è solo tifo sportivo: è bisogno di libertà, di urlare all'aria aperta qualunque cosa, di potersi sfogare contro l'oppressione della crisi economica nell'Ungheria del Trianon e del regime di Horthy che controlla ogni aspetto della vita quotidiana, dall'arte alla politica alla morale.

Il Márai trentenne, sposato con la fida Lola, era dinoccolato, pallido, corvino di capelli, le palpebre un po' spioventi come per uggia. Tutto lo interessava, dalle riunioni di spiritisti dove incontrava Conan Doyle agli incidenti stradali, dai concorsi di bellezza (ma è meno che tiepido su Miss Ungheria) ai piatti di lumache, dall'arte del pettegolezzo alle prime adunate naziste, dal riarmo dell'America ai clochard. Da Chaplin, a Tagore a György Lukács, "troppo intelligente, perciò sbattuto in prigione". E' una miscela di febbrile avventurosità e di distaccato dandismo. Ogni articolo contiene questa duplicità di toni: sa essere un gazzettista che accantona lo snobismo intellettuale per accostarsi ocularmente ai fatti, ma al tempo stesso scrittore capace di cogliere in ogni particolare una scintilla dell'universale.

Quel mestiere era, per Márai, uno stato nervoso, un'ispirazione, una caccia. Intanto gli elzeviri si dilatavano in racconti, i racconti in romanzi. E la scrittura trovava il ricovero più duraturo del libro, rispetto alle pagine di giornali che la mattina dopo servivano a incartare pesci o sgrassare vetrine. Man mano che il talento gli veniva riconosciuto, Márai diradava quella attività quotidiana che aveva sempre considerata un po' mercenaria, perchè tirannizzata dai tempi frenetici della redazione. Voleva sì continuare a raccontare la vita, l'umana commedia, ma attraverso i mezzi della letteratura, che aspirava a ben altri decorsi.

L'attività pubblicistica si concluse nel '44, quando i tedeschi occuparono l'ex alleata Ungheria. In quei mesi di rovine, Márai si dedicò sdegnato al solo giornale privato del proprio diario. Quando la guerra finì, volle ributtarsi entusiasta nella mischia, progettò libri, riviste, fogli. Ma il rais della cultura nella nuova Ungheria socialista bollò la sua prosa borghese come indegna e perniciosa. E fece mandare al macero il suo nuovo amato, meditato, sofferto romanzo. L'intellettuale era Lukács, lo stesso che lui aveva citato rispettosamente. Perchè nell'umano mondo il caso, le ingiustizie, l'arruffio, spesso beffano i migliori elzeviri.

(http://www.lastampa.it/redazione/cmsSezioni/cultura/200902articoli/40637girata.asp)
alazaro Enviado - 13 febrero 2009 : 23:18:36
"L’EREDITA’ DI ESZTER" di Sándor Márai

di Francesco Federici
NonSoloCinema, Venezia
Anno V n. 9 - lunedì 26 gennaio 2009

Sándor Márai è uno di quegli autori che mettono al primo posto il sentimento. Il suo, però, non è un sentimento scontato, giocato su facili emozioni e neppure costruito. Pochi sono riusciti ad imbastire un romanzo intorno all’assente presenza di una donna, l’Eszter del titolo, e alla presente assenza di un uomo, Lajos.

Márai è stato un giornalista e uno scrittore ungherese a lungo dimenticato e, solo da circa un decennio, portato in Italia con due romanzi: Le braci, edito nel 1998, e, appunto, L’eredità di Eszter, del 1999. Nato all’inizio del XX Secolo, si spostò fra Germania, Francia e Ungheria nella prima parte della sua vita, fino a dover lasciare la sua patria nel 1948, a causa delle persecuzioni comuniste. Cominciò così una vita da esule, che lo portò prima in Svizzera, poi in Italia e negli Stati Uniti, terminata, nel febbraio del 1989, con il suicidio.

Da noi la riscoperta dello scrittore ha permesso la pubblicazione di molte delle sue opere, oggi riconosciute fra le più importanti del secolo. L’eredità di Eszter racchiude in sé alcune tematiche importanti per l’autore: l’amore, vissuto con difficoltà e spesso irrealizzabile, la vecchiaia, vista come termine ultimo della vita e vissuta con tristezza nella nebbia del ricordo e il passato. Ma forse il più importante di tutti è la solitudine e L’eredità di Eszter è, appunto, un romanzo sulla solitudine. La vita di Eszter è stata piatta e senza particolari scossoni per più di vent’anni. L’unica persona che ha provocato in lei un "senso di allarme continuo" è stata Lajos, che però non è riuscito a farla felice: se n’è andato sposando sua sorella, Vilma, lasciando Eszter senza una spiegazione. Ma i vent’anni che sono passati da questo avvenimento sono stati un’inconsapevole attesa del ritorno di Lajos, perché "gli amori infelici non finiscono mai" e come dice Lajos "la legge del mondo esige che ciò che è iniziato una volta debba essere condotto a termine", ma, continua, "questo non è davvero motivo di gioia. Nulla arriva mai in tempo, la vita non ci dà mai qualcosa nel momento in cui siamo preparati a riceverlo".

Un romanzo giocato sull’intimità dei pensieri di una donna, accompagnato da quei monologhi che hanno reso particolare lo stile dello scrittore ungherese. Due belle figure della letteratura di Márai, Eszter e un uomo "che possiamo disporre fra i massimi cialtroni e mistificatori della letteratura", come suggerisce Pietro Citati, un personaggio che ha poco a che vedere con il Casanova de La recita di Bolzano, altro grande libro dell’autore, se non quella sensazione di tristezza e decadenza morale che avvolge come un’aura i due uomini.

(http://www.nonsolocinema.com/L-EREDITA-DI-ESZTER-di-Sandor_14754.html)
alazaro Enviado - 01 febrero 2009 : 22:41:39
Último Márai
Diarios. El desgarrador testimonio del escritor húngaro represaliado


ROBERT SALADRIGAS
La Vanguardia, Barcelona
Miércoles, 24 diciembre 2008
Suplemento “Cultura/s”, pp. 8-9

Este es, en principio, un libro intimista, magnífico, sencillamente desgarrador. Sándor Márai (Kassa, Hungría, 1900-San Diego, Estados Unidos, 1989) escribió cinco de los seis tomos de sus diarios en el exilio que a partir de 1948 lo llevó a residir en Nápoles, Nueva York, Salerno y por fin en San Diego (California). Pues bien, el último de esos volúmenes, el correspondiente al periodo 1984-1989, los años residuales de su vida, es el primero que se traduce y debo decir que leerlo con el mismo recogimiento que lo inspiró produce una impresión inolvidable. Estamos ante un hombre despojado de todo cuanto amaba, enfrentado a un irreversible deterioro físico, que pide la muerte a gritos y de manera consciente, madura, toma la decisión de provocarla. Se debe tener en cuenta que Márai fue en su época de gloria en Hungría uno de los grandes narradores centroeuropeos del pasado siglo, comparable, pienso, a autores de la talla del austriaco Stefan Zweig o el suizo Robert Walser.

Prohibida su obra por el régimen comunista húngaro de Horthy [sic!] y obligado a exiliarse, Márai pasó de burgués a ser poco menos que un espectro silente durante más de cuarenta años. El 21 de febrero de 1989, sólo diez meses antes de la caída del muro de Berlín, anticipo del desplome del bloque soviético y de que Hungría rehabilitase su memoria, Márai se disparó con una pistola cuyo manejo había aprendido en un cursillo dado por la policía de San Diego. La última anotación del diario (15 enero de 1989) es rotunda: “Estoy esperando el llamamiento a filas; no me doy prisa pero tampoco quiero aplazar nada por culpa de mis dudas. Ha llegado la hora”.

¿Qué había sucedido? Pues que entre 1988 y 1989 habían muerto su esposa Lola (Ilona) Matzner, su amor y sostén, sus hermanos menores y el joven hijastro Janós. Así que se había quedado en la más absoluta soledad, medio ciego y achacoso, limitado a releer con cuentagotas a sus autores húngaros preferidos, el poeta Janós Arany y el prosista Gyula Krúdy, su maestro, junto a Homero, Sófocles o Marco Aurelio, y a escuchar de entre los músicos al único que entendía, Stravinsky.

Las reflexiones sobre la vejez, el ayer, la enfermedad, el desamparo, la agonía y la muerte convertida en obsesión son de una sensibilidad tan lúcida que resulta aterradora: “A veces me siento como un recuerdo de mí mismo”, escribe en 1985 al percibir nuevos síntomas de desgaste físico y mental. Poco después, anota: “Comprendo a los que anticipan su fin”. Pero al quebrar todo lo humano –incluso “la literatura agoniza” en el tornado mercantilista–, a Márai nunca le falla el consuelo de la melodía apasionada que suena en su interior hasta el último aliento: la lengua húngara, “mi hermosa patria”. Lo explica con la máxima precisión lógica: “Cuando uno escribe en una lengua extranjera puede expresar ideas, pero escribir, es decir, crear, sólo puede hacerlo en su idioma materno. Todo esto no era un secreto para mí cuando hace treinta y seis años me marché de Hungría: llegara adonde llegase, sería escritor húngaro”. Esa fue la base de su poética –“en la literatura no hay democracia. Tan sólo solistas. Un escritor que cante en un coro descubrirá que su voz no sobresale”– y el asidero más firme de su accidentado peregrinar vital. Después el documento ahonda lacónicamente en los posos de la vulnerabilidad y el dolor emocional a medida que Márai, a su vez, avanza hacia la disolución e insiste en que no teme a la muerte sino al morir. Por eso, sin nadie de quien despedirse, quiso elegir cuándo ycómo. La música esencial de sus palabras y sus silencios encoge el corazón.

Sándor Márai
Diarios 1984-1989 / Dietaris 1984-1989
Traducción al castellano de Eva Cserhati y A.M. Fuentes Gaviño y al catalán de Francesc Rovira y Jordi Giné de Lasa
SALAMANDRA / EMPÚRIES
219 / 183 PÁGINAS
15 EUROS
alazaro Enviado - 29 enero 2009 : 08:12:37
La música de Sándor Márai

Jordi Llovet
El País, Barcelona, 13 de novembre de 2008
Suplement 'Quadern', núm. 1281, p. 5

"L'estil és l'home", va dir Buffon, que era més aviat un home de ciències naturals; però la crítica literària va acabar donant a aquesta expressió un sentit molt determinat, que no ha variat gens al larg del temps: tot gran estil posseeix l'empremta d'una sola persona, i no d'una altra. Això val sobretot per a la prosa, perquè el vers posseix unes determinacions mètriques tan severes, que és difícil que la "melodia" d'un ésser concret pugui transpuar en la cantarella dels versos; en aquest sentit no hi ha dubte que Josep Pla posseix una música molt característica (dissonant!), de la mateixa manera que Mercè Rodoreda en posseeix una altra. Fa uns quants anys, als estudiants que s'examinaven de literatura se'ls feia llegir en veu alta un passatge ben triat, de l'autor que fos (mentre prèviament hagués format part de la llista de lectures obligatòries), i els nois i les noies havien d'esbrinar de quin autor o autora es tractava: "Chateaubriand! Ciceró! Jane Austen! Púixkin!, responien, i sempre l'encertaven si es tractava de joves amb oïda, un sentit tan important com la vista en l'acte de llegir. No es tractava de la matèria de què parlava el passatge: es tractava de la música que hi duia.

Sándor Márai és un d'aquells autors que s'han revelat d'una extraordinàri valor en funció justament d'aquesta qüestió. És cer tque el seu temps de glòria, quan va viure a l'Hongria natal, era considerat un autor homologable amb uns quants dels més grans valors de la literatura Centroeuropea, com Thomas Mann o Stefan Zweig; però deprés que se'n van anar a l'exili a causa de la seva nul·la afecció pel règim comunista -ajudant-hi amb perfídia aquell crític de tan malaguanyada intel·ligència que fou el seu compatriota Lukács-, després que va passar molts anys a l'estranger, a diverses ciutats d'Alemanya i més endavant a Suïssa, Itàlia. Nova York, altra vegada Itàlia i finalment San Diego, després de tot aquest periple que sembla el revers del viatge d'Odisseu -cada cop més lluny de casa- a Sándor Márai el va acompanyar una música interior; la de la seva llengua natal, que va ser, ni més ni menys, allò que li va permetre de sobreviure en una relativa pau fins al darrer dels seus dies, quan va disparar-se un tret i se'n va anar d'aquest món amb la molt vaga idea que, a l'altre, hi trobaria tots els qui havien mort en l'entremig, tots en poc temps: els tres germans, més joves que ell, la seva dona Ilona, "Lola", i el seu fill adoptiu, János, a més d'un fill propi, Kristóf, que havia mort criatura.

Les desgràcies de la vida d'aquest home, realment, són abundoses; i no va significar massa consol ni el fet que venia d'una família benestant, que sempre el va socórrer, ni el fet que tornés a assolir molta fama als últims anys de vida, per un rescat de l'obra a càrrec d'editors italians i francesos, entre altres. De fet, si consulteu un catàleg de qualsevol biblioteca espanyola una mica gran, hi trobareu almenys tres llibres seus traduïts ja els anys 1940 i 50, com La luz de los candelabros i Música en Florencia (Ed. Destino: quin olfacte tenien Teixidor; Vergés i el seu estol de consellers!). No: com ja s'ha dit, el consol va venir de portar sempre al cor la llengua materna, i, malgrat tantes peripècies topogràfiques, a l'esquena una tria escassa de llibres d'autors hongaresos que estimava especialment, i dels quals apreciava, també en especial, la dignitat sonora de l'estil: el poeta János Arany, el prosista Gyula Krúdy, i no gaire cosa més.

Així es llegeix en els magnífics Dietaris 1984-1989 (Empúries- Salamandra, 2008) , que aconsello vivament als lectors: no solament perquè narren els últims anys, pesants, de la vida de la seva dona i d'ell mateix -tots dos xarucs, però sense repapiejar en cap moment-, sinó perquè Márai hi deixa anar, quasi sense voluntat de fer-ho, els puntals de la seva poètica, que són els que ja hem dit: "Es poden expressar perfectament idees per escrit en llengua estrangera [ell dominava també l'alemany i l'anglès], però escriure, és a dir, crear, només es pot fer en la llengua materna. Jo n'era perfectament conscient quan, fa trenta-sis anys, vaig marxar d'Hongria: anés on anés, seria un escritor hongarès... La meva bella pàtria, la llengua hongaresa: que em quedi almenys això fins al darrer moment". En un altre passatge diu una cosa que no ens ha d'estranyar: "Bartók, Berg, Milhaud, Prokófiev, Shönberg, Stravinsky, Villa-Lobos, Webern... Stravinsky és l'únic que entenc. La resta, els escolto com si algú recités poesia en una llengua estrangera que no comprenc". És cert que llegia a gust Homer, Sòfocles, Virgili, Marc Aureli, Gibbon, l'apòcrifa Marianna Alcoforado, Cervantes o el crític Edmund Wilson, però el que tornava sempre, més com més s'acabava la seva vida, eren els autors hongaresos: "I en cada línia la música, la música de Krúdy". En aquest mestre seu va trobar-hi el pinyol del que hem comentat més amunt: la literatura ha d'ésser com una pell que amaga músculs i ossada d'un sol ésser: "A la literatura no hi ha democràcia. Només hi ha solistes. Un escriptor que canti en una coral trobarà que la seva veu no hi sobresurt". Era conscient que la indústria del llibre acabaria amb això -"També la literatura agonitza. Sóc un espantaocells, una andròmina per als prestatges d'algun museu"-, però ell va allargar incòmodament la seva vida per tal com, almenys, ens quedés, com una veu alada d'ultratomba, la fastuosa, pausada música de la seva prosa.
alazaro Enviado - 01 enero 2009 : 14:45:02
Hungary: Don't Look Away

HARRIET, a Blog from the Poetry Fundation
20.11.2008

In November of 1944, a Jewish Hungarian poet known for mixing innovative and classical styles, was shot into a mass grave with his notebook of last poems in his coat pocket. One of 3,200 Hungarian Jews forced by fascist militia to march hundreds of miles in retreat from Tito’s advancing armies, Miklós Radnóti remained under that mound for eighteen months before he was unearthed and later identified by his wife. What she found in that notebook damp with his body fluids were his last poems, including love poems scribbled to her, Fanni, known to her friends as Fifi. In August 2008, I flew to Budapest, Hungary, to meet with the 96-year old widow of the poet Miklós Radnóti.

Mrs. Radnóti has been a widow for 73 years, but she has likewise been a widely loved and quite brilliant teacher and activist. The city of Budapest recently conferred upon her formal honors. She lives a few blocks from a street now named for her husband. I arrived hoping to record Mrs. Radnóti reading a few poems by her husband, but because she had fallen and felt dizzy, I asked Alexander Kunst, a Modern East-Central European scholar to read the poems in Hungarian. Kunst is the same age that Radnóti was when he wrote these last poems.

I’ve included the Hungarian text, several translations, and then a poem by the Australian poet John Kinsella from his sequence, “The Radnoti Poems.”

Read the translations in http://poetryfoundation.org/harriet/2008/11/hungary_dont_look_away_1.html
Llegiu les traduccions a http://poetryfoundation.org/harriet/2008/11/hungary_dont_look_away_1.html
Leed las traducciones en http://poetryfoundation.org/harriet/2008/11/hungary_dont_look_away_1.html
Lisez les traductions à http://poetryfoundation.org/harriet/2008/11/hungary_dont_look_away_1.html
alazaro Enviado - 14 diciembre 2008 : 21:40:36
Estrenan a Márai en Buenos Aires
En la capital argentina se está ensayando la puesta en escena
de la novela de Márai Sándor "El último encuentro"


Éva Kozma
EL QUINCENAL DE HUNGRÍA, Budapest
Número 64 - diciembre 2008

El elenco es muy interesante, viejos y buenos actores argentinos, como Hilda Bernard, Duilio Marzio y Fernando Heredia; y la directora es Graciela Izcovich, que al preguntarle sobre la obra contesta: “Lo que más me impresiona de esta novela, es cómo se puede aguantar una angustia semejante durante 41 años, aún cuando uno tiene la posibilidad de dilucidarla. Eso me asombra. Yo no podría quedarme con esa angustia y esa duda. Me moriría. Cómo se puede dejar pasar la vida así es lo que me pregunto. Esto pasa, y no sólo en el teatro.”

(http://www.quincenal.hu/)
alazaro Enviado - 14 septiembre 2008 : 15:33:44
La dona justa

per Teresa al seu blog
Paraules i mots
dijous, 4 / setembre / 2008

Hi ha lectures que fan pensar. La dona justa, de Sándor Márai, sens dubte, n'és una.

Primera part

Una tarda, en una pastisseria al Budapest d'entreguerres. La Márika explica a la seva amiga els fets que van desencadenar el fracàs del seu matrimoni.

“Un dia em vaig despertar, em vaig redreçar al llit i vaig somriure. Ja no sentia cap dolor. De cop i volta vaig comprendre que no hi ha cap persona veritable. No existeix, ni al cel, ni a la terra, ni enlloc, pots estar-ne segura. Només existeixen les persones, i en cadascuna hi ha un bocí de la veritable, però ningú no té allò que esperem o desitgem. Ningú no posseeix to això, no existeix aquella certa persona, l'única, la meravellosa, que ens podrà fer completament feliços. Només hi ha persones, i tothom té llums i foscors, tot...”

Segona part

Un vespre, en una cafeteria, també a Budapest. L'exmarit de la Marika explica a un amic com i per què va deixar la seva primera dona per una passió de joventut, la Juditka, que finalment es va convertir en la seva segona esposa i a qui més endavant va acabar perdent.

"Jo, amic meu, esperava un miracle. Simplement esperava que l'amor fos etern, que, amb la seva força misteriosa i sobrenatural, esvaís la solitud, anul·lés la distància entre dos éssers humans, enderroqués els murs artificials que la societat, l'educació, el patrimoni, el passat i els records havien dreçat entre tots dos. Aquell que veu perillar la seva vida escodrinya al voltant en cerca d'una mà que amb una estreta silenciosa li faci avinent que hi ha encara compassió, solidaritat, que en alguna banda viuen encara éssers humans. Amb aquest esperit vaig estirar la mà cap a la Judit”.

Tercera part

A trenc d'alba, en una pensió de Roma. La Juditka explica al seu amant com, ella, una minyona, va aconseguir casar-se amb un home ric, i com l'amor i el desig poden transformar-se en ràbia i ressentiment.

“Mai no m'havia fet por cap home. Em pensava que els tenia clissats. Creia que es componien d'un vuitanta per cent de vanitat i un vint per cent d'alguna altra cosa. No t'ofenguis, ja saps que n'ets l'excepció. Em pensava que els coneixia, que entenia el seu llenguatge. Ja que, de deu homes, n'hi ha nou que estan convençuts que captiven per la seva bellesa i intel·ligència. Volen que els parlis a cau d'orella, balbucejant, que t'hi refreguis com un gat i et meravellis de la seva gran perspicàcia.”


Parlar de les vivències pròpies és parlar de la vida. Ni les pel·lícules, ni els llibres, ni les teories sociològiques. Aquí són les converses les que tenen la paella pel mànec. En una conversa entre dues persones que es tenen confiança – dos amics, dos amants o dos germans – és on l'essència i la fugacitat de la vida traspuen i es filtren com si fossin aigua clara. Márai aconsegueix reproduir aquest efecte d'una manera extraordinària, i ho fa amb un llenguatge planer, precís i, sobretot, versemblant.

La primera, la segona i la tercera part de La dona justa: tres converses i tres punts de vista. I tres personatges que es despullen davant del lector. Treuen les misèries, les pors, els desitjos més ocults, les trivialitats o les estupideses. I ho fan a l'entorn del més clàssic i universal de tots els fils argumentals: un triangle amorós. En el rerefons, un món que s'esvaneix: el Budapest que primer seria arrassat per l'Alemanya nazi i, després, per la Rússia comunista.

En definitiva, una reflexió oberta, rica i matisada sobre l'amor i la vida.

(http://paraulesimots.blogspot.com/2008/09/la-dona-justa.html)
alazaro Enviado - 09 agosto 2008 : 21:13:20
A Gorizia in primo piano Béla Balàzs
Premio Amidei


Articolo di Alessandro Cuk
NonSoloCinema, anno IV n. 20
Pubblicato domenica 20 luglio 2008

A Gorizia il Premio Amidei ha dedicato, in questa edizione, uno spazio particolare a Béla Balàzs, personalità poliedrica che ha molte attinenze anche con il cinema. Balaàzs nasce in Ungheria nel 1894, ma è anche mezzo tedesco. E’ autore di poesie, drammi, novelle (qualche suo testo viene musicato da Béla Bartòk), romanziere, saggista. In ambito cinematografico è conosciuto soprattutto come teorico, autore di testi come L’uomo visibile, Estetica del film e Il film, essenza ed evoluzione di un’arte nuova.

Ma a Gorizia si è approfondita un’altra angolazione, forse meno conosciuta, quella di sceneggiatore. Il Premio Amidei ha presentato numerosi film con Balàzs autore, alcuni dei quali riguardanti il periodo del muto e che sono stati accompagnati da musica dal vivo. Opere brillanti realizzate in Germania come Madame wünscht keine Kinder di Alexander Korda nel 1926, o Grand Hotel di Johannes Guter nel 1927. Pregevole la trasposizione, da una novella di Schnitzer, di Fräulein Else con la regia di Paul Czinner nel 1929. Molto celebre anche il film di Pabst Die Dreigroschenoper, tratta dal testo di Brecht L’opera da tre soldi.

Di grande interesse anche un film ungherese del 1947, Accadde in Europa, sceneggiato insieme al regista Gèza Radvànyi. Un’opera che parla della condizione dell’infanzia abbandonata al suo destino alla fine della guerra, una sorta di Sciuscià all’ungherese, un film bandito in Ungheria dove potrà essere proiettato soltanto nel 1979, trent’anni dopo la morte di Balàzs.

Al premio Amidei c’è stata inoltre un’interessante tavola rotonda sul cinema di Balàzs che è stata anche l’occasione per presentare l’edizione critica del primo libro sulla teoria cinematografica dell’autore ungherese, ovvero L’uomo visibile che seppur edito nel 1924, non aveva mai avuto la sua edizione integrale in italiano. Un libro già da qualche anno caldeggiato dalla manifestazione goriziana e che è stato curato dal professor Leonardo Quaresima, del Dams Cinema di Gorizia, che ha confezionato il corposo saggio iniziale del volume.

All’incontro hanno partecipato, oltre al curatore del libro, Nereo Battello, presidente dell’associazione di cultura cinematografica Sergio Amidei, il critico cinematografico Goffredo Fofi e il direttore delle radio magiare Béla Somraki che ha impreziosito la tavola rotonda con tante notizie sulla figura di questo straordinario personaggio che meritava senza dubbio un approfondimento, sia per le sue qualità di sceneggiatore che per essere stato uno dei pionieri nell’occuparsi di teoria del cinema.

(http://www.nonsolocinema.com/stampa11831.html)
alazaro Enviado - 15 julio 2008 : 23:50:53
Llega a México nuevo libro del autor de culto Sándor Márai
Comienza a circular La extraña, publicado por Editorial Salamandra


Ericka Montaño Garfias
LA JORNADA, México
15 de julio de 2008

Desde este martes circula en México la versión en español de La extraña, novela del escritor húngaro Sándor Márai (1900-1989), convertido en autor de culto.

Cuando parecía que el también periodista ya lo había dicho todo en sus libros, con éste, que escribió en 1934, gira la tuerca.

Eso es lo que ocurre en La extraña, publicada por la editorial Salamandra y distribuida por Océano. Son 3 mil 500 los ejemplares destinados al mercado mexicano y forman parte de la primera edición que apareció en España, el pasado abril.

Márai siempre tiene sorpresas acerca del ser humano y sus emociones, las más oscuras, las más brutales, las que sólo se confiesa a sí mismo mientras camina con una máscara para ajustarse a los demás, a la sociedad en la que vive y cuyas reglas, por paradójico que parezca, transgrede.

La extraña se suma así a la lista de novelas y autobiografías traducidas al castellano: El último encuentro, La herencia de Eszter, La amante de Bolzano, Divorcio en Buda, Confesiones de un burgués, La mujer justa y ¡Tierra, tierra!. Libros que lo han convertido en uno de los grandes escritores del siglo XX y en el autor de culto del momento. Además, figura la biografía Sándor Márai, escrita por Ernö Zeltner y publicada por las universidades de Valencia y Granada.

Influencia en la sociedad húngara

La obra de Márai no se queda en la novela y la autobiografía: desde los 18 años se ocupó del teatro, la poesía, el cuento, el periodismo, el ensayo y un diario personal. Sus títulos casi llegan a la centena, sus obras de teatro tuvieron gran éxito y era considerado uno de los grandes autores de su tiempo, con fuerte influencia en la sociedad húngara intelectual. Pero todo eso cambió con la Segunda Guerra Mundial.

Cuenta en su diario –en fragmentos publicados por la revista The Hungarian Quarterly en la primavera de 2004–: “18 de marzo (1984). Una cena en el departamento de la calle Mikó, hoy hace 40 años. Hasta ese momento todavía estaba todo en su lugar, dos sirvientas, el gran apartamento. La mesa puesta como en los viejos buenos tiempos: cubiertos de plata, vajilla de porcelana, todo como debía ser. De los miembros de la familia que estaban sentados a la mesa esa noche, compartiendo la comida en mi santo, han muerto mi madre, la tía Julie, mi cuñado Gyula, mi cuñada Tessi, y Alice Madách. Mis hermanos todavía están vivos, yo también, y L. también, aunque apenas. Esa noche las tropas nazis ocuparon Budapest. Todo se dislocó, la vida, el trabajo, Hungría, el viejo orden y el desorden. Un rompimiento total. Yo tenía 44 años y me estaba recuperando de una severa enfermedad. Dos semanas después vino la mudanza a Leányfalu, al exilio, con el perro y una sirvienta. Comenzó el bombardeo de Budapest y nuestra casa fue impactada por 36 bombas el último día del cerco; todo fue destruido. Dejé la mitad de mi vida ahí. Después vino el segundo round, la itinerancia a través de los continentes. Fue hace 40 años que pereció el que yo era hasta ese entonces, y que tomó forma ese otro que soy... pero ahora incluso eso está en proceso de desintegración”.

Cinco años después, a la edad de 89, Márai se suicidó en su casa de San Diego, en Estados Unidos. Nunca regresó a su país.

Exilio en Estados Unidos

Como advierte Zeltner en su biografía sobre el escritor húngaro, trazar la vida de Márai se convierte en una aventura: “El autor ha ido construyendo a lo largo de toda su vida de escritor un verdadero ‘laberinto’ en el que se confunden los hechos y los recuerdos, la biografía y la ficción de manera singular. En varias de sus obras es al mismo tiempo autor de la novela y personaje literario, es decir, ha entretejido en las novelas su vida o momentos de su vida y convertido de ese modo su vida en una novela”.

Lo básico en la vida de Sándor Márai es que nació en la localidad de Kassa, que en ese entonces pertenecía al imperio austro-húngaro pero ahora se llama Kosice, en Eslovaquia. Su familia pertenecía a la burguesía. Su primera obra data de 1918 y era poesía; después estudió periodismo, lo abandonó, viajó por Europa y ya para los años 30 se había convertido en referente literario en lengua húngara.

Se casó con el gran amor de su vida, Lola, la “L” que aparece en sus diarios y quien, a su vez, llevó su propio diario contando la cotidianidad al lado del escritor.

Márai fue antinazi y con la llegada de los comunistas abandonó su tierra, pues permanecer en Hungría habría significado legitimar un sistema en el que no creía. Ese exilio le valió que su obra fuera vetada en su país desde 1948; sin embargo, mantuvo un programa radiofónico que se transmitía en su patria aunque, por supuesto, hablaba bajo seudónimo.

Viajó a Italia y vivió durante mucho tiempo en el hermoso barrio napolitano de Possillipo, de ahí a Nueva York y después en San Diego, a unos pasos de la frontera con México, país que sí visitó.

Antes de su muerte comenzó a revalorarse su obra en Hungría, donde hoy las librerías están llenas de sus obras; sin embargo, los húngaros se dividen entre quienes lo consideran un gran autor y los que creen que es un traidor por haber salido en época de crisis.

Con todo, en el edificio construido donde estaba su casa en la calle Mikó, cerca del castillo de Budapest, está una placa de mármol para recordar que ahí vivió el autor de La amante de Bolzano, y a dos pasos un pequeño parque donde se erige un busto sobre un pilar adornado por su firma solitaria.

Más interesante es lo que ocurre en el resto del mundo: sus novelas y autobiografías han sido traducidas a varios idiomas, fue redescubierto con grandes ventas y México no es la excepción. Más ahora con la llegada de La extraña.

(http://www.jornada.unam.mx/2008/07/15/index.php?section=cultura&article=a04n1cul)
alazaro Enviado - 12 julio 2008 : 18:56:54
Entrevista a György Ferdinandy

Por Sebastián Santos
EL QUINCENAL DE HUNGRÍA, Budapest
Núm. 55 - Julio de 2008

“A la mañana trabajaba en húngaro, en casa, a la tarde en la Universidad, y después de las cinco, cuando llegaba, Mari estaba preparando algo. Los amigos iban llegando, más y más. Ella tenía su cocina abierta, y todos se sentaban mirando a Mari, que cocinaba. Enseguida, yo empezaba a servir los cubalibres.”

En frío, György Ferdinandy es un famoso escritor húngaro, que escribe en su lengua materna, francés y castellano, y merecedor de varios premios nacionales e internacionales, como el del Duca o el Saint-Exupéry de Francia, el del PEN club de Puerto Rico, el József Attila de Hungría, y nominado en 2005 al Príncipe de Asturias de España.

Pero apenas nos sumergimos en su obra, y más como en mi caso, que primero tuve el gusto de conocerle en persona, el escritor se convierte en un incansable torrente de emociones, difíciles de controlar. La lectura se torna insaciable, voraginosa.

De los años que llevo en Hungría, es el primer húngaro de izquierda que conozco, un verdadero heredero del ’56. Un ejemplo tangible de que la Revolución no fue, como muchos pretenden, un intento de regreso al Capitalismo, sino una sangrienta apuesta por un socialismo democrático.

Con el fracaso de la Revolución se transformó en disidente, abandonó Hungría. Continuó su vida en Francia como escritor, pero consciente y participante de las injusticias de la nueva sociedad donde se asentó. "Uno está a favor de los oprimidos, donde quiera que sea", me dijo aquella tarde en que nos vimos. En Francia, como no, tomó partido por la liberación de Argelia, y con ello se ganó la espaldada de las editoriales.

Siguiendo los pasos de su tío, Miguel Ferdinandy, el también famoso historiador, decidió probar suerte en Puerto Rico, donde le ofrecieron trabajar en la Universidad de Río Piedras.

Miguel había dado algunas vueltas antes de instalarse en la Isla. De diplomático en Portugal, después del golpe de estado de Carmona, seguido de la dictadura de Salazar y el Pacto Ibérico con Franco para aplastar la República Española, emigró a Argentina ayudado por Francisco Ayala, amigo y escritor. En la Universidad de Cuyo, en Mendoza, las cosas no fueron mucho mejor, y cuando Perón subió al poder en los ’40, también tuvieron que marcharse. Fueron a Puerto Rico, una vez más, invitados para trabajar en la Universidad.

György, en Puerto Rico, continuó con su catarsis literaria, ahondando en los problemas de la nueva sociedad que lo había recibido. Hoy se vanagloria de haber estado presente, en 1965, en el entierro de Don Pedro Albizu Campos, el inigualable líder independentista, presuntamente autor del atentado de Truman, y la toma del Senado americano de 1954.

La denuncia social es un tema reincidente en sus libros. Y en Puerto Rico se nutrió del amplio abanico de desigualdades, que magistralmente noveladas inundan sus libros, la represión, el racismo, la inmigración ilegal, como en aquel “Doña Fe”, de Cielos vacíos.

De Puerto Rico, el paso a Estados Unidos fue inevitable, y fácil, aunque le tomó más de 30 años. Ahora vive entre dos continentes, con una casa en Miami y otra en Budapest. Su condición de latinoamericano lo emparenta al tradicional anti imperialismo, acusando la denuncia del perverso sistema capitalista. El libro que ahora tiene entre manos, narra la historia de un exiliado húngaro, al que después de 50 años de vivir en Estados Unidos, lo meten un buen día en la cárcel, sin juicio ni abogado, por sospechas de terrorismo. Y después de 2 años de prisión lo deportan a su país natal, dejando en la tierra prometida mujer y 9 hijos.

Esto que escribe ahora lo llama “sociografía”, ya que lo que hace es novelar un delicado y minucioso trabajo de investigación, sobre un caso concreto. En su obra hubo otros precedentes, como el último libro, "La vida es solo un día", o “Chica”, de Cielos vacíos. Aunque ojeando su obra, toda ella es una gigantesca sociografía, y la más interesante, por supuesto, la propia.

Estas cuatro referencias a su biografía, a sus viajes, nos permiten ver la sinceridad y la total descarga que en cada línea el autor hace de su vida. Probablemente, una realidad mucho más comprensible para aquellos que comparten el exilio constante, la eterna etiqueta y la seguridad de ser extranjero, donde quiera que estén. “Aprendí a vivir como extranjero, como cuerpo extraño en una sociedad ajena, incluso en mi propio país”, me dijo cuando me echaba unos cubitos en el vaso, y me repetía, indignado, como todavía hoy, viviendo aquí en Budapest, se refieren a él como “de origen húngaro”.

Pero la sensación de “sapo de otro pozo”, que tan bien funciona para denunciar lo que sucede en otros países, en Hungría, pese a no sentirse, ni sentirle en casa, no camina. En sus libros, Hungría no es objeto de denuncia, y si lo es, está cubierta de un suave manto de resignación. Por supuesto, describe el abuso policial, la pauperización de la sanidad, la falta de libertad de expresión, la intolerancia, el neoliberalismo, pero lo hace entregado, como si volver y ver la propia casa fuese una necesidad tan fuerte, que no incomoda llegar y acurrucarse, incluso en un nido de espinas.

Probablemente la muerte de sus padres, en su ausencia, en la cruda miseria socialista, es algo que lo persigue y angustia, como bien relata, hasta la lágrima, en “La muerte del padre”, de Hambre en el paraíso. De hecho es el peor de los castigos para los que nos hacemos extranjeros, ni oír ni ver morir a los que les debemos la vida. Una cierta sensación de traición por habernos ido nos cuelga; y al volver, ya no nos permitimos la crítica. Solo queremos estar cerca y abrazarnos.

“Nosotros no podemos hablar de política aquí con nadie, ni en la familia, ni fuera de la familia, ni ella ni yo. Pero no solo de política. De las cosas más sencillas no podemos hablar. Sabemos cuáles son los temas tabúes aquí. Por ejemplo, la iglesia. Yo prefiero no hablar más de nada que pueda asustar a mis compatriotas”, me dijo con el corazón en la mano.

Algo similar pasa con el tema de Cuba, pero al revés. “Una experiencia interesante pero en la que no se siente involucrado.” Su mujer, María Teresa, es cubana, y salió de la Isla, de bien pequeña, cuando la Revolución. Su generación suele ser de un anticastrista obtuso, en Estados Unidos, declaradamente republicanos. Mari no. Ella es un ser de izquierda, como su marido, crítico y negociador. Para ellos, Cuba, que en el circuito progresista puertorriqueño de los años ’60 era un ideal, no representaba tampoco el Paraíso. La historia familiar de una, y el pasado soviético del otro, no les permitían apoyar semejante régimen, pero tampoco desmerecer las políticas sociales, de alfabetización y sanidad.

György, desde el 2000 está jubilado, y se permite largas estancias en Hungría y en Florida, acompañando a su mujer, que trabaja de profesora de inglés en un Instituto. Sin sucesión de continuidad los libros siguen editándose, ahora fundamentalmente desde Puerto Rico, desde Isla Negra. Trabaja en conjunto con su mujer, María Teresa Reyes Cortés, y un buen amigo de la Isla, Jesús Tomé. Forman un equipo maravilloso.

Si en Puerto Rico, las mañanas eran el ámbito de reflexión, lectura y escritura, ahora ese lugar, ese espacio y ese tiempo, lo ocupa al completo Estados Unidos, donde incluso se ha tomado la molestia de quedarse sin carro, para acentuar la distancia novelesca, que le permite observar la realidad lejos, bien lejos, y escribirla, ajeno. Más extranjero que nunca. Solo.

Las tardes de Puerto Rico las pasaba dando clase en la Universidad. Ahora parecería ser que es Hungría el ámbito de lo público. Las tardes de Río Piedras se trasladaron a la orilla del Danubio. Y aquí da charlas en la Universidad, presenta libros, y da entrevistas, como la que a mí me ofreció, o la del Magyar napló de enero, o la que aparecerá en breve en el 168 óra.

Las noches en la Isla, eran noches de amigos y de ron. “30 años de ron te convierten en un ser sonriente y en una buena persona”. ¡Qué duda!, terminando ya la entrevista. En el siglo XXI, los amigos dieron paso al calor de la familia, y como en el tango, siempre se queda volviendo, como bien lo reflejan sus dos últimos libros. Vive en una preciosa casa del Distrito XII, con un jardín de un verde rabioso, un robusto y peludo perro, su mujer, su hermano y su hermana, cargados de hijos y de nietos. En Miami, comparten casa desde hace poco con su hijo Jorge. Sin lugar a dudas, después de tanto andar, es una historia con final feliz.

Obras publicadas en castellano:

(1998) Hambre en el Paraíso. Orpheus. Budapest.
(1999) 99 poesías. Antología de lírica húngara contemporánea. Orpheus. Budapest.
(2004) Regresos. Isla negra. San Juan.
(2006) Cielos vacíos. Isla negra. San Juan.

(http://www.quincenal.hu)
alazaro Enviado - 17 junio 2008 : 00:38:49
Márai: «Liberazione», l’assedio sovietico nell’Ungheria del 1944,
l’avvio di un tormento durato oltre 40 anni


BRUNO VENTAVOLI
La Stampa, Torino
"Tuttolibri", num. 1619, sabato 14 giugno 2008

Sándor Márai
LIBERAZIONE

trad. di Laura Sgarioto
ADELPHI, pp. 162, euro 16,50


«Il grande caos della guerra è finito. Ma questa fine è solo l'inizio di un'altra guerra. No, non avremo ancora pace». Sono i pensieri che affiorano nella mente di Erzsébet, una giovane ungherese nascosta in cantina negli ultimi giorni dell'assedio di Budapest, nel '44. A leggere con la conoscenza del poi, queste frasi di Liberazione, la nuova opera di Márai ottimamente tradotta da Laura Sgarioto, sono davvero più che profetiche. Perché il romanzo fu scritto tra il luglio e il settembre del '45 quando la guerra era appena finita, e per l'Ungheria, per Márai stesso, la pace era davvero lontana. Anzi, era l'inizio di un tormento durato oltre quarant'anni. Per il Paese, un faticoso cammino nel socialismo reale e nell'occupazione sovietica; per Márai, la fuga in un esilio senza fine, concluso nell'89, a San Diego, con un colpo di fucile suicida.

Márai visse direttamente la devastazione dell'assedio. Le bombe gli polverizzarono la casa, con tutti i libri, costringendolo a sfollare nel villaggio di Leányfalu; il destino gli regalò un figlio, perché in mezzo alle macerie trovò un piccolo orfano che adottò per sempre. Appena finito il conflitto, colmo di vitalità letteraria, Márai pubblicò otto libri in tre anni sperando di cancellare l'orrore con la scrittura. Ma l'entusiasmo durò poco perché nel '48 Lukács lo bollò come pericoloso decadente borghese e finì letteralmente al macero.

Liberazione, comunque, era già rimasto chiuso in un cassetto. Era troppo scabroso e crudo nei confronti dei liberatori sovietici (come le pagine che vergava segretamente nei Diari, sprezzanti verso i soldati rossi brutali, rozzi, ladroneschi) e uscì solo nel 2000. Ma al di là di ciò, è un secco, tragico, bellissimo romanzo sullo strazio della guerra visto attraverso gli occhi di Erzsébet, figlia di un astronomo braccato dai fascisti, non perché avesse fatto attività sovversiva, ma perché la sua ostinata passione per gli eventi del cielo, e la sua indifferenza agli eventi politici terreni, suonava scandalosa alle dittature. Mentre Budapest crolla, casa per casa, Erzsébet e altri concittadini si sono rintanati nelle cantine, ammassati come bestie di una porcilaia. Restano là, sotto terra, quattro lunghe settimane. Intorno a loro vibra l'apocalissi. Paura, puzzo, fame, delazioni, cecchini, ebrei braccati e massacrati fino all'ultimo dai sicari nazisti. Alla speranza per la pace che si avvicina, si mescola, nei civili stremati, anche l'incertezza per il futuro. Come saranno i russi? E questo bolscevismo che la propaganda aveva dipinto trinariciuto sarà davvero così disumano? Si chiedono i budapestini inermi di fronte all'oscena potenza delle armi. C'è chi sospetta, ma anche chi cerca di rassicurare, sostenendo che il comunismo è un'utopia come tante altre e vuole costruire una società migliore. Laggiù in Russia, addirittura, ci sono le Poste più efficienti del mondo; e sotto le divise sovietiche respirano e languono uomini normali.

L'angoscia dell'attesa sfuma nel momento in cui spunta il primo fante dell'Armata Rossa nel rifugio sotterraneo. Cerca di scambiare qualche parola straniera con Erzsébet, poi prende con la forza il suo corpo sporco, impaurito, arreso, su un lurido materasso, non come se commettesse una violenza, ma ubbidisse quasi a una sentenza disumana. Forse per questo, quando l'amplesso finisce, Erzsébet non prova neanche rabbia. Pensa con distacco che quanto accaduto non è stato terribile, solo disgustoso, doloroso, goffo. E quando trova il cadavere del suo violentatore, ucciso da una delle ultime pallottole di quella guerra, sente addirittura calma. Ciò che è terribile è il mondo intorno. I morti, i bossoli, le macerie. Uomini che mimano entusiasmo, cercando la benevolenza dei tovarisc liberatori, e uomini che fingono di non vedere gli stupri. «A quanto pare sono libera», dice Erzsébet ad alta voce, finalmente riemersa alla luce grigia dell'alba, dopo tanto tempo nel buio delle catacombe. Era il 1945. E di stupri alla nazione ungherese ne sarebbero avvenuti ancora tanti. Márai non poteva saperlo, ma con la sua straordinaria rabdomanzia nei confronti del destino, l'aveva intuito.

(http://www.lastampa.it/_settimanali/ttL/)
alazaro Enviado - 09 junio 2008 : 18:45:54
Fejtö, miserias y grandezas de la Mitteleuropa

Lluís Foix
LA VANGUARDIA, Barcelona
07/06/2008

Ha muerto muerto François Fejtö. Nuestra prensa le ha dedicado pocas líneas. Estamos tan obsesionados por la trivialidad de nuestras trifulcas internas que nos permitimos el lujo de ignorar a un periodista, escritor, historiador y filósofo que nació en 1909 en Hungría y que durante generaciones ha hecho entender a Europa Occidental la Mittleuropa o la Europa del Este

Tengo varias cartas de François Fejtö desde que en los años ochenta y noventa publicaba regularmente en las páginas de La Vanguardia. Escribía con la fragilidad de un hombre que vivió las tragedias que trituraron varias veces las tierras centroeuropeas el siglo pasado.

A veces hablábamos por teléfono para comentar sus originales que traducíamos del francés. Murió en París el 2 de junio a los 98 años.

Judío, bautizado católico y naturalizado francés en 1955, Fejtö fue autor de la célebre obra "Historia de las democracias populares" que le valió el estigma de la izquierda apadrinada por Jean Paul Sastre que no aceptaba la más leve crítica de las democracias populares, que no eran ni democracias ni populares.

Me impresiona la biografía de esos personajes que nacieron en el seno del imperio de los habsburgos, pasaron por dos guerras mundiales, vieron troceados sus territorios con nuevas fronteras y acabaron siendo acogidos por patrias ajenas que con frecuencia ignoró su valía. Qué triste es quedarte sin raíces sin poderlas enraizar profundamente en nuevas patrias.

Cuenta Daniel Vernet en Le Monde del día 4 cómo millones de centroeuropeos, Fejtö entre ellos, vivían bajo el paraguas del imperio austrohúngaro en el que se hablaban docenas de lenguas, se practicaban diversas religiones, se mezclaban razas y culturas, bajo la mirada lejana y benévola del emperador Francisco José.

La Gran Guerra fue la primera catástrofe del siglo. En sus memorias "Le Passager du siècle" leo ahora la nostalgia de aquella vieja Europa en la que circulaban libremente las personas, cruzando nacionalidades y culturas, en una cohabitación que era difícil pero fue posible durante varios siglos.

El alemán, el húngaro, el croata y el serbio eran lenguas de comunicación habitual. Fue excluido de la Universidad de Pec por sus relaciones con el partido comunista húngaro clandestino y no pudo doctorarse. Al llegar a París en 1938, Europa está en vísperas de la segunda gran guerra. Frecuenta a Sartre, Mounier, Maritain con los que establece relaciones personales y literarias.

Un amigo suyo de estudios, Laszlo Rajk, dirigente del partido comunista húngaro es acusado de titismo y de trotskismo y es víctima de las purgas de Stalin en los territorios ocupados por el Ejército Rojo. Fejtö defiende a su amigo en un célebre artículo que Mounier le publica en la revista Esprit con el llamativo título de "El caso Rajk se ha convertido en un caso Dreyfuss internacional", refiriéndose al militar judío que una generación anterior había sido condenado sin pruebas y fue defendido por el célebre alegato de Émile Zola "Yo acuso", publicado en el diario Aurore.

Se distancia del partido comunista francés que le condena al ostracismo pero traba amistad con escritores como Aron y Maritain trabajando como especialista en la agencia France Presse sobre temas de Europa del Este.

Vivió la caída de los imperios europeos, el nacimiento de nuevos estados, la división de Europa en dos bloques, la caída del Muro y, paradójicamente, la reunificación de Europa bajo la generosidad y visión de los padres de la Unión que al terminar la guerra dijeron "basta" y se pusieron a construir este gran espacio de convivencia y de progreso, sin guerras en el horizonte.

Sabemos muy poco de Europa Central. Nos han llegado escritores como Zweig, Mann, Ludwig que fueron muy leídos hace medio siglo. Ha sido el editor Jaume Vallcorba el que nos ha redescubierto en su editorial El Acantilado tantos escritores de aquella época, Sandor Marai es uno de ellos, que es muy aconsejable asomarse a ellos para observar la riqueza humana, intelectual, literaria y cultural de varias generaciones de figuras que desembocaron en la famosa escuela de Viena.

Fejtö hablaba con delicadeza de la Mittleuropa, como si acariciara la cristalería de Bohemia o los grandes prados de su Hungría natal. He leído varios de sus libros en los que, como su contemporáneo historiador Istvan Bibö, húngaro también, se mueven entre varios miedos endémicos.

El miedo a Rusia y el temor a Alemania. Al sur, los pueblos balcánicos, fronterizos de dos civilizaciones, acabarían siendo el pretexto de las primeras grandes confrontaciones del siglo pasado. Miserias y grandezas de los pequeños pueblos de Europa central que miran al Este con desconfianza y a Francia y Gran Bretaña como naciones que les acabarán dando cobijo cuando la barbarie se vuelve a encabritar.

(http://www.lavanguardia.es/lv24h/20080607/53475371505.html)
alazaro Enviado - 06 junio 2008 : 23:34:04
ADDIO A FEJTO, STORICO DELLA MITTELEUROPA

di Carlo Benedetti
ALTRENOTIZIE
Mercoledì, 04 Giugno 2008

Ha visto e vissuto - da vero passeggero del tempo - tutti gli sconvolgimenti storici, politici, culturali e sociali della vecchia Europa nel secolo folle. Testimone e scrittore nato nel cuore del continente e poi lanciatosi nel vortice della intellighentsija mitteleuropea. Ora di questo grande personaggio della storia e della politologia dei nostri secoli restano le opere e le memorie che aumentano in modo vertiginoso il suo prestigio, la sua autorevolezza. Francois (Ferenc) Fejto era nato a Nagykanizsa nel 1909, in Ungheria (tra il lago Balaton e la frontiera croata), ed è morto a Parigi all’età di 98 anni. Ne aveva cinque quando scoppiò la prima guerra mondiale e da ebreo cristianizzato ungherese (si era convertito negli anni Trenta), imparentato con grandi famiglie friulane, amico di infanzia di Rajk e Lukacs, quasi portava nella sua vita concreta tutti i simboli di quel multiculturalismo che l'impero astroungarico racchiudeva mentre aumentavano le fiamme dell’incendio generale.

Nel 1931 fu imprigionato per aver partecipato ad un gruppo di studio marxista. E l'elenco successivo delle svolte e delle convulsioni che la sua vita ha patito da cosmopolita obbligato all'esilio (prima da Hitler, poi da Stalin), coincide perfettamente con l'elenco di tutte le tragedie, gli splendori e le svolte del secolo: dalla belle époque al crollo del Muro di Berlino. Una peregrinazione continua - da vero ebreo errante - che ci fa ricordare quanto ebbe a dire Hannah Arendt a proposito delle persone sradicate e cioè che queste rappresentano la categoria più emblematica del XX secolo. E Fejto, appunto, è stato di questi periodi il politologo più credibile.

Era un giovane che, nell’Ungheria dell’ammiraglio Horthy, guardava alla vita quando l'Olocausto e la Seconda guerra gli portarono via amici e parenti. Ed era un uomo fatto quando, fuggito in Francia, (dove, di nuovo, all’epoca di Vichy fu costretto a nascondersi) si impegnò a denunciare lo stalinismo e i suoi crimini e a battersi, insieme al suo amico Albert Camus, a favore della rivolta ungherese del 1956. Ed è appunto in questo periodo del dopoguerra dell’Est che sceglie di raccontare - ripercorrendo la Storia - quel che accadeva realmente di là della Cortina di ferro. Il risultato è che, per una volta ancora, finisce al bando, messo in un angolo dalla cultura dominante.

La sua attività di studioso va quindi considerata come una sorta di sterminato reportage dall'esilio, per mantener viva la memoria di patrie sepolte. Ha raccontato, infatti, la storia di quel piccolo popolo che sono gli ebrei d'Ungheria; ha descritto la rivolta di Budapest del 1956; i drammi della Praga sovietizzata (un libro sul colpo di stato del '48 e uno sulla tragica primavera di vent'anni dopo).

Resta comunque famoso, per profondità di analisi e dovizia di particolari densi di realismo, quel suo lavoro monumentale intitolato “Storia delle democrazie popolari”. Ma è stato quel libro “Requiem per un impero defunto” che è un vero e proprio affresco storico sulla fine dell'impero austro-ungarico dove mostra che la dissoluzione della monarchia danubiana, non fu "ineluttabile" come si è a lungo sostenuto, ma invece il risultato di un disegno tenacemente perseguito dai capi di Stato dei paesi occidentali, inebriati del principio di nazionalità e ben determinati a sbarazzarsi della "patria di tutte le nazioni": lo Stato in cui un ceco, un ungherese, un ebreo, un ruteno potevano sentirsi ovunque a casa propria. Queste posizioni mitteleuropee trovano poi in Fejto una sistemazione organica. Il suo libro “Dio e il suo ebreo” ne è la prova.

E c’è poi quel suo “Viaggio sentimentale” - un saggio-romanzo - dove racconta di un viaggio fatto agli inizi degli anni Trenta nei luoghi che furono dell'Impero austro-ungarico, per rivedere affetti e amicizie sparsi dall'Adriatico a Budapest: ma per rivivere soprattutto nei ricordi e nelle impressioni ad essi legati. Un libro in cui i ricordi si mescolano a racconti, interviste politiche e letterarie fatte in Croazia e meditazioni di vario genere. Del suo modo di scrivere si può dire che tutte le sue pagine si caratterizzavano come dure e corpose, dense di realismo e di una forte carica emotiva.

In anni lontani si era aperto ai ricordi di famiglia, alle sue prime letture. “A Nagykanizsa mio padre, libraio, aveva una grande biblioteca multilinguistica e fra quegli scaffali avevo scoperto il Molnar dei Ragazzi della via Pal, il De Amicis di Cuore… Ho mescolato lacrime di commozione per la sorte di Nemecek e del Tamburino sardo…”. Poi per Fejto le grandi avventure nell’Europa rovinata dalla guerra. La passione per la verità, per le sorti di una Mitteleuropa sconvolta dallo stalinismo. E, soprattutto, l’amore per le illusioni e i meriti di quel padre della Cecoslovacchia che fu Thomas Masayk, “erede delle migliori tradizioni della nazione ceca”.

(http://altrenotizie.org/alt/modules.php?op=modload&name=News&file=article&sid=38531&mode=thread&order=0&thold=0)
alazaro Enviado - 06 junio 2008 : 22:17:32
François Fejtö

par Leïla Slimani
L'EXPRESS / Livres, Paris
02/06/2008

L’historien et journaliste François Fejtö, spécialiste de l'Europe centrale, est décédé lundi 2 juin à Paris à l’âge de 98 ans.

Né en Hongrie en 1909, Ferenc Fejtö appartient à une famille aisée de libraires, d’origine juive. Après des études littéraires aux Université de Pécs et de Budapest, il est condamné en 1932 à un an de prison pour avoir organisé un cercle d'études marxistes. En 1934, il adhère au Parti social-démocrate et collabore à des revues de ce parti. En 1935, il fonde, avec le poète Jozsef Attila et le publiciste Paul Ignotus, la revue littéraire antifasciste et antistalinienne Szép Szo. Il publie Sartre, Mounier, Maritain... Condamné à six mois de prison pour un article dénonçant la politique pro-allemande de son gouvernement, il quitte la Hongrie et s'établit en France en 1938. Pendant la guerre, il est résistant.

En 1945, François Fejtö dirige le bureau de presse de l'ambassade de Hongrie à Paris, il en démissionne à la suite de la condamnation de Laslo Rajk, un ami de jeunesse, et rompt tout lien avec la Hongrie. Il attendra 1989 et les obsèques nationales d'Imre Nagy, le héros malheureux de la révolution de 1956, pour retourner dans son pays natal.

Après la guerre, François Fejtö fréquente le Congrès des intellectuels pour la liberté, aux côtés de Raymond Aron, François Bondy, David Rousset... La publication, en 1952, de L'Histoire des démocraties populaires, un succès traduit dans dix-sept langues et plusieurs fois réédité, lui vaut la méfiance des intellectuels de gauche.

De 1944 à 1979, il fait une carrière de journaliste à l'AFP, comme spécialiste des pays de l'Est. Il acquiert la nationalité française en 1955. Il enseigne entre 1972 et 1984 à l'Institut d'études politiques. En 1973 un jury présidé par Raymond Aron lui accorde le titre de docteur ès lettres pour son œuvre.

François Fejtö a consacré l'essentiel de sa carrière journalistique et littéraire à l'étude des régimes communistes est-européens, dont il aura eu la chance d'observer la naissance, les progrès, le déclin et la chute. Il a aussi collaboré à de nombreux journaux et revues français et étrangers dont Esprit, Arguments, Contre-Point, Commentaire, Le Monde, Le Figaro, La Croix, Il Giornale, La Vanguardia, Magyar Hirlap... Proche de Nizan, de Mounier et de Camus, interlocuteur critique de Malraux et de Sartre, il a côtoyé les grandes figures du Komintern et du mouvement communiste, dialogué avec les maîtres du Kremlin, avec Tito, Castro et Willy Brandt, admiré et critiqué le général de Gaulle et François Mitterrand. Il était l'ami d'Edgar Morin et de Jean-François Revel.

(http://livres.lexpress.fr/portrait.asp/idC=13936/idR=5/idG=)
alazaro Enviado - 04 junio 2008 : 23:12:17
Fejtö passeggero del secolo
Morto l’intellettuale mitteleuropeo che sollevò il velo sui Paesi dell’Est


DOMENICO QUIRICO - CORRISPONDENTE DA PARIGI
La Stampa, Torino
3/6/2008

Quando arrivò la notizia che a Sarajevo uno studente serbo aveva ucciso l’arciduca Francesco Ferdinando e contemporaneamente la vecchia Europa del valzer e dell’idea del progresso, François Fejtö aveva cinque anni. Era, per lui, quell’agosto già così denso di ultimatum e di cannoni il mese bello della vacanza sulla spiaggia di Fiume, nella grande casa neorinascimentale che apparteneva alla famiglia di sua madre. Si parlava a tavola, obbligatoriamente, il tedesco, lingua della grande borghesia ungherese; all’indispensabile francese, il latino della Mitteleuropa, provvedeva già una governante. La vacanza finì bruscamente con quel telegramma che richiamava a Budapest il padre. E con la vacanza appassì una storia, una società, una cultura.

Era il mondo che questo - come lo chiamava il suo grande amico Edgar Morin - «meticcio culturale», scomparso ieri a 98 anni, non ha mai davvero lasciato. La sua Austria-Ungheria non era la prigione dei popoli. Semmai una grande famiglia promiscua e turbolenta, dove le classi alte passavano le frontiere senza passaporti in una sorta di Schengen del galateo e italiani, croati, sloveni e austriaci cugini bisbetici ma con cui alla fine si poteva trovare una intesa. Il deprecato Cecco Beppe riassumeva sotto l’ermellino la condannata grandezza di una idea-mito e il ricordo di una antica dolcezza di vivere. Era un padre sotto i cui occhi già velati da un sonno simile alla morte i figli ballavano l’ultimo valzer aspettando con golosa impazienza di morire nel fango di una trincea.

Ebreo, poi cristiano, poi laico, comunista convertito all’impegno con la buona stoffa di Aron, ungherese diventato francese nel passaporto ma soprattutto nell’animo e nella lucidità intellettuale: ecco questo straordinario passeggero del secolo. Non aveva alcuna nostalgia per l’antico regime austroungarico; ne rimpiangeva semmai la stabilità che, infranta, ha lasciato spazio al nazismo con i suoi feroci vassalli e poi al comunismo e ai suoi zelanti pascià fratelli. Fu appunto nel regime un po’ folcloristico di Horthy, «ammiraglio senza flotta di un paese senza mare», che Fejtö si avvicinò al comunismo e poi ne uscì cicatrizzato. La rivista che dirigeva in quegli anni già con spirito scomodo era al contempo antistalinista e antifascista, pubblicava come antidoti Sartre, Mounier e Maritain. L’ammiraglio non fu così sottile nei distinguo, gli inflisse un anno di galera prima che trovasse rifugio in Francia.

Nel 1938 a Parigi incontrò un amico di Budapest, Lazlo Rajk, che invece era rimasto comunista. Un giorno gli mostrò un dossier dei nefandi processi di Mosca. Rajk gli diede un’occhiata distratta: «Lasciami in pace. È robaccia trockista!». Dieci anni dopo, quell’uomo diventato ministro dell’Interno dell’Ungheria comunista fu condannato a morte per «trockismo e titoismo». Fejtö che lavorava alla France Presse, scoperchiò, documento su documento, per la prima volta il ghigno annichilatore del «sistema». Ma per pubblicarli su Esprit dovette lottare anche con un esitante Mounier. Il suo criterio nel scegliere tra gli uomini era il rigore, l’onestà. Per questo detestava Julien Benda che aveva inventato il tradimento dei chierici, ma nel 1949 aveva applaudito la scoperta del «complotto» di Rajk; o dall’altro lato André Malraux che dopo aver letto la biografia di Stalin scritta da Souvarin aveva commentato: «Voi avete ragione, ma sarò al vostro fianco solo quando sarete i più forti».

La sua Storia delle democrazie popolari (tradotta da Bompiani nel 1977), summa del dedalico impero comunista, gli procurò l’ostilità anche di Sartre. Il filosofo rifiutò di leggere il libro dichiarando che gli bastava, per giudicare, sapere che l’autore collaborava con il destrorso Figaro. Le sue relazioni sull’Est erano resoconti con la precisione lapidaria di un assegno bancario. Sapeva sempre trovare la via più breve per percorrere qualunque labirinto. Guardava, negli ultimi anni, al «secolo americano» con lo stessa disincantata lucidità che aveva riservato all’Est, deplorando che la sola mobilitazione fosse quella per i Mondiali di calcio e per Lady D. Nel 1949 aveva giurato che non avrebbe mai più rimesso piede in Ungheria fino a quando non avesse ritrovato la libertà. Infatti attese il 1989, quando ci fu la riparazione dei funerali di Stato per Nagy, eroe sfortunato della «rivoluzione» del 1956. Ma anche allora ripeté: «Non è alla mia età che si può cominciare una nuova vita». La sua unica, deliziosa bugia.

(http://www.lastampa.it/redazione/cmsSezioni/cultura/200806articoli/33376girata.asp)
alazaro Enviado - 03 junio 2008 : 23:17:56
TEATRO
La storia della Signora K e del suo feroce amore


MASOLINO D'AMICO
La Stampa, Torino
31/5/2008

A 21 anni Agota Kristof (n. 1935) scappò dall’Ungheria stalinista dov’era nata e cresciuta in un piccolo borgo senza elettricità e senza acqua corrente, e dopo un’esperienza in campo profughi austriaco fu accolta in Svizzera. Qui lavorò a lungo in una fabbrica di orologi prima di imparare partendo da zero una nuova lingua, e in questa diventare scrittrice. O meglio, ridiventarlo: perché, unica della sua poverissima famiglia, aveva sempre nutrito per la letteratura una vocazione addirittura feroce. A quattro anni il nonno la esibiva facendole leggere il giornale in pubblico, né la successiva esperienza delle sinistre scuolette rurali (freddo, fame, lezioni obbligatorie di russo) la distolse mai dalla passione per leggere qualunque cosa, e scrivere in ogni momento libero.

Le vicissitudini di quell’infanzia e adolescenza travagliate eppure a modo loro luminose sono rievocate in un collage di scritti autobiografici intitolato L’analfabeta, ridotto ora per il palcoscenico da Cristina Crippa come primo elemento di una Trilogia della signora K, completata da due testi nati invece per la rappresentazione, L’ora grigia e La chiave dell’ascensore (tradotti questi da Elisabetta Rasy, mentre la prosa dell’Analfabeta è di Elisabetta Bolzani). Curiosamente, o forse no, dei tre lavori il più appassionante all’ascolto risulta proprio il primo. Sì, qui la regia della stessa Crippa e di Elio De Capitani è briosa e inventiva, con due attrici vestite da bambine, grembiule nero e basco (la Crippa, e la giovane Elena Russo Arman) sdoppiantisi nella protagonista-narratrice ed eseguenti evoluzioni tra bauli che aprendosi e chiudendosi evocano vari ambienti più o meno rustici; ma anche negli gli altri due episodi l’allestimento, firmato dagli stessi, è squisito, né pare meno efficace la scenografia di Ferdinando Bruni, con un gioco di fondali semitrasparenti color crema alzati e abbassati a mo’ di vele, soavemente illuminati dalle luci di Nando Frigerio e movimentati da elementi mobili come un grande letto. Solo, quando scrive per il teatro la Kristof ignora, certamente di proposito, una delle grandi regole non scritte del dramma, ossia che l’azione deve procedere verso una meta.

In entrambi i casi infatti abbiamo una situazione di stallo: l’incontro squallidissimo tra una vecchia prostituta e un vecchio ladro, suo cliente abituale, che troppo logori ormai per fare altro si limitano a rivangare le occasioni perdute per costruirsi un rapporto più soddisfacente; e il monologo di una donna imprigionata dal marito in una torre. Sarcasticamente paragonata a una principessa che ha trascorso la vita nell’attesa dell’amante, questa in realtà è stata segregata da un uomo che ostentando sollecitudine per lei le ha fatto perdere progressivamente l’uso di gambe, occhi e orecchi, rendendola un fantoccio di puro dolore. Ora, entrambi gli apologhi, sia quello più vivace sia quello più pesantemente simbolico, sono consegnati come meglio non si potrebbe, mediante maiuscole interpretazioni della Crippa coadiuvata in un caso da un ironico, spiritoso De Capitani, con l’accompagnamento di una geniale violinista russa, Stefania Yermoshenko. Tuttavia durante L’ora grigia nasce un sospetto di non-progresso, di cane che si insegue la coda - insomma, di ripetitività - che ahimè diventa poi monotona certezza durante l’ultima pièce del trittico; terminato il quale (e i 100’ senza intervallo) gli interpreti vengono ineccepibilmente festeggiati.

All’Elfo di Milano fino al 22 giugno.

(http://www.lastampa.it/redazione/cmsSezioni/spettacoli/200805articoli/33308girata.asp)
alazaro Enviado - 07 abril 2008 : 01:37:29
Postal del viejo mundo

PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA
El Norte de Castilla, Valladolid
05.04.2008

La extraña
Sándor Márai

Traducido por M. Szijj y J. M. González Travijo
Salamandra. 160 páginas. 13 euros


Desde la aparición de El último encuentro en 1999, la recuperación de Sándor Márai ha sido entre nosotros un fenómeno tenaz y ascendente: una tranquila epidemia de entusiasmo que ha contagiado cada vez a más lectores.

Al escritor húngaro el destino le reservó una vida llena de turbulencias y, sin embargo, nunca perdió la compostura. Márai sobrevivió a dos guerras mundiales y al derrumbe de todo un mundo, el de la Centroeuropa ilustrada de principios del siglo XX. El comunismo le hizo exiliarse y viajar por Europa y América siendo sólo un anónimo escritor húngaro. Se retrató en su diario «completamente solo con mi trabajo, que apenas significa ya algo para unas pocas personas y, además, arrostrando todas las consecuencias sociales y existenciales de esta situación».

Márai se suicidó en Estados Unidos en 1989, unos meses antes de que cayese el Muro de Berlín y sus libros volviesen a ser publicados en Hungría. Hoy es una gran figura en su país y un clásico en muchos otros, como el nuestro, en los que sus novelas, reeditadas en ocasiones setenta años después de su publicación, son acogidas con la expectación que se reserva a las novedades.

La extraña apareció en Hungría en 1934, una época muy productiva para Márai, que era por entonces uno de los escritores más famosos de Budapest. Se trata de una novela breve que aborda uno de los clásicos del autor: el triángulo amoroso y el adulterio. Viktor Askenasi es un respetado profesor del Instituto de Estudios Orientales de París, un caballero tranquilo que un buen día decide dejar a su mujer para irse a vivir con una bailarina, provocando el consiguiente escándalo en su entorno social.

Askenasi vive su aventura de un modo intenso y a la vez desapasionado. Cuando éste toca a su fin, emprende sin demasiadas ganas un viaje por el Mediterráneo para ordenar las dependencias de su espíritu. Viaja por Grecia y se instala en el hotel Argentina de Dubrovnik acompañado por los fantasmas de su amante y de su mujer y atrapado en un enrevesado laberinto existencial. Enrevesado, pero apacible. Ante todo, Askenasi es un héroe antimoderno: un tipo educado para no exagerar sus emociones.

También es un hombre extrañamente impulsivo. Un mediodía tórrido en el hotel Argentina siente el arrebato de seguir los pasos de una misteriosa mujer «lejana y borrosa». Será el último error de un hombre culto, distante y algo irónico que parece especialmente susceptible al magnetismo de las equivocaciones. Askenasi es un antisentimental que obedece las imposiciones de su corazón con un afán entre científico y autodestructivo. Acompañar a este espectador de su propia vida en su peculiar caída es un ejercicio altamente estimulante.

También lo es disfrutar de la maestría de Márai, de su facilidad para retratar tipos humanos y sembrar la narración de ideas claras, penetrantes y asombrosamente vivas. Esta novela es una educada postal del viejo mundo que llega dirigida a nuestro nombre. Otra pieza perfecta de la fiable factoría Márai: ligera, inteligente, cosmopolita y exacta.

(http://www.nortecastilla.es/20080405/cultura/postal-viejo-mundo-20080405.html)
alazaro Enviado - 15 marzo 2008 : 01:58:47
La nueva lírica húngara
En el 2006, Isla Negra tendió un puente entre dos mundos alejados al publicar la antología Tendré un helicóptero.
Ahora, El Caribe recorre ese puente al conversar con una de sus autoras


Por Alejandro González
El Caribe, Santo Domingo
Domingo 9 de marzo del 2008

La editora puertorriqueña Isla Negra, que dirige el poeta Carlos Roberto Gómez, publicó hace dos años una joya literaria: una antología poética representativa de la nueva lírica húngara. Tendré un helicóptero, como se titula la compilación, vino a tender un puente entre los lectores hispanoparlantes y algunas de las voces más poderosas de la Hungría contemporánea.

Ahora, El Caribe conversa con María Teresa Reyes, una de las antólogas y traductoras del volumen, quien nos revela las claves de esta nueva edad de oro de la poesía húngara.

¿Por qué éstos diez entre todos los escritores jóvenes de Hungría? ¿Qué juicios primaron a la hora de hacer la selección?


Son del círculo de Magyar Napló, una revista literaria húngara de las que más llaman la atención en la actualidad. Estos autores nacieron a principios o a mediados de la década de 1970. Son, entonces, la primera generación de poetas en surgir en la Hungría post-Pacto de Varsovia.

¿Cómo los marcó esta etapa? ¿Cómo se refleja la transición política y económica en sus obras?

Investigan y descubren libremente. La transición, que en Hungría se llama “cambio de sistema”, aparece poco en sus obras. Sus aspectos negativos sí se presentan. Pero la literatura de ellos no se trata de panegíricos.

La nueva lírica húngara ha apostado por un lenguaje claro y poco simbólico, lleno de ironía y de criticidad, para abordar temas cotidianos, ¿no?

Porque la nueva lírica húngara acaba de salir de la confusión pos-moderna. De aquí la búsqueda de un lenguaje claro y preciso. Esto es lo que se buscó en las traducciones también.

¿Cuáles son las principales dificultades que presenta la traducción poética del húngaro al español?

El húngaro es una lengua arcaica, aglutinante, presenta bastantes dificultades. Es difícil mantener la métrica traduciendo de una a la otra, pero luchamos para lograrlo. Lo bello de este trabajo es el equipo y con este equipo volvemos a los orígenes húngaros, que para construir una casa lo hacían en equipo. Los traductores que buscaban belleza y fidelidad y el editor que es poeta también buscaron llevar un trabajo serio como se merece el arte.

Una de las autoras incluidas en la antología, Anna Szabó, quien es también traductora, ha dicho que la mejor forma de medir la calidad de un autor es traduciendo su obra, ya que esto permite conocer a fondo los tesoros o los defectos que oculta. ¿Comparte la opinión?

!Definitivamente! A través de la traducción se logra saber el nivel del original. Hay alguna que otra traducción que habrá logrado sobrepasar al original, pero con todo esto..., una traducción nunca llega a la altura del original.

¿Existen entre la cultura húngara y la latinoamericana intersecciones literarias que nos unan más?

Más allá del “misterioso poder de las palabras” está la historia que puede servir de lazo. Europa Central y América Latina tienen mucho en común en cuanto a lo que a historia se refiere. Carlos Fuentes ya lo ha señalado. Durante la guerra fría hubo contactos entre escritores latinoamericanos y húngaros –como el caso de Pablo Neruda-, dados, en parte, por la afinidad ideológica. Pero desde la caída del muro de Berlín, la distancia que nos separa parece haber aumentado. Los países que experimentaron no el socialismo, sino el imperialismo soviético, no quieren más de esta experiencia. Les resulta difícil de entender que otros buscan nuevos caminos en o dentro de lo que les parece negativo en su pasado.

Para el lector dominicano que se quiera acercar a las letras húngaras, ¿cuáles son los autores imprescindibles?

No sé si se consiguen autores contemporáneos en español. Habrá que buscar en las grandes antologías editadas por Corvina en Budapest durante las décadas del 70 y del 80. Autores de hoy, ahora: Adam Bodor, Peter Eszterhazy, o el premio Nobel Imre Kertész.

El año pasado se cumplió el 70 aniversario de la muerte de Attila József. ¿Qué representa en la actualidad su legado literario para Hungría?

Attila József es el poeta de quien salió toda la poesía de los últimos 50 años. Es imprescindible descubrir su obra, y como en el caso de Pablo Neruda no solamente su producción política.

De antemano, ¿a qué le debe prestar atención el autor que lea Tendré un helicóptero?

Entre muchas cosas, y más bien en el primer lugar, al esfuerzo que hacen todos estos jóvenes para superar el legado pos-moderno. Cada uno a su manera, claro está. Otro punto es a la entrelínea, los cambios políticos han dejado las artes en una situación económica muy precaria y eso está ahí presente en la línea y en la entrelínea.


La antología Tendré un helicóptero incluye poemas de diez autores húngaros, todos entre los 29 y 36 años: János Lackfi, Lászlo Lázár Lovétei, Gábor Nagy, Ana Szabó T., Tamá´s Jonás, Noémi Lázsló, Krisztián Peer, János Szentmártoni, Orsolya Karafiáth y Péter Oravecz.

Algunos ya han sido premiados por su obra con el galardón literario más importante de Hungría: el Premio Nacional József Attila. Esta recopilación fue presentada en Santo Domingo en la Feria del Libro del 2006.

Hoy se puede encontrar en la librería La Trinitaria.

María Teresa Reyes, la entrevistada, nació en Pilar del Río, Cuba, en 1956. Es profesora universitaria y especialista en la literatura húngara. Realizó estudios en Literatura Comparada en la Universidad de Puerto Rico y completó su doctorado en la Universidad Elte en Budapest, Hungría.

Ha traducido la obra de otros escritores húngaros al español, entre ellos: László Deák y el prestigiosos narrador y premio nacional húngaro Georges Ferdinandy. Este último trabajó con ella en la antología.

(http://www.elcaribecdn.com/articulo_caribe.aspx?id=158568&guid=9959A3DD1D76438EBF03DB8BD0E3330A&Seccion=17)
alazaro Enviado - 21 febrero 2008 : 20:32:29
Laszlo F. Földényi : les sanglots de l'espérance

Patrick Kéchichian
LE MONDE DES LIVRES, Paris
21.02.2008 (Article paru dans l'édition du 22.02.08.)

Prince ou homme de peine, trader parisien ou nomade d'Asie centrale, quelle est votre place dans le monde ? L'histoire a-t-elle besoin de vous pour avancer ? A son cours majestueux et sanglant, qu'avez-vous à opposer ? Question subsidiaire : pour calmer votre angoisse et lutter contre le sentiment d'impuissance qui vous assaille certains matins, vous arrive-t-il d'invoquer la figure marmoréenne du philosophe allemand Georg Wilhelm Friedrich Hegel ? Un jour du printemps 1854, au sud de cette Sibérie où il venait de subir quatre années de bagne, Dostoïevski tomba sur un passage des Leçons sur la philosophie de l'histoire, professées par Hegel vingt ou trente ans plus tôt à Berlin. C'est du moins ce qu'imagine - s'appuyant sur un infime détail biographique - l'essayiste hongrois Laszlo Földényi. Dans ces pages qui traitent de l'Asie, l'illustre professeur, juché sur sa chaire, décrète que la Sibérie, et particulièrement cette "déclivité septentrionale" où se trouve relégué l'écrivain russe, "n'est pas propice à une culture historique ou à devenir un acteur particulier de l'histoire". Terrible révélation ! Jugement presque dernier, vertical et sans appel ! Sentence sévère tombant sur la tête harassée de Dostoïevski - qui fond aussitôt en larmes. Ce sanglot rêvé par Földényi pour les besoins de sa démonstration - ou plutôt de sa brève, de son admirable méditation - n'est pas de rage. Ni même vraiment de révolte. Dostoïevski ne revendique pas cette place qu'on lui dispute. C'est moins le devenir que l'on dénie ainsi à cette âpre terre et à ses habitants que "l'aspiration ancestrale (et divine) à l'inconnu, à l'infini et à l'incommensurable". C'est-à-dire la liberté et l'espérance.

"Ame perdue", exilé reconduit à la frontière de l'histoire, Dostoïevski lit encore la terrible leçon du penseur : "Qui considère le monde rationnellement, celui-là est considéré rationnellement par lui." Et plus loin : "(...) L'histoire apparaît comme un abattoir où des individus et des peuples entiers sont sacrifiés." Et ce n'est pas fini, il faut boire l'amère boisson jusqu'à la dernière goutte : "L'esprit ne peut pas s'attarder sur les souffrances de quelques individus, les buts particuliers se perdent dans le général."

Que répondre à un tel décret qui repousse une partie de l'humanité dans les ténèbres extérieures ? Les larmes de Dostoïevski sont une réponse car elles sont d'abord des larmes de lucidité et de compassion : elles éclairent mieux que toute la rationalité hégélienne. "C'est quand je suis faible que je suis fort", enseignait saint Paul aux Corinthiens. Une leçon que Dostoïevski aurait pu dispenser à Hegel...

DOSTOÏEVSKI LIT HEGEL EN SIBÉRIE ET FOND EN LARMES
de Laszlo F. Földényi
Traduit du hongrois par Natalia Zaremba-Huzsvai et Charles Zaremba
préface d'Alberto Manguel
Actes Sud, 58 p., 10 €.

alazaro Enviado - 16 febrero 2008 : 00:27:16
POEMES DE GYÖRGY SOMLYÓ TRADUÏTS AL CATALÀ

El darrer número (88, octubre de 2007) de la revista Reduccions, dedica 24 pàgines al poeta hongarès György Somlyó (Balantonboglár, 1920 - Budapest, 2006). Tots els poemes de Somlyó es presenten en la versió original i en traducció del poeta valencià Eduard J. Verger.

Vegeu el lloc web de Reduccions: http://www.raco.cat/index.php/Reduccions

alazaro Enviado - 11 febrero 2008 : 19:00:01
La gran mentida de la literatura

Stephen Vizinczey, l'aclamat autor de In Praise of older women, és també un excel·lent crític literari. A Verdad y mentiras en la literatura (Truth and lies in literature, 1986) es recullen quaranta articles que va publicar en diversos suplements culturals. Les pàgines que dedica als seus admirats Stendhal, Balzac, Kleist i Tolstoi són memorables i neixen d'un amor sincer per la literatura i d'una penetrant capacitat analítica. Les reflexions contagien la seva passió i em fan avergonyir de no trobar mai temps per als clàssics. Però el més important d'aquest llibre no són els comentaris sobre autors i obres concretes, sinó la visió general, summament suggestiva, del que ha de ser la literatura, que parteix de la certesa que aquesta no pot ser deslligada de la moral.

Vizinczey advoca per donar a conèixer la literatura sense localismes. L'estretor de mires en les polítiques educatives fa que es prioritzin els autors nacionals, adoptant un empobridor chauvinisme i avalant –inconscientment, tal vegada– les tesis de Humboldt, tan apreciades pels nacionalistes de tot arreu, de que la llengua defineix una Weltanschauung. Però «la literatura no trata del lenguaje, sino de la vida; no trata de los sonidos de las palabras, sino de su significado y los escritores más importantes para todas las naciones son aquellos que representan a la humanidad del modo más significativo... y por esto el mayor dramaturgo francés es Shakespeare en francés» (p. 21). Amb el camí emprès no només es corre el risc de privar els joves de l'accés a les millors obres de la literatura universal, sinó també de crear la falsa idea de que el que poden aportar-los els grans escriptors ho trobaran igualment en aquells més propers geogràficament i cultural. L'allau de produccions literàries –que respon no només a interessos comercials, sinó de vegades també polítics– deixa al lector indefens i mancat de criteri per a orientar-se en tal embull de títols. La saturació afecta també els crítics, que no tenen el filtre previ de l'editor i a més de vegades han d'enfrontar-se –o supeditar-se– als interessos del diari per al que treballen (a Espanya vam tenir el polèmic cas Echevarría). La necessitat de generar constantment ressenyes impedeix la lectura assossegada i atenta, i tot plegat redunda en una disminució de la qualitat: «La mayoría de las novelas que se publican están escritas por gente que no sabe escribir y la mayor parte de las críticas están escritas por gente que no sabe leer» (p. 186). La millor recomanació al lector és llegir (i rellegir, rellegir, rellegir...) els clàssics, que per a Vizinczey, quant a prosa es refereix, són els russos i francesos del XIX. La veneració per la gran literatura més enllà de modes i tendències el situa en l'òrbita de Harold Bloom. El lector ha de gaudir llegint, i ha de sentir que la lectura l'ajuda a comprendre –a comprendre's!– i a ser una mica més lliure.

Ètica és estètica, l'honestedat intel·lectual de l'escriptor és indestriable del seu estil. I en això Stendhal és el model: «[Stendhal] confesaba que sólo conocía una regla en la escritura: ser claro» (p. 68). És coneguda l'anècdota de que «mientras escribía La cartuja, leía a veces unas páginas del Código Civil [napoleònic] a fin de captar el tono apropiado... [...] Muchas veces reflexiono un cuarto de hora sobre si poner un adjetivo antes o después del nombre. Intento relatar 1) con veracidad, 2) con claridad lo que ocurre en un corazón humano» (p. 68, citat d'una carta a Balzac). L'aposta pel realisme no s'ha de prendre com un rebuig a la ficció, sinó a la insinceritat: «Como toda literatura es invención, muchos lectores, y también críticos, no saben apreciar que en la ficción puede existir la mentira» (p. 391). Hi ha veritat en el fantasma de Hamlet o en els contes dels germans Grimm, i pot haver grans mentides en obres que pretenen passar per relats fidedignes d'un fet real. I quina és la més gran mentida de la literatura? Doncs «La mentira más crasa y cruel de toda la literatura [és] la mentira de que un hombre puede amar a su verdugo. [...] La pretensión [...] de que una persona pueda amar a otra ignorando su dolor» (p. 356). Poca broma! Aquesta falsedat, que Vizinczey esgrimeix per desemmascarar el Billy Budd de Melville, Lolita i El encantador de Nabokov, Las confesiones de Nat Turner de William Styron i La muerte de mi hermano Abel de Gregor von Rezzori, ha fet un mal terrible. I l'ha fet principalment per la perniciosa influència que la literatura ha exercit en el periodisme, i per tant, en el relat que se'ns presenta del món («¡Cuántos inhabilitadores falsos conceptos sobre la naturaleza humana y la sociedad son inspirados por semejantes mentiras!», p. 364). Cal recordar el tractament informatiu del segrest de Natascha Kampusch? O el de les víctimes d'ETA a La pelota vasca de Julio Medem?

Llegint moltes de les observacions de Vizinczey m'he adonat del meu propi viratge. Aquest blog –que és, en bona mesura, un quadern de lectures– dóna fe de l'arraconament que ha anat patint progressivament la narrativa de ficció en els meus interessos. Un distanciament que m'empeny devers l'estudi historiogràfic, el testimoniatge vital, la crònica periodística, la reflexió filosòfica i l'assaig científic. Devers la realitat, al capdavall.

(Publicat per David & Glòria al seu blog Epistolari, dissabte 9 de febrer de 2008: http://epistolari.blogspot.com/)
alazaro Enviado - 08 febrero 2008 : 13:06:42
Kertész contre Kertész

Florence Noiville
LE MONDE DES LIVRES, Paris
18.01.2008

"Je ne connais pas d'écrivain sérieux qui ne se mette pas en scène", disait Isaac Bashevis Singer. Quelques années plus tard, un autre Prix Nobel de littérature, le Hongrois Imre Kertész, affirme sans détours : "Je considère que ma vie est la matière première de mes romans - et cela me libère de tout complexe." Cela paraît simple comme ça, cette intrication entre l'existence de l'auteur et son oeuvre, entre la fiction et "ce qu'on appelle la réalité". Pourtant, ce que montre ici Kertész, c'est justement l'infinie complexité des va-et-vient entre les deux. Car nulle fiction n'échappe aux circonstances personnelles, au subjectif, et donc au biographique. Et, à l'inverse, la mémoire ne cesse de reconstruire ses objets, de sorte que tout souvenir devient recréation. Comme le dit Nerval, "inventer, au fond, c'est se ressouvenir".

Telle est donc la question centrale de ce passionnant Dossier K., sorte de livre-testament d'Imre Kertész : la vérité autobiographique existe-t-elle ? La genèse de l'ouvrage est singulière. Après que l'écrivain eut reçu le prix Nobel, en 2002, son éditeur hongrois remarqua qu'"un certain nombre de rumeurs et de fausses informations" circulaient sur sa vie. Des erreurs diffusées par les journaux mais relayées dans des revues ou même des travaux universitaires. Il était manifeste qu'une fois de plus les lecteursd' Etre sans destin ou de Kaddish pour l'enfant qui ne naîtra pas avaient confondu le narrateur et l'auteur. Aussi l'éditeur a-t-il demandé à un ami de Kertész d'enregistrer avec lui plusieurs heures d'entretien. Une douzaine de bandes magnétiques au total : une confession sonore, une vie parlée, en quelque sorte...

Mais lorsque Kertész reçut la transcription, il lui parut impossible de la publier telle quelle. "Après avoir lu les premières pages, j'ai repoussé le manuscrit, et d'un geste instinctif j'ai ouvert mon portable", raconte-t-il. C'est ainsi qu'est né ce livre, le seul que j'aie jamais écrit pour obéir à une incitation extérieure." Une autobiographie en bonne et due forme ? Sans doute. Mais "si l'on accepte la proposition de Nietzsche, qui ramène les sources du genre romanesque aux dialogues de Platon", c'est aussi, selon Kertész, "un véritable roman" que le lecteur a entre les mains.

Son originalité ? Les questions ont été entièrement refondues, mais la forme du dialogue a été conservée. Comme Platon, Kertész pense que l'essence de la philosophie, c'est la dialectique. Que seule la discussion permet d'approcher la vérité. Ici, le jeu des questions-réponses fait penser à l'autobiographie de Nathalie Sarraute, Enfance. Comme si celui qui interroge finissait par être un autre "je". Kertész écoute Kertész. Il soupèse, doute, rectifie. Il se pousse lui-même dans ses retranchements. Une sorte de tête-à-tête avec soi-même.

"ECRITURE CLANDESTINE"

On retrouve là les grands pans d'une existence singulière : la déportation à Auschwitz, à 15 ans à peine ; le retour des camps et les chocs successifs - dans l'autobus, à Budapest, lorsqu'on lui demande d'acquitter son ticket ; l'arrivée chez lui lorsqu'il trouve l'appartement de ses parents occupé par d'autres ; la nécessité de retourner à l'école alors qu'il a, si l'on peut dire, "une certaine expérience de la vie". Et puis, après le nazisme, le stalinisme et l'entrée progressive dans "l'écriture clandestine".

Kertész revient aussi sur la rédaction d'Etre sans destin, commencée en 1961 et qui lui prendra dix ans. Des années où il vit avec sa femme dans une chambre minuscule, en marge de la société hongroise. Pour survivre, il écrit des comédies musicales et des pièces de boulevard. Il traduit aussi des auteurs allemands - Nietzsche, Freud, Hofmannsthal, Canetti, Wittgenstein... La parution d'Etre sans destin marque un cap : "Il arrive dans la vie d'un homme un moment où, d'un coup, il prend conscience, et alors ses forces se libèrent ; c'est à partir de ce moment-là qu'on peut se considérer comme soi-même, c'est à partir de ce moment-là qu'on naît."

Au passage, il livre son point de vue sur quelques sujets sensibles. La famille : "Il fut un temps où j'étais persuadé que la cause de toute maladie mentale - or la cause de presque toutes les maladies est mentale - c'est la famille (...), le grand lit familial, mou et sentant le renfermé qui étouffe toute vie." La relation père-fils : "On est toujours injuste avec son père. Il faut se révolter contre quelqu'un pour justifier nos souffrances et nos faux pas." La prise de conscience de sa judéité, un soir, dans une rue de Budapest : "Mon père m'expliqua que le film allemand Le Juif Süss passait au cinéma du quartier et qu'à la sortie le public cherchait des juifs parmi les passants et faisait un pogrom. Je devais avoir neuf ans et je n'avais jamais entendu le mot "pogrom". Mais le comportement de mon père et le tremblement de sa main m'expliquaient le sens de ce mot." Et bien sûr les camps, la souffrance, la lucidité, le refus des totalitarismes : "Si Auschwitz n'a servi à rien, Dieu a fait faillite ; et si nous faisons faillir Dieu, nous ne comprendrons jamais Auschwitz."

Jamais sans doute Imre Kertész ne se sera tant livré. Avec une simplicité et une probité intellectuelle sans faille. Citant Gombrowicz, Kertész parle des "gens avec lesquels on rapetisse". De sa fréquentation, au contraire, on sort immanquablement grandi.

DOSSIER K. (K. DOSSZIÉ)
d'Imre Kertész
Traduit du hongrois par Natalia Zaremba-Huzvai et Charles Zaremba
Actes sud, 2007
206 p., 19 €.


(http://www.lemonde.fr/livres/article/2008/01/17/kertesz-contre-kertesz_1000323_3260.html)
alazaro Enviado - 19 enero 2008 : 15:09:01
Literatura hongaresa en català

Eloi Castelló
(Actualitzat per Éva Cserháti)
LHO.ES

La prehistòria

D’antuvi cal dir que, malauradament, no hi hagut (ni encara hi ha) una tradició arrelada i sòlida d’estudis de magiarística ni de filologia finoúgrica al nostre país, cosa que, com hem vist, no es dóna a l’inrevés, és a dir, que a Hongria sí que hi ha una tradició sòlida i fecunda d’estudis de catalanística, normalment dins dels programes de filologia romànica. Per tant, els casos de traduccions de literatura hongaresa al català són aïllats i sovint casuals. Però, com veurem, els escassos traductors que hi ha hagut fins ara han estat personatges molt influents en la cultura catalana. D’altra banda, les traduccions de literatura hongaresa també han viscut, òbviament, els avatars de la conjuntura política de les terres catalanes. És a dir, projectes frustrats per la guerra, la repressió, l’ostracisme, etc.

Les primeres traduccions d’obres literàries hongareses procedeixen dels dos últims decennis del segle XIX. Com se sap, la revista L’Avens va ser al final del segle XIX la impulsora i la catalitzadora del moviment cultural català anomenat Modernisme. Van ser els seus promotors els que es van inventar el terme Modernisme, i a les seves pàgines es reflexionava sobre els valors artístics i literaris de Catalunya i del català. Doncs bé, Hongria era un dels països que els redactors de la revista L’Avens posaven contínuament com a exemple de nació petita que havia sabut alliberar-se del jou d’una altra nació i aconseguir la independència (independència relativa perquè a Hongria es mantenia el dualisme monàrquic).

En el lapse de temps entre la fi de la primera època de la revista al 1884 i la seva reaparició al 1888, un dels principals redactors, Jaume Massó i Torrents, surt de Catalunya per ampliar estudis a l’estranger. Escriu Massó i Torrents, en català prefabrià: “Des de l’any 1885 fins a les darreries del 1887 vaig veure’m precisat a allunyar-me en dues trajectòries: a França i Anglaterra l’una, i a Hongria a l’altra.” Massó no explica exactament què hi va anar a fer, però el fet és que durant la segona època de la revista Hongria apareix no tan sols als seus escrits sinó també als dels altres redactors.

Al número 6 d’aquesta segona època podem llegir un llarg article de Massó i Torrents dedicat al gran poeta romàntic Sándor Petöfi, que al mateix temps fou el promotor i esdevingué el símbol de la independència d’Hongria. L’article es titula: "Las literaturas regionals. Hungría. Alexandre Petoefi". Les primeres ratlles de l’article són una declaració d’intencions ben explícita: “Las literaturas dels pobles que s’han trobat ó’s troban en cassos semblants al de Catalunya, deuhen tenir especial interés per a nosaltres, y aqueixas figuras genials que s’aixecan de vegadas al revindicarse una nacionalitat del olvit ó de la opressió, deurían ésser las fitas que’ns marquin vers ahont hem de dirigir els nostres passos.”

És a dir, es proposa Hongria com a exemple que Catalunya ha de seguir. Massó i Torrents és, doncs, l’introductor de Sándor Petöfi a Catalunya: “Entre nosaltres no sabém que Petöfi siga conegut més que per una íntima [de traductor anònim i de títol original "A bánat, egy nagy óceán…"] publicada en lo nº 27, primera época, de L’AVENS.”

L’article de Massó conté una breu biografia del poeta i la traducció en prosa de dos poemes seus ("Mos cants" i "L’ídol"). I fa unes reflexions extremadament lúcides: “Petöfi ha entés en general la poesía patriótica d’una manera ben diferent de com s’ha sentit a Catalunya. No deu buscarshi aqueix cúmul d’imprecacions y amenassas llensadas á doll contra’ls opressors, fa patriotisme d’una manera indirecta, y després de llegit, un sent amor per la Hungría, desitjant-li de cor tot lo que justament demana, y a més un aborreix al poble, que sense lley ni rahó tracta de fer infelisa á una regió que no ho mereix” (es refereix a l’Àustria dels Habsburg).

Continua Massó: “Volém creure que aqueixa diferencia es filla de que’ls húngars sentían lo que deyan y’s veyan capassos de durho á cap, mentres que nosaltres no semblém estar disposats á fer tot lo que dihém.”

No ens semblaria exagerat de dir que, malgrat les distàncies biogràfiques, sociològiques, etc., Petöfi és el Verdaguer hongarès, o a l’inrevés. De fet, Massó i Torrents ja ho insinua: “Y per això las poesías de Petöfi s’han fet populars […] Estém en la creensa de que més impresionat un se queda després de la lectura de "La Barretina" de Verdaguer que no pas de llegir moltas de las poesías patrióticas barrocas y cruas que fa un quan temps qu’estan de moda entre nosaltres.” Val a dir que uns anys més tard, al començament del segle XX, l’escolapi Albin Körösi (esmentat més amunt) va traduir a l’hongarès poemes de Verdaguer, d’entre altres escriptors de la Renaixença.

L’article es clou amb la traducció “ab lo mateix metre é igual número de versos de l’original” de tres poemes de Petöfi: ("Ma esposa mon sabre", "Lo naixement del meu fill", "A ma Adelaida") i amb la reproducció de la signatura del poeta.

Abans de Massó, però, el 1884 havia sortit una narració de Petöfi (“Lo Cara-tacat y la Groga”, dins de Novelas catalanas y estrangeras publicadas en lo folletí de la Renaixença, 1884). I després de Massó, tenim notícia d’una traducció deguda a un desconegut C.B. Es tracta de la novel·la La dama dels ulls de mar (A tengerszem#369; hölgy) de Mór Jókai, dins de Novelas Catalanas y Extrangeras publicadas per “La Renaixença”, vols. IV-V, 1903-1904.

Projectes frustrats

Després van venir cinquanta anys de silenci. Silenci trencat tan sols per algunes traduccions esporàdiques (probablement de l’anglès o del francès): dos poemes d’Endre Ady ("Jo et vull servar"; "Els cors, lluny l’un de l’altre", traduïts per Joan Arús, La Revista, any V, octubre de 1919, p. 313-314); un conte de Dezsö Kosztolányi ("Caín"), Justícia Social, 31 de maig de 1924, trad. d’A. M., i dos poemes de Petöfi ("Cant dels cans", "Cant dels llops"), traduïts de l’esperanto per Jaume Grau Casas a La Nostra Terra, Palma de Mallorca, III (1930): 12-13.

El silenci es trenca definitivament amb la vinguda a Catalunya cap als anys trenta d’una figura cabdal: es tracta de Ferenc Oliver Brachfeld. Sembla que va venir per estudiar les relacions entre la Corona d’Aragó i el Regne d’Hongria a l’Edat Mitjana i dedicar-se, sobretot, a la figura de la reina Violant d’Hongria, esposa del rei Jaume I.

Brachfeld de seguida va aprendre català i castellà i es va integrar perfectament a la vida del país. L’any 1934, l’editorial catalana Proa li va encomanar la traducció d’un autor hongarès per a la seva col·lecció “A tot vent”. Brachfeld va escollir l’escriptor més de moda en aquella època a Hongria, Lajos Zilahy.

Per a aquesta edició va escriure un pròleg magnífic que no ens podem estar de citar: “Quants anys fa que no ha estat traduït al pus bell catalanesc un escriptor hongarès? Fa molt de temps i se n’ha traduïts molt pocs, confessem-ho. Hi ha poques obres i no pas massa ben triades […] Això no obstant, la petita Hongria, que des del tractat de pau (?) de Trianon, que (encara que mutilant-la) la independitzà […] és posseïdora d’una magnífica literatura les produccions de la qual mereixen sens dubte l’atenció de tot el món.” Tot seguit fa un resum d’història política i història de la literatura hongareses. A continuació cita els autors contemporanis “agrupats entorn de la revista Nyugat ('Occident') a les columnes de la qual”, com hem dit més amunt, “tenim l’avinentesa de parlar al culte públic hongarès dels problemes de la literatura catalana”. Entre els capdavanters de l’important moviment nyugatista cal esmentar el gran naturalista i realista Zsigmond Móricz, l’erudit Dezsö Kosztolányi, autor d’un Neró interessantíssim, prologat pel mateix Thomas Mann, i la figura cabdal de la literatura hongaresa actual, l’inspirat poeta i intuïtiu traductor de tantes obres estrangeres, alhora que excel·lent novel·lista: Mihály Babits, una obra del qual, El fill del P. Virgili Timár, serà girada al català i publicada a la biblioteca “A Tot Vent”. Aquests eren els grans noms de la literatura hongaresa en esclatar la guerra, que tan funestes conseqüències portà al petit país amanyagat pel Danubi […]”. Es refereix, és clar, a la Primera Guerra Mundial. Però al cap de poc temps d’haver escrit això, va esclatar la guerra espanyola de tan funestes conseqüències… Brachfeld acaba el pròleg amb una invocació i una comparació que trobem molt encertades: “Que aquest volumet traduït al català sigui el primer lligam espiritual entre aquests dos països, tan anàlegs per llur destí històric com parents pròxims alhora —i això només ho sap el traductor!— en llur manera d’ésser, de viure, de sentir i de parlar […]”.

Brachfeld, doncs, tenia una colla de projectes de traduccions al català (El conte “Aquell heretge Filchik” de Kálmán Mikszáth, va sortir a La Publicitat, 3 i 4 de gener de 1935) que la guerra va frustrar. I no li va quedar altre remei que portarlos a terme en castellà, llengua a què va traduir autors que avui estan de moda (Sándor Márai) o completament oblidats (László Németh) o bé encara es recorden d’edicions populars en castellà, el mateix Lajos Zilahy.

Recuperació, però des d’Hongria

Per desgràcia vam haver d’esperar cinquanta anys més perquè la situació es tornés a normalitzar i sortissin noves traduccions de l’hongarès al català degudes principalment al professor Kálmán Faluba i als seus deixebles.

L’any 1971 el jove filòleg del departament d’espanyol de la Universitat Eötvös Loránd de Budapest, Kálmán Faluba, comença a fer cursos de català, esperonat per alguns dels seus millors alumnes. De fet, com a excel·lent romanista que esdevindrà, el professor Faluba ja s’havia interessat anys enrere per l’estudi del català, la qual cosa té més mèrit si tenim en compte la manca de llibres especialitzats que hi havia (tal vegada la Gramática catalana del professor Badia i Margarit) i l’estat moribund en què es trobava la llengua a causa de la gran atzagaiada franquista. Es dóna el cas, doncs, que el català es recomença a ensenyar a Hongria abans que al domini lingüístic sigui permès oficialment. El professor Faluba posa les bases fermes per al desenvolupament de la catalanística magiar que ben aviat fa via en tres direccions: la científica, la literària i la didàctica.

Un alumne avantatjat d’aquests primers cursos fou el professor Károly Morvay, que de seguida s’apassiona pel català i en comença a estudiar el vessant lexicogràfic. Tant ell com el professor Faluba publiquen una bona quantitat d’articles, a vegades per separat i sovint conjuntament, sobre aspectes de morfologia i lexicografia catalanes, com també sobre relacions culturals entre les dues nacions. D’aquesta col·laboració fructífera surt una obra ingent, ciclòpia, com és el Diccionari Català-Hongarès i, més tard, el corresponent Diccionari Hongarès-Català. Per tant, les eines bàsiques per al desenvolupament de la catalanística hongaresa i, al seu torn, de la magiarística catalana queden fixades. Un cop restablerta la Generalitat de Catalunya, el seu president va distingir amb la Creu de Sant Jordi Kálmán Faluba i l’Institut d’Estudis Catalans va atorgar-li el Premi Catalonia juntament amb Károly Morvay. Ara mateix el professor Faluba és membre corresponent de l’IEC i Budapest serà la ciutat organitzadora del proper Col·loqui Internacional de Llengua i Literatura catalanes promogut per l’AILLC. Cal destacar l’aportació d’una filòloga clau dintre del cercle de catalanòfils de Budapest, professora de lingüística adscrita al departament de portuguès i revisora dels diccionaris, Ildikó Szijj, i del poeta, professor i traductor Balázs Déri.

Aquests intel·lectuals són, doncs, els que faran les primeres traduccions de l’hongarès al català (ajudats, és clar, per traductors catalans que no saben hongarès) un cop recuperada la democràcia al nostre país. Tradueixen autors importantíssims (i desconeguts a casa nostra) de la literatura hongaresa, com ara el ja esmentat per Brachfeld, Dezsö Kosztolányi, o János Pilinszky, o bé Tibor Déry i Iván Mándy.

Finalment, hem d’esmentar la feina feta per un jove traductor que, d’alguna manera, surt d’aquest cercle d’hongaresos entusiastes pel català. Es tracta de l’exlector de català de la Universitat de Budapest, Eloi Castelló, que ha començat a traduir directament de l’hongarès amb l’ajut inestimable dels seus col·legues hongaresos que tenen la paciència de revisar-li’n els textos. Entre les obres que ha traduït, figura la novel·la més popular del premi Nobel Imre Kertész, Sense destí y la peça teatral més famosa del gran dramaturg Ferenc Molnár, Liliom, més Liquidació, Kaddish pel fill no nascut y Jo, un altre de Imre Kertész, La porta de Magda Szabó, L’última trobada, L’heréncia d’Eszter, Divorci a Buda, L’amant de Bolzano, La dona justa y La germana de Sándor Márai, Anna Édes de Dezs#337; Kosztolányi].

Segurament la recepció de la literatura hongaresa en terres catalanes és més intensa que la catalana en terres hongareses. Creiem que això es deu a la sobtada moda d’alguns escriptors hongaresos, per exemple la recuperació editorial de Sándor Márai, escriptor que ja era conegut en traduccions castellanes dels anys cinquanta. La seva novel·la A gyertyák csonkig égnek (Les espelmes cremen fins al pòsit— traduïda de l’italià amb el títol L’última trobada) va ser un fenomen editorial a Itàlia a final dels anys noranta, el ressò del qual va recórrer tot Europa. Márai és sobretot un estilista, una mica amanerat, que toca temes que connecten amb la sensibilitat actual, com ara l’amistat, la traïció, els amors impossibles, la (manca de) comunicació entre les persones, etc.

L’altre fet, en part inesperat, que ha contribuït a posar en primer pla la literatura hongaresa ha estat la concessió del premi Nobel de Literatura l’any 2002 a Imre Kertész. Escriptor molt culte i reflexiu que, a la manera de l’austríac Thomas Bernhard, o sovint millorant-lo i fins i tot superant-lo, escriu narracions amb un estil que és al llindar de la filosofia, la poesia i la narrativa, i sempre trobem un tema al rerefons: Auschwitz i el trauma que va comportar, a ell personalment com a supervivent, i a la humanitat en general com a catàstrofe encara mal païda o, ben simplement, no digerida.

Per acabar, hem de dir que malgrat les relacions constants entre les dues llengües i cultures, per exemple la recent trobada amb escriptors hongaresos organitzada per l’Associació d’Escriptors dins el marc del cicle anual “Paraula Amiga”, o bé la trobada amb dos poetes hongaresos al Seminari de Farrera de Pallars organitzada per la Institució de les Lletres Catalanes, l’any 2002, malgrat això, doncs, a cap de les nostres universitats encara no s’han implantat estudis de magiarística o de filologia finoúgrica, ben al contrari dels casos de llengües amb menys parlants, com ara el txec i el serbocroat, que, gràcies a l’empenta dels departaments de filologia eslava, gaudeixen d’una situació de normalitat. Una normalitat que tal vegada faria que sortissin nous traductors nadius del català a l’hongarès.

[Eloi Castelló va morir inesperadament en 2007, però gràcies al seu treball els seus alumnes continuen l´obra inacabada. Dóra Bakucz és la representant de la nova generació de traductors de l´hongarès al català.]

Publicat en Quaderns. Revista de traducció, 11, 2004


Taller de traducció a Balatonfüred a la Casa del Traductor

2005
Dirigit per: Eloi Castelló
Organitzat per: Dóra Bakucz
Participants: Dóra Bakucz, Erika Mezösi, Krisztina Nemes, Katalin Pálvölgyi, Domonkos Barna, Nóra Madarász
Invitats: Ildikó Szijj, Balázs Déry, Zsuzsa Tomcsányi, Kálmán Faluba
Autors traduits: Imre Oravecz, Péter Esterházy

(http://www.lho.es)
alazaro Enviado - 19 enero 2008 : 14:25:42
La presencia de las letras húngaras en España

Judit Xantus
(Actualizado por Éva Cserháti)
LHO-ES

Prehistoria

Zoltán Rónai – escritor, periodista y traductor – que vivió en Madrid, en su estudio La traducción de la literatura húngara (1920–1970) habla sobre los comienzos de la presencia de las letras húngaras en España debido a la labor de Olivér Ferenc Brachfeld (Barcelona) y Andor Révész (Madrid), dos literatos que consiguieron despertar el interés por la literatura húngara.

Andor Révész llegó a España en 1915, y desde los años veinte contribuyó a la publicación de varios libros húngaros, a veces como traductor, otras veces como redactor de antologías. Olivér Brachfeld vivió en Barcelona desde 1929, donde ejerció una actividad espectacular como traductor, editor, escritor y ponente. Fue el traductor de la mayoría de las novelas de Lajos Zilahy que tuvieron mucho éxito y llegaron a ser muy populares en la España de principios del siglo XX. Lajos Zilahy es el único autor húngaro que tuvo la suerte de poder publicar las obras completas en la colección Clásicos del siglo XX de la editorial Plaza y Janés que comenzó esta nueva serie precisamete con los libros del famoso húngaro. [Sobre la actividad de Olivér Brachfeld véase el artículo de Eloi Castelló "Literatura hongaresa en català."]

Otro autor popular fue László Passuth que formaba parte del catálogo de Caralt y Noguer entre los demás escritores húngaros como Gábor Vaszary, Tibor Déry, Ferenc Herczeg, László Németh, Júlia Székely, Sándor Török y la recientemente redescubierta Magda Szabó. La novela de mayor éxito de Passuth sin duda fue El dios de la lluvia llora sobre Méjico, publicada por primera vez en 1946, que hasta 1990 tuvo 20 ediciones. El libro se hizo tan popular que la editorial El Aleph en 2003 encargó la retraducción del texto, esta vez del original húngaro, a Judit Xantus, para eliminar los errores y las huellas de la censura franquista.

A las obras de Sándor Márai les tocó el mismo destino. En la primera parte del siglo pasado se editaron media docena de novelas de él, pero su reconocimiento llegó en los años noventa con traducciones de la lengua original. Aunque había traductores que practicaban el húngaro como Zoltán Rónai, M. A. de Orbók, Loly R. de Feigler, Román Ernesto Ivándy, Andrés Kramer y dos españoles: Javier Carballo y José Sánchez Toscano, muchas obras fueron traducidas de terceras lenguas. Tal vez algunas obras eminentes, como La historia de mi mujer de Milán Füst o Escuela en la frontera de Géza Ottlik, no tuvieron eco por culpa de la traducción indirecta.

Historia reciente

Es importante destacar que la presencia de la literatura húngara en España, y en todo el mundo, está condicionada por la actividad de los traductores. En los últimos años gran parte de las obras húngaras recién publicadas en España son traducidas del idioma original (desgraciadamente hay excepciones a pesar de la disposición de traductores excelentes). Los traductores profesionales más importantes de la última década han sido Judit Xantus, Adan Kovacsics, Eloi Castelló y Mária Szijj. La muerte de Judit Xantus (2003) promotora de la literatura y de la traducción al castellano, y de Eloi Castelló (2007), traductor catalán, son pérdidas muy dolorosas para la cultura húngara. Sin embargo, da esperanzas el resurgimiento de una nueva generación de traductores jóvenes, casi todos alumnos de Judit y de Eloi, como José Miguel González Trevejo y Éva Cserháti que traducen al castellano, Dóra Bakucz al catalán y Fernando Castro de García al gallego.

Adan Kovacsics nació en 1953 en Santiago de Chile. Se licenció en Filología Rumana e Inglesa y en Filosofía, en la Universidad de Viena donde terminó el doctorado en 1979. Desde 1980 vive en Barcelona, traduce del alemán (entre muchas, las obras de Theodor W. Adorno, Christopher Alexander, Walter Benjamin, Thomas Bernhard, Heinrich Böll, Paul Celan, Johann Wolfgang Goethe, Hannah Arendt, Martin Heidegger, Karl Jaspers, Ödön von Horváth, Franz Kafka, Karl Kerényi, Joseph Roth y Stefan Zweig) y del húngaro. Es el traductor del premio Nobel Imre Kertész (excepto la obra Sin destino). Su especialidad es la literatura contemporánea: Imre Kertész, Attila Bartis, Ádám Bodor, László F. Földényi, Gyula Illyés, László Krasznahorkai, György Konrád y Péter Nádas.

Judit Xantus nació en 1952 en Budapest. Hizo la licenciatura de Filología Hispánica y Francesa en la Universidad ELTE de Budapest, y comenzó su carrera como traductora del castellano al húngaro de Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, José Donoso y de Jorge Ibargüengoitia. Llegó a España el 1985, y fue traductora de Sándor Márai, Dezsö Koszotolányi, Antal Szerb, Gyula Krúdy, László Passuth, Miklós Szentkuthy y Péter Esterházy.

Mária Szijj nació en Budapest pero pasó su infancia y primera juventud en España. Se licenció en Filología Hispánica e Inglesa. Ha trabajado para varias revistas y organizaciones como traductora oficial y literaria. Hizo traducciones de literatura contemporánea y clásica: de Sándor Márai, Péter Esterházy, Dezsö Kosztolányi, János Székely, Géza Csáth, Frigyes Karinthy y Ervin Lázár.

Eloi Castelló nació en Tàrrega en 1972, fue licenciado en Filología Catalana por la Universidad de Barcelona en 1996, donde se doctoró. Entre 1998 y 2001 trabajó de lector en la Universidad ELTE de Budapest y en la Universidad de Szeged. Fue el traductor al catalán de Sándor Márai (L’última trobada, L’heréncia d’Eszter, Divorci a Buda, L’amant de Bolzano, La dona justa y La germana) de Imre Kertész (Liquidació, Kaddish pel fill no nascut y Jo, un altre), de Magda Szabó (La porta) y de Dezsö Kosztolányi (Anna Édes).

La presencia cada vez más intensiva de la literatura húngara se debe a tres factores. En 1999 Hungría fue el país invitado en la Feria de Libros de Francfort, y por este motivo el Ministerio de Cultura húngaro dio subvenciones para la traducción (ahora es la Fundación Húngara de Libro la que a base de convocatorias, subvenciona la traducción de obras húngaras a lenguas extranjeras).

El segundo factor que dio un empujón a la traducción de la literatura húngara es el redescubrimiento de las obras de Sándor Márai a finales de los años noventa, o lo que ahora llamamos “el fenómeno Márai”. En España la Editorial Salamandra compró los derechos de la obra completa y cada año publica uno o dos tomos del popular autor húngaro. El Premio Nobel de Imre Kertész consolidó la situación de las letras húngaras en Europa. La editorial el Acantilado sigue publicando sus obras en castellano y en catalán.

Las editoriales españolas que publican autores húngaros se sienten motivadas para arriesgarse con una cultura minoritaria por diferentes razones. El caso de El Acantilado es el más ejemplar dado que en su catálogo se encuentran varios autores contemporáneos. El director Jaume Vallcorba consulta a menudo con el traductor Adan Kovacsics, y confiesa ser aficionado de las obras de Ádám Bodor, Imre Kertész, László Krazsnahorkai y Attila Bartis. La edición de las obras de Sándor Márai no se debe a una casualidad. Sus libros fueron reeditados primero en Italia, donde tuvo un éxito inesperado.

Alianza parecía acoger las obras del autor húngaro más popular en su país, Péter Esterházy. Sin embargo, sus libros no son bien recibidos en España, se vende muy poco. Las novelas de György Konrád, igualmente famoso en Hungría, tampoco parecen tener mucha suerte (Galaxia Gutenberg editó las últimas traducciones). Siruela, la editorial madrileña, fiel a sus principios es la editorial de algunas joyas de la literatura húngara. Gracias a la recomendación de Javier Marías han publicado dos libros de Miklós Szentkuthy, y varias novelas de Antal Szerb. Otro novelista clásico de gran renombre, Dezsö Kosztolányi ha sido editado por Ediciones B, y en catalán por Proa y RBA.

Existen varias editoriales pequeñas que de vez en cuando publican literatura húngara como Minúscula (Gyula Illyés, Károly Pap), El Nadír (Géza Csáth), y otras grandes que aprovechan para publicar libros que tuvieron éxito en el extranjero como La puerta de Magda Szabó editado por Mondadori y RBA.

La lista es muy larga y cada año se publican entre 6 y 10 libros de autores húngaros. Desde 2003 se nota un interés cada vez más fuerte por parte de las editoriales que se debe en gran parte al legado cultural de Judit Xantus y a los nuevos traductores húngaros.

Los talleres de traducción húngaro–castellano en la Casa de Traductor de Balatonfüred

Motivada por el interés de las editoriales españolas, Judit Xantus organizó en 2003 el primer taller de traducción en Balatonfüred. Su objetivo era enseñar y ayudar a traductores profesionales del castellano al húngaro, a atreverse a traducir al castellano aunque no fuera su lengua materna. La traducción de la literatura húngara está limitada por el hecho de que hay muy pocos bilingües o hispanohablantes que tengan el nivel necesario de las dos lenguas.

El primer taller tuvo mucho éxito, y aunque Judit Xantus falleció el septiembre siguiente, los traductores siguen organizando los talleres, dirigidos en los últimos años por Adan Kovacsics y patrocinado por la Casa de Traductor.

2003
Dirigido por: Judit Xantus y Ángel Abad
Participantes: Kinga Atzél, Dóra Bakucz, Éva Cserháti, Ágnes Csomós, Anna Györi, Andrea Imrei, Yvonne Mester, Eszter Orbán, Márta Pávai Patak, Miguel Ángel Peláez Navarrete, Ágnes Stieger, Mária Szijj, Tünde Tompa
Invitados: Péter Esterházy (escritor), Mercedes Monmany (crítica literaria), Dóra Károlyi (Fundación Húngara de Libro)
Autores traducidos: Péter Estreházy, István Örkény, Dezsö Kosztolányi, Sándor Márai

2004
Dirigido por: Adan Kovacsics
Organizado por: Márta Pávai Patak
Participantes: Kinga Atzél, Dóra Bakucz, Éva Cserháti, José Miguel González Trevejo, Anna Györi, Andrea Imrei, Márta Komlósi, Yvonne Mester, Krisztina Nemes, Eszter Orbán, Márta Pávai Patak, Miguel Ángel Peláez Navarrete, Ágnes Stieger, Mária Szijj, Tünde Tompa
Invitados: Ádám Bodor (escritor), Susana Andrés (Ediciones B), Zsuzsa Takács (poetisa)
Autores traducidos: Miklós Radnóti, János Pilinszky, Dezsö Kosztolányi, Imre Kertész

2005
Dirigido por: Adan Kovacsics
Organizado por: Márta Pávai Patak
Participantes: Éva Cserháti, José Miguel González Trevejo, Yvonne Mester, Márta Pávai Patak, Mária Szijj, Eija Horváth, Rita Juhász
Invitados: Mercedes Monmany (crítica literaria)
Autores traducidos: Ernö Szép, János Pilinszky, Attila Bartis

2006
Dirigido por: Adan Kovacsics
Organizado por: Márta Pávai Patak
Participantes: Éva Cserháti, José Miguel González Trevejo, Yvonne Mester, Eszter Orbán, Márta Pávai Patak, Mária Szijj, Veronika Major, Judit Krasznai, Miguel Ángel Peláez Navarrete
Invitados: Juan de Sola (El Acantilado), László Krasznahorkai (escritor)
Autores traducidos: László Krazsnahorkai

2007
Dirigido por: Adan Kovacsics
Organizado por: Márta Pávai Patak
Participantes: José Miguel González Trevejo, Veronika Major, Yvonne Mester, Márta Pávai Patak, Mária Szijj
Invitados: Jaume Vallcorba (El Acantilado), Attila Bartis (escritor)
Autores traducidos: Attila Bartis

(http://www.lho.es/index.php?pagetype=xantus_judit)
alazaro Enviado - 19 enero 2008 : 00:36:22
Sándor Márai inspira el nuevo montaje de SenzaTempo
Bailarines maduros protagonizan una versión de ‘La mujer justa’


MARINO RODRÍGUEZ
La Vanguardia, Barcelona
15 de enero de 2008

El escritor Sándor Károly Henrik Grosschmied de Mára (Kassa, 11 de abril de 1900 - San Diego, 22 de febrero de 1989), en arte Sándor Márai, fue perseguido por los nazis y los comunistas y pasó decenios olvidado en el exilio americano hasta que se pegó un tiro pocos meses antes de caer el muro de Berlín.

En los últimos años, sin embargo, Márai ha pasado a ser considerado uno de los grandes nombres de la literatura húngara del siglo XX y varios de sus libros han tenido un notable éxito en España. Uno de ellos, La mujer justa, escrito en los años 40, ha sido la fuente de inspiración del nuevo espectáculo de la compañía de danza Senza Tempo, L'home, la dona i l'altra dona, que se presenta desde hoy y hasta el domingo en el Mercat de les Flors tras su estreno en el Festival Temporada Alta de Girona.

“Como en el libro de Márai, nuestro espectáculo está centrado en un triángulo de pasión amorosa que envuelve a dos mujeres y un hombre y hay otros detalles extraídos de la novela del autor húngaro. Pero no hemos pretendido hacer una adaptación o una versión de La mujer justa. Más bien se puede decir que nuestra pieza está imbuida del espíritu de la novela y del espíritu de la vida y la obra de Márai en general, que estuvieron dominados por la pesadumbre, la melancolía, la oscuridad, la tristeza”, afirma Carles Mallol, director de Senza Tempo junto a Inés Boza y creador y protagonista de L'home, la dona i l'altra dona con Viviane Calvitti de Moraes y Mercè Recacha.

Recalca Mallol que en esta obra “de encuentros y desencuentros” no queda nada del “humor y la ironía que han estado presentes, en mayor o menor medida, en casi todos nuestros montajes. Este es nuestro trabajo más profundo, más serio, más maduro”. Y hablando de madurez destaca también el hecho, “poco habitual en la danza, de que este es un espectáculo protagonizado por bailarines maduros, de más de cuarenta años. De hecho, yo pronto cumpliré cincuenta”.

Con la finalidad de “reflexionar y descubrir, desde la soledad y el conocimiento de uno mismo, algunas de les caras ocultas en las relaciones entre hombres y mujeres”, los tres personajes de L'home, la dona i l'altra dona se dan cita “en un espacio mágico”, un bosque integrado por siete árboles de fibra de vidrio de siete metros de altura”.

Teatro y danza confluyen en el montaje al ritmo de un collage musical que incluye desde piezas creadas ex profeso por Joan Saura a temas de los Doors pasando por diversos boleros, entre ellos algunos tan célebres como Si tu me dices ven. “Danza, teatro, escenografía, luz, música... Para nosotros se trata de un todo que busca provocar la imaginación del público a través de la sencillez, primando la persona por delante de la técnica”, concluye Mallol.

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CRÍTICA DE DANZA-TEATRO
Te voy a comer


JOAQUIM NOGUERO
La Vanguardia, Barcelona
19 de enero de 2008

L'home, la dona i l'altra dona
Compañía: Senza Tempo
Idea: Carles Mallol
Creación e interpretación: Carles Mallol, Viviane Calvitti, Mercedes Recacha
Diseño de la banda sonora: Joan Saura
Lugar y fecha: Mercat de les Flors (15/I/2008)

Afirman en el programa de mano que la pieza está inspirada en La mujer justa de Sándor Márai. No sé si esta explicitación puede ir a favor o en contra del espectáculo, porque por mucho que aclaren que la novela ha servido tan sólo para iluminarles el camino, como primera inspiración, habrá quien caiga en la tentación de interpretar todo lo que ve en esa clave. Y no siempre va a resultarle fácil.

¿Qué tienen en común ambas creaciones? La tensión, la guerra entre sexos y el vibrante juego de florete y desequilibrios entre los miembros de un triángulo, en el que cada uno de ellos es el tercero en discordia. Porque este es el tema de una coreografía cuyo título no puede ser más explícito: un hombre, una mujer y la otra mujer como tales, como protagonistas de cada una de sus propias historias, como bestias al acecho en un mismo territorio.

Así, vemos el amor reducido a una receta, a un ritual de cocina; es decir, a una forma sofisticada y culta de descuartizar algo, de desollarlo, hervirlo y cocérnoslo a medida. Los monólogos repetitivos con recetas varias de pollo y hasta de gato, sirven, precisamente, para proporcionar la clave dramatúrgica de un juego de dúos realizados con el tercero a la espera, tensos duelos tanto o más que duetos. La pose es ley: aquí se actúa en falsete.

Y eso parece explicar el mal castellano que primero Mallol usa casi como un cotilla para al final afirmar que “xerrem per xerrar” (hablamos por hablar), con el lenguaje como máscara y muleta.

L'home, la dona i l'altra dona es una obra más fiel a la propia trayectoria de Senza Tempo que a Sándor Márai. Lo que está bien y estaría aún mejor sin el falso señuelo. La pieza, además, mejora muchísimo de ritmo e incluso de riqueza de movimiento en el segundo tramo, gracias al aporte dramatúrgico y coreográfico, tras un inicio plano y muy vacío de ideas que hasta entonces sólo salva medianamente la presencia y la experiencia escénica de los intérpretes.


(Gràcies a Zsigmond Kovács per haver-nos facilitat aquests articles.
Gracias a Zsigmond Kovács por habernos gacilitado estos artículos.)
alazaro Enviado - 17 enero 2008 : 23:11:09
Claus y Lucas

Por Luis de la Paz (DeLaPazL@aol.com)
La Revista del Diario (Diario Las Américas)
Miami, Florida
10 de enero de 2008

Pocas veces un escritor ha conseguido un acercamiento al tema de la guerra y la posguerra de una manera tan pasmosamente expresiva y cruda, como la escritora Agota Kristof (Csikvard, Hungría, 1935) con la novela Claus y Lucas (El Aleph Editores, 2007).

Claus y Lucas es un título comodín, para agrupar tres pequeñas novelas que fueron publicadas de manera independiente: El gran cuaderno (1987), La prueba (1988) y La tercera mentira (1991). Estas piezas se relacionan entre sí de una forma directa, aunque se pueden leer de manera independiente. Fundirlas en un solo volumen es un acierto por la secuencia que encierran, no obstante, por ser el primer libro una joya literaria tan perfecta, las otras dos novelas parecen desnivelarse, ante el impacto brutal y la fuerza narrativa de El gran cuaderno.

En la obra, dos niños gemelos enfrentan los embates de la guerra en casa de su abuela, situada a poca distancia de una frontera. Y digo una frontera, porque El gran cuaderno no brinda un punto geográfico determinado, ni siquiera se ofrecen los nombres y las edades de los niños. Todos estos aspectos, aparentemente reveladores en la estructura de una novela, en esta joyita literaria ocupan un segundo plano. Lo importante es la atmósfera, la manera en que la supervivencia en medio del horror ocupa el espacio que le corresponde a la infancia.

El padre de los muchachos está en el frente, la madre no tiene recursos para mantenerlos, por ello decide dejarlos al cuidado de la anciana que los maltrata y los humilla llamándolos “hijos de perra”. Los muchachos hacen ejercicios para neutralizar el daño que les pueda causar lo que acontece: ejercicios para el endurecimiento del espíritu, de mendicidad, de ayuno, de ceguera y sordera. Recurren al chantaje, al robo. Entierran y desentierran cadáveres, van a prisión y causan incendios. Los breves capítulos van situando los distintos escenarios, cada uno más desolador que el anterior, que los niños asumen con naturalidad y es éste uno de los grandes logros del libro, hacer del horror un modus vivendi. En ocasiones los insultos de “imbéciles, mocosos, puercos y gamberros”, los sustituye el recuerdo de la madre, con frases cargadas de ternura: “Mis amorcitos, mis pequeñines adorados”; pero reaccionan: “Esas palabras las tenemos que olvidar, porque ahora ya nadie nos dice palabras semejantes, y porque el recuerdo que tenemos es una carga demasiado pesada para soportarla”.

En esta novela brutal se pierden los límites entre lo racional y lo cruel, entre lo necesario para vivir y lo atroz, entre la moral y el horror. El gran cuaderno provoca una sensación de abandono, de desolación. Los capítulos se suceden dejando sin palabras al lector, que al final queda perplejo, pero satisfecho con la lectura de una novela única y perfecta.

Agota Kristof fue víctima del fascismo y del comunismo. Abandonó Hungría por la frontera austriaca en 1956, tras la invasión Soviética a su país, estableciéndose en Suiza donde trabajó en una fábrica de relojes. Con su hija aprendió francés y escribió las piezas de la trilogía. Su libro El gran cuaderno, considerado su obra maestra, no se publicó en Hungría hasta después de la caída del Muro de Berlín.

(http://www.larevistadeldiario.com/news.php?nid=1312)
alazaro Enviado - 14 enero 2008 : 11:26:28
Hijo del Danubio

Por Mercedes Monmany
ABC de las Artes y las Letras, Madrid, núm. 832
12 de enero de 2008

Desde hace años, de forma periódica y constante, lo mejor de una de las más esplendorosas literaturas europeas del siglo XX, la húngara, ha ido apareciendo puntualmente en nuestro país. Aparte del continuado éxito con el que vuelve a contactar con un amplísimo público y con cada nuevo libro el escritor Sándor Márai, han aparecido espléndidas obras de Magda Szabó (recientemente fallecida), del no menos magnífico escritor de entreguerras Dezsö Kosztolányi, de su amigo y cómplice en humor y corrosión Frigyes Karinthy (Viaje alrededor de mi cráneo, Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores) o, si no, la reciente reedición de otro gran clásico: La carroza carmesí, de Gyula Krúdy (El Aleph).

Ahora le ha tocado el turno a una auténtica obra maestra del género de la picaresca y de las novelas antiejemplares de iniciación: Tentación, de János Székely, publicada por primera vez en 1948. Unas emocionantes aventuras, ambientadas entre los años 20 y 30 del pasado siglo, de un desenfrenado y desgarrado lirismo, entre el más puro Dickens y un encendido y ávido Turguéniev, que se abren camino sin cesar entre la tragedia y el humor, entre un loco y frenético hambre de vida y sobrevivencia y la toma de conciencia de las injusticias y de las más espantosas e insufribles desigualdades, en la etapa justo anterior al comienzo de la Segunda Guerra Mundial. Un ansia de vida, de no dejarse aplastar por los aires de tétricas crisis económicas, muerte y represión que se extendían entonces por Europa, que simboliza mejor que nada el rebelde grito embriagado que lanza un grupo de cíngaros ambulantes hacia el final de esta fabulosa y desquiciada historia, basada en hechos autobiográficos (y traducida en algunos países, donde ha cosechado un tremendo éxito, con el título de Un hijo del Danubio): «¡Viva la vida, nunca moriremos!».

Secreta línea


El autor, János Székely (Budapest, 1901-Berlín, 1958), nacido en el seno de una humilde familia, guionista del cine expresionista en el Berlín de los años 20 y más tarde guionista para Ernst Lubitsch en Hollywood, en películas como Desire, protagonizada por Marlene Dietrich y Gary Cooper, enlaza con una secreta línea o tradición de algunos de los más geniales hijos descarriados de este mítico Danubio, que compartieron en su día unos miserables orígenes superados tan sólo con titánicas luchas personales. Ese es el caso del legendario poeta nacional húngaro Attila József, huérfano y vagabundo, criado en la más total indigencia, que ejercería los más diversos oficios, o del igualmente magnífico cuentista Panaït Istrati, hijo de una lavandera rumana y de un contrabandista griego. Algo que nos ilustra bastante al adentrarnos en la apasionante y descabellada lucha por la vida del pequeño héroe protagonista de Tentación, Béla. Alguien que dirá en sus recuerdos de infancia y adolescencia: «Crecí como la maleza y la mala hierba, igual de resistente».

«Hacedora de ángeles»

Béla es un niño huraño, sucio, orgulloso e indoblegable, siempre hambriento, que aprende a blasfemar antes que hablar y que parece detestar a todo el mundo, en especial a su joven madre soltera, que ha tenido que irse a trabajar a la capital, Budapest, dejándolo solo en la aldea al cuidado de una despiadada bruja sin sentimientos, «la tía Rozika», antigua prostituta y «hacedora de ángeles», que lo trata peor que a los perros y a los animales de su corral, con los que comparte muchas veces su comida. Béla crece en la época de penurias de entreguerras, con una patria cruelmente diezmada tras finalizar la Primera Guerra Mundial. Bebe diariamente entre los campesinos raciones diarias de cruel y seca indiferencia, de antisemitismo ancestral, de inflación galopante y una escasa nostalgia patriótica que ellos tan sólo relacionan apáticamente con la guerra «y el resto de las empresas señoriales» en las que se vieron envueltos.

Las vertiginosas etapas (revolución, contrarrevolución y Terror Blanco con los correspondientes pogromos (a los que aún juegan los niños en el campo) parecen haberse sucedido con especial saña y velocidad en la ahora pequeña Hungría. Un día, Béla es detenido por haber robado unas botas, ya que la nieve le impide ir descalzo a la escuela, lo único que de verdad ama, por encima de todas las cosas; así que será enviado a la fuerza con su madre a Budapest. A los 15 años, milagrosamente, su madre, que se ha reconciliado con su desconocido padre, un alegre sinvergüenza que huyó tras dejarla embarazada, consigue colocarlo de botones en el hotel más lujoso de la ciudad. En Budapest, y en toda Hungría, reina el omnipresente y ultraderechista almirante Horthy, más tarde colaborador de los nazis.

Futuras víctimas

Una salvaje inflación y crisis sin precedentes ha echado a la calle a hordas de parados y pequeños delincuentes hambrientos que peinan toda la ciudad buscando algo que echarse a la boca, con el miedo diario a ser desahuciados junto a sus familias. Al mismo tiempo, los fascistas locales, admiradores de un debutante Hitler, parecen estarse preparando para algo «más grande», que aún pocos sospechan, como dirá Béla, provocando de momento tan sólo una incrédula «sonrisa de sus futuras víctimas». La novela finalizará con el pequeño héroe embarcado hacia los Estados Unidos.

(http://www.abc.es/abcd/noticia.asp?id=8791&num=832&sec=32)

(Los administradores del foro agradecen a Carlos Vitale esta infomación.)
alazaro Enviado - 11 enero 2008 : 17:21:11
Peter Esterhazy, écrivain footballeur

Pierre Deshusses
Le Monde, Paris, 11.01.08.
"LE MONDE DES LIVRES"

"J'ai été footballeur avant de devenir écrivain." Cette déclaration, que Peter Esterhazy appelle "position de base", est l'étonnante révélation d'un des plus grands auteurs hongrois actuels dont la virtuosité est jalonnée de prix littéraires. Pourtant, c'est elle qui lui permet de composer un des livres les plus déroutants sur le football. On est loin de l'analyse d'un intellectuel: "Ce jeu, j'y joue, même quand je ne fais que le regarder. Je ne le regarde jamais de l'extérieur. Je ne le regarde pas pour le voir mais parce qu'il existe." Posé comme un absolu, le football n'est pas seulement vu comme un sport, un enjeu commercial ou un enclos de corruption, il devient le révélateur de la condition humaine: "Les problèmes du football sont les problèmes du monde." Mais Esterhazy, ancien "bon joueur" de quatrième division et dont le frère compte plus de trente sélections en équipe nationale, a trop d'humour pour obéir aveuglément à ses propres règles. Footballeur, mathématicien puis écrivain, il profite du défi proposé par le journal allemand Süddeutsche Zeitung d'écrire un livre sur le ballon rond, pour donner à ce ballon des trajectoires improbables.

Si l'architecture du livre est le récit d'un voyage fait en Allemagne juste avant le Mondial de 2006, sa matrice en est le souvenir d'un match qui a opposé la Hongrie à l'Allemagne, en 1954. Cette année-là, à Berne, la Coupe du monde de football aurait dû consacrer la Hongrie. Le Onze d'or hongrois était invaincu depuis quatre ans et possédait le meilleur duo d'attaquants avec Kocsis et surtout Puskás.

Les premiers matchs permirent aux Hongrois de confirmer leur position de favoris avec deux démonstrations contre la Corée du Sud et l'Allemagne de l'Ouest, battue 8 à 3. Après avoir écarté le Brésil et l'Uruguay, les Hongrois retrouvent en finale les Allemands. Au bout de huit minutes, ils mènent déjà 2 à 0 ; mais les Allemands reviennent dans la partie, égalisent à la 18e minute avant de sceller le sort de la rencontre à sept minutes de la fin : 3 à 2. "Longtemps ce match m'a fait très mal", confie Esterhazy, qui n'avait pourtant que 4 ans à l'époque, preuve que le football, avec ses victoires et ses défaites, s'inscrit dans l'histoire des peuples comme Austerlitz ou Waterloo.

Mais Esterhazy évacue la nostalgie pour viser d'autres buts : "Bien que ce soit le meilleur des mondes possibles, je ne le dirais pas parfait. Le monde n'est pas encore prêt, il y manque encore des phrases, c'est ce qui légitime l'écriture." Si les inconditionnels de l'équipe de France en seront pour leurs frais, puisque aucune ligne n'est consacrée aux Tricolores, les autres vont pouvoir assister à un match inédit entre passé et présent, imaginaire et réalité, sérieux et dérision, absurde et logique. Dribblant avec les digressions, Esterhazy établit une typologie entre les acteurs de ce sport, des joueurs vieillissants aux gardiens des stades, en passant par les entraîneurs à "la méchanceté raffinée" et les arbitres, représentants de l'ordre ou du pouvoir suivant les peuples. Jusqu'à imaginer Dieu en chaussettes et tricot noirs, sifflant des hors-jeu : "L'effroi au carré !" Bousculant les genres et les frontières, Esterhazy sélectionne l'Europe, la dialectique de l'échec, l'alchimie du baiser, Thomas Mann et James Joyce, qui trouvent leur place dans ce livre jubilatoire en forme de surface de réparation.

VOYAGE AU BOUT DES SEIZE MÈTRES
(UTAZÁS A TIZENHATOS MÉLYÉRE)
de Peter Esterhazy
Traduit du hongrois par Agnès Jarfas
Ed. Christian Bourgois, 192 p., 23 €.

(0,1-0@2-3260,36-997710,0.html" target="_blank">http://abonnes.lemonde.fr/web/article/0,1-0@2-3260,36-997710,0.html)
alazaro Enviado - 26 diciembre 2007 : 19:17:51
ENTREVISTA
Imre Kertész "Es un deber vivir después de Auschwitz"


JUAN CRUZ
El País, Madrid
23/12/2007

Imre Kertész tenía hambre a las tres de la tarde del lunes en Berlín; llegó al hotel donde habíamos quedado, en el centro de la ciudad que simboliza para él tantas cosas, y se pidió en la barra un bocadillo de jamón de York que luego dejaría a la mitad. Tranquilo, pausado, el autor de Sin destino se dispuso a hablar del pasado como si fuera una herida, pero también como si fuera el sustento de una obra de arte.

Berlín, escribió una vez, "era la ciudad de Europa más expuesta al peligro", y era también la ciudad cuyo nombre evocaba ciertos azules de su infancia. Ese Berlín mítico fue luego, sobre todo, el lugar del que salía la rampa hacia los campos de concentración que rompieron su vida nada más empezar... Ahí vive, en medio de la memoria de su drama.

Tenía dolor de espalda, estaba resfriado, pero se sentía feliz de hablar, y cuando empezó a hacerlo, aquel hombre humilde de ojos asombrados y cálidos alcanzó su verdadero poderío; dejó de ser el modesto viandante que en Berlín cruzaba la calle enfundado en un tupidísimo abrigo negro y se convirtió en Imre Kertész, el escritor húngaro que contó su experiencia en los campos de concentración y le puso un nudo en la garganta a los lectores de su límpida, terrible historia.

Su novela Sin destino, que como prácticamente toda su obra ha sido publicada en español por El Acantilado, es un clásico entre los testimonios de lo que sufrieron las víctimas de los campos, y se ha convertido en símbolo (ahora también en cine) de aquel horror, que él sufrió cuando era aún un adolescente tanto en Buchenwald como en Auschwitz; el resto de su obra, incluidas sus reflexiones y sus diarios, giran en torno a esa enloquecedora experiencia; convertida en literatura, su memoria le valió en 2002 el Premio Nobel.

Ahora vive entre Berlín y Budapest; llega con su sombrero negro ("el de hace años", dice) y come como un pajarito; sus ojos vivarachos y bonachones caen sobre las preguntas como dos luces que él agita a veces con rabia. Habló en húngaro, y una intérprete -Julia Maté, hija de húngaros- nos tradujo al inglés ese idioma que a veces parece nórdico. Queríamos hablar sobre el tiempo que ha vivido, e Imre Kertész lo hizo con pasión y con desesperanza. En cualquier momento, dijo, la humanidad se puede caer.

Pregunta. Escribe usted en Kadish por un hijo muerto: "El siglo, ese pelotón de fusilamiento en servicio permanente, se prepara otra vez para disparar...". Un siglo terrible, usted lo padeció. ¿Cómo lo ve hoy?

Respuesta. Creo que aún hay cosas que están por desvelarse del siglo XX. Pero ocurrieron hechos sin precedentes en ese siglo, que son los regímenes totalitarios que existieron, el nazismo y el comunismo. Eso es algo que no podemos olvidar.

P. ¿Y las amenazas del siglo, las que usted padeció, han sido resueltas?

R. No creo que sea posible superarlas, porque todo lo que pasó en el siglo XX ocurrió y sigue existiendo, está con nosotros, es nuestra memoria. Auschwitz, el Gulag... viven aún en los genes de la humanidad. Y las generaciones futuras seguirán llevando estos genes.

P. ¿Y cómo se manifiestan esos genes? En la ex Unión Soviética, por ejemplo, ¿cree usted que a pesar de que ya no haya un régimen comunista aún queda algo de ese sistema en los genes de la gente?

R. No creo que esto sea algo relacionado con la política, es más bien una herencia que acarrea la humanidad. En cuanto a Rusia, no le puedo decir nada al respecto, ya que no me siento cerca de ese país, lo conozco poco. La situación de Rusia no ha cambiado en siglos. Desconocen la democracia. Ni siquiera la contemplan como forma de convivencia. Introdujeron otro sistema, que es el bolchevique. A través del bolchevismo quisieron abrirse a Occidente, y esto es lo que les llevó a idear el Gulag, los campos de exterminio en Rusia. Ocurrió de forma independiente a la política. Era una forma de vida y se transmitía a través de la gente. No creo que se haya superado ni se haya acabado. Y si no llega Rusia pronto a la democracia, eso conllevará serias consecuencias.

P. ¿Y dónde está el gen del otro sistema totalitario, el nazismo, el fascismo? ¿Aún pervive en la humanidad? La experiencia de la guerra y la devastación de aquellos años, ¿acaso no fueron suficientes para que dejara de existir para siempre?

R. No quiero que haya malentendidos. No estoy diciendo que estos sistemas, como el comunismo o como el nazismo, estén codificados en los genes. No es lo que quiero decir, pero lo cierto es que los sistemas existieron y a raíz de aquello la gente los lleva consigo. Se ha desarrollado un patrón, y ese patrón existe en las mentes de la gente. Puede ocurrir de nuevo porque ya existe un modelo, un patrón. Antes de la [última] guerra, si a alguien se le hubiese ocurrido decir: vamos a construir un campamento de exterminio de judíos, la gente habría pensado de esa persona que era un enfermo mental. Antes de la guerra, esas cosas no habrían sido posibles. Pero hoy sí, hoy puede ocurrir, porque existe un precedente. Quiero usar la palabra escándalo para lo que siento. Escándalo porque ocurrió en una cultura cristiana. Tanto el Holocausto como el nazismo ocurrieron en una cultura cristiana cuyos valores se colapsaron. El que los valores se hubieran colapsado, como bien predijo Nietzsche hace tiempo, ¿es algo que ya viene predeterminado por la humanidad? ¿O tiene que ver con la incompatibilidad de los alemanes y los judíos?

P. En Jerusalén, usted dijo hace cinco años que se sentía transido de felicidad, entre los judíos, pero se preguntaba por el porvenir, inquieto. "Hablaremos dentro de veinte años". Ahora hay conversaciones entre Bush, los palestinos y los israelíes para pacificar la zona. ¿Alberga usted alguna esperanza, o aún hay que esperar quince años más?

R. Para ser honesto, no estoy puesto al día en la política actual. No puedo comentar nada sobre lo que dicen dirigentes como Bush. Pero a largo plazo somos todos humanos y, por tanto, tenemos ideales humanos, y son estos ideales los que algún día harán posible la armonía. En Jerusalén creo no haber conocido a ningún judío intelectual que se opusiera a que exista un Estado libre palestino. Lo que ocurre es que la mayoría de las personas son manipuladas a través de la política. Es posible que exista vida normal en Palestina porque hay un antecedente armónico, cuando Israel estaba bajo el mandato inglés. Funcionó y entre la gente no había distinción. Esto fue antes de la Primera Guerra Mundial. La coexistencia no empezó con odio, sino con cooperación. Los judíos compraron tierras y allí cultivaron naranjos. Esto es algo que podría suceder de nuevo.

P. Usted dijo: "La ley de nuestro mundo es el error, el malentendido, el no reconocimiento del otro". Se puede aplicar a lo que sucede entre esos vecinos. ¿De qué estamos hechos, que no somos capaces de evitar el odio?

R. Es una cuestión de humanidad y encuentro muy difícil buscar la conexión política. La naturaleza humana es así. En cuanto al desarrollo del Israel, el poder y la forma de pensar se está trasladando a una generación más joven. Y eso significa que habrá menos resentimientos, menos conexión con el Holocausto. Es una generación distinta. Pero no puedo predecir el futuro. Lo que yo me planteo es mi relación con Israel. Es algo personal; desde que reflexioné sobre ello me di cuenta de que no tengo ningún derecho a opinar sobre Israel ni a interferir en sus asuntos.

P. Auschwitz, que según usted domina el siglo, es el símbolo del mal. ¿Sigue siendo el símbolo más poderoso o se ha visto disminuido por otros símbolos? Como usted se pregunta, "¿a quién pertenece Auschwitz?".

R. Es muy buena pregunta, y por consiguiente muy difícil de contestar. A raíz de la película La vida es bella [de Roberto Benigni], escribí un artículo en el que contaba cómo los supervivientes del Holocausto se aferran a cada uno de los detalles de lo que ocurrió y cómo esperan que los cineastas reflejen esa realidad. Ahora hay una generación muy distinta y lo que les toca a los que vienen es reflexionar sobre cuál es su relación con el Holocausto. ¿Buscarán soluciones? ¿Encontrarán maneras de ahuyentar esos resquicios? Creo que es muy difícil eliminar los restos de la memoria porque eso se transmite a través de la sangre. Los jóvenes de hoy tienen que encontrar una forma de tratar el tema del Holocausto.

Existe una anécdota húngara. Había un poeta que escribió un poema maravilloso que se tradujo a varios idiomas. De uno de esos idiomas se volvió a traducir al húngaro y no tenía nada que ver con el poema original. He conocido a muchas familias judías que criaron a sus hijos sin contarles nada sobre su historia. Más tarde, por pura coincidencia, esos niños, ahora adolescentes, se enteraron de lo que les había ocurrido. Y obviamente les resultó muy chocante para ellos saberlo así, de sopetón. De pronto se vieron ante una palabra nueva en su diccionario mental y no sabían qué hacer con ella. Así que tuvieron que buscar la armonía para poder seguir adelante en la vida. Muchos sufrieron un ataque de nervios y no supieron qué hacer con esa historia. Otros intentaron asumirlo. Y otros emigraron a Israel para encontrar la manera de buscar la paz y solidarizarse con la comunidad judía.

P. No se acabó el mal con el Holocausto. Ahí tiene usted lo que sucedió en Nueva York, en Madrid, en Londres... ¿Tiene usted respuesta a este permanente resurgimiento del mal?


R. Mucho depende de nosotros. Ya hablé de la caída de los valores durante el régimen nazi. Hemos de crear, construir nuevos valores, un nuevo sistema. Es fundamental para lograr defender Europa y los valores europeos. Europa es muy pequeña, comparada con otras partes del mundo. Grecia era también un pequeño país cuando luchó contra Persia, pero peleó y defendió sus valores. Cuando hablamos sobre la defensa de nuestros valores debemos considerar que el valor de la libertad de pensamiento que gozamos en Europa es el valor más importante. Si valores como éstos no se protegen, será el fin de Europa. Y eso no lo queremos.

P. ¿Y estamos defendiendo esos valores? ¿Es Europa consciente de que ha de preservar esos valores culturales, intelectuales? ¿Está Europa construyendo un nuevo espíritu?

R. La mera existencia de Europa es prueba fehaciente de que funciona, de que esta vida tan especial que gozamos en Europa se debe a que no quiere renunciar a nuestros valores. Sólo así, defendiéndolos, teniendo conciencia de ellos, le resultará posible mantener los valores espirituales, culturales, etcétera, de los que depende. Pero no podemos relajarnos. Ha de ser una lucha diaria, un recordatorio diario; una tarea enorme.

P. ¿Tiene usted esperanza en la raza humana?

R. Sí.

P. ¿Y cómo puede ser que la vida sea tan bella y al mismo tiempo produzca tantas tragedias? ¿De qué estamos hechos?

R. Esto es algo que la humanidad se ha preguntado desde la antigüedad, desde que se escribieron los primeros dramas griegos. Es la base de nuestra cultura y de muchas otras.

P. Ha dicho usted que la historia del superviviente, y usted es un superviviente, no es trágica, sino cómica.


R. Son juicios de las novelas, y en las novelas todo es diferente; ahí te permites hacer juicios radicales. Una novela es arte y el arte siempre necesita de la distorsión, de la exageración.

P. Su frase es terminante: "El superviviente no es trágico, sino cómico, porque carece de destino. Por otra parte, vive con una conciencia trágica del destino".

R. Es una frase que dice un personaje en una novela mía. Es una frase muy específica. La pregunta es: ¿Cómo podemos lidiar con estos temas? Por ejemplo, Samuel Beckett describió a sus personajes de manera muy distinta a como pensaba él sobre la humanidad. Están los personajes por un lado y el escritor por el otro. Y yo no soy necesariamente mis personajes. Pero, si me permite volver al tema de Europa y del mal del que estábamos hablando, creo que hasta que tengamos el poder espiritual de descender al mal y ascender de nuevo y enseñarle a la generación venidera lo que ha ocurrido no seremos capaces de crear algo positivo con todo esto, no seremos capaces de crear valores nuevos con lo que nos sucedió... Si permanecemos en el terreno del mal, sin ascender, eso constituiría un problema gravísimo. Creo que el arte tiene que descender al mal, tratar temas negativos, para sacar luz, para que las generaciones venideras vean con más claridad la memoria de los otros.

P. Usted mismo dice que ha hecho de su vida una obra de arte. ¿Cuándo es posible convertir una memoria como la suya en arte? ¿No es difícil hacer arte con tanto dolor?

R. Esto cambia después de cada novela. Todas mis novelas tienen puntos de vista distintos sobre lo que pasó. Y es un tema recurrente. Nunca me lo planteo a priori. Es algo que sucede al escribir, está ahí, va viniendo. Escribo un párrafo y lo leo y me doy cuenta de que está mal, que lo tengo que reescribir. Tengo que aprender de mis errores. Y éste es el procedimiento que utilizo. El mundo ha cambiado, fíjese la cantidad de idiomas en los que nos vamos entendiendo, cuántas obras de arte no se hacen del horror que sucedió y que sucede. Mire la música, por ejemplo: antes de la Primera Guerra Mundial hubo cambios debidos a razones particulares, pero las guerras lo cambiaron todo, y donde hubo sonidos vino el caos. La razón es el colapso de la cultura europea, la falta de consenso, el conflicto se adueñó de la creación artística, la dislocó. Todos tienen un punto de vista, ideas distintas. Durante el barroco, por ejemplo, si uno hablaba de Dios, todos entendían lo mismo. Hoy, Dios es diferente para cada uno. No hay consenso ni sobre lo que significan las palabras. Cada persona entiende cosas diferentes. Ahí entra el artista, a hacer lo que le da la gana, a convertir en obra de arte incluso el dolor.

P. Dice su colega Jorge Semprún, que sufrió como usted el horror de los campos de concentración, que jamás olvida, ni un minuto, lo que le sucedió en Buchenwald. Pero dice que aún no se atreve a hablar de algunas de las cosas que vio o padeció. ¿Hay cosas de su pasado como víctima de los nazis a las que aún no se atreva usted a enfrentarse?

R. Debe de haber algo, seguro, pero ahora mismo no soy consciente. Si he vivido alguna experiencia humillante y escribo sobre ella, no estoy muy seguro de que en la escritura quede reflejada verdaderamente esa humillación, o al menos al nivel del sufrimiento que viví. Pero estoy de acuerdo con Semprún, hay cosas que seguramente uno no se atreve a decir. Todavía. Por cierto, conocer a Semprún fue un placer. En la literatura del Holocausto (¡y conste que detesto ese término!), él es una figura muy importante.

P. Usted ha dicho que el Holocausto dejó la literatura en suspenso. "De hecho, qué escritor de hoy día no es un escritor del Holocausto... Tras Auschwitz nos hemos quedado solos". ¿Qué huella deja en el alma semejante experiencia?

R. Indudablemente, ha dejado una huella profunda en el alma, y no hay día que pasa sin que piense en ello. Quizá suena a cínico, pero ése es el tema central de mi trabajo, de mi arte. Por eso tengo que pensar en ello. Mis novelas son las formas que encontré para tratar con esta experiencia. Este hecho, el de haber encontrado una manera de enfrentarme a ello, es decisivo en mi vida.

P. La pregunta tradicional es: "¿Es posible escribir después de Auschwitz?". A lo mejor tendría que ser: "¿Es posible vivir después de Auschwitz?".

R. Ja ja. Pero yo no diría que es posible, es un deber vivir después de Auschwitz, con todo lo que fue Auschwitz, con lo que representa aún, con lo que representará.

P. ¿Ha sido difícil?

R. La escritura lo ha hecho posible; la escritura lo convierte a uno en otro.

P. La escritura libera.

R. Has de liberarte antes, para poder escribir.

P. Y Sin destino es lo más liberador que ha escrito.

R. Esa novela sólo fue el comienzo, porque, como sabe, todos mis libros son parte de una gran novela, es decir, de una sola novela extensa, alargada. Ésta fue muy importante porque me permitió una manera muy distinta de ver las cosas. Me di cuenta, por ejemplo, de que el lujo no tiene importancia, de que lo importante es poder pensar.

P. Tiene usted una frase, en la traducción española, sobre "el azul de la infancia" que recuerda un verso de Antonio Machado, el poeta español. En esa infancia, ¿cómo era Imre Kertész?

R. Mi niñez era miserable. Pero así es la niñez en general, miserable porque dependes de los demás. Afortunadamente, los niños no son conscientes de ello.

P. Y ahora que ya es consciente, ¿sigue pensando que la niñez es miserable?

R. Sí, sigo pensando lo mismo. Un niño no tiene idea de lo complejo que es el mundo. Y los adultos no saben cómo piensan los niños ni lo que necesitan entender. Los niños sólo obedecen a lo que les dicen los adultos, no son nadie...

P. Usted ha sobrevivido, y dice que ha sobrevivido a un siglo "terrible".

R. Sí, un siglo terrible.

P. Pero añadió a ese adjetivo esta salutación optimista: "Y sigo vivo". Y aún más: "Y si ahora me preguntan qué me mantiene con vida, responderé sin vacilar: el amor".

R. Sí, el amor es lo más importante para un artista. De hecho, es la última frase de la Divina Comedia. Aunque los temas de que hablo no traten siempre del amor, todo está basado en ello. La palabra amor ha sido usada tantas veces, y tan mal usada, que debemos crear una situación real que la merezca. El resto es la literatura.

P. Ganó el Nobel y se produjo un pequeño terremoto en su vida personal.

R. Sí, ja ja, el Premio Nobel fue una suerte de catástrofe.

P. Entonces confesó que no sabría si iba a encontrar alguna vez "el equilibrio entre mi vida, el trabajo y el premio".

R. Pero ya hallé el equilibrio. ¡Y me acostumbré al dinero, que al fin y al cabo tampoco es tanto! Con ese dinero te compras un piso pequeño en París. O un piso pequeño en Manhattan. Pero es bueno tenerlo, cómo vamos a negar eso.

P. Kertész, hablemos del futuro. Usted ha dicho que hemos descendido a la bajeza de Auschwitz, que desde ahí ya es muy difícil descender más. ¿Y subir? ¿El mundo será un lugar mejor?


R. Por supuesto que albergo la esperanza de un futuro mejor. Pero ésta es una gran especulación. Cuando los artistas hablan del amor y de la felicidad, hablan de utopías. Y me gustaría creerles.

P. Usted escribió en su diario, en enero de 1991, en plena primera guerra del Golfo: "Ambiente de catástrofe". Siempre hay razón para escribir una entrada así, en el mundo actual. Hoy mismo, sin ir más lejos.

R. Es increíble la capacidad que tiene el ser humano de hundirse. Y es alarmante que tan cerca de nosotros esté prevaleciendo una ideología terrible, la del fanatismo religioso, la de los que no valoran la vida propia ni la de los demás. Y cuando no se valora la vida se produce una situación muy peligrosa.

P. ¿Prevalecerá la amenaza?

R. No creo que este fanatismo pueda prevalecer a la larga. No tiene sentido. ¿Cuál es el objetivo? Entiendo que en Palestina quieran su propio Estado, pero no logro entender que el mundo entero gire en torno a esto; es muy bárbaro. La civilización entera puede ser destrozada en diez minutos, pero lleva siglos enteros reconstruirla. Es inconcebible lo fácil que se rompe todo y lo difícil que resulta rehacerlo.

P. ¿Qué le hace feliz, Kertész?

R. La vida me hace feliz. Es muy difícil analizar la felicidad, la del día a día y la que te sorprende, la que te agarra inesperadamente y en cuestión de segundos te eleva a la creación. Puede haber, en unos segundos, armonía, espíritu positivo, y de pronto todo se evapora, ¿no lo siente usted así? De pronto todo se evapora. Es la única razón por la que estamos aquí, para disfrutar esos segundos, sentir esa ola de calor. Cuando estamos en armonía con la creación, eso es la felicidad.

P. Su colega italiano Leonardo Sciascia decía que era un instante la felicidad.

R. Y es que no es más, la felicidad son unos segundos nada más.

(http://www.elpais.com/articulo/reportajes/deber/vivir/despues/Auschwitz/elpepuinteur/20071223elpdmgrep_2/Tes)
alazaro Enviado - 23 diciembre 2007 : 02:22:12
La vida a la puszta hongaresa

Gyula Illyés
Gente de las pusztas

Traducción y notas de Adan Kovacsics
Barcelona, Editorial Minúscula, 2002
416 pp.
ISBN: 84-95587-12-2


Gente de las pusztas (Puszták népe, 1936) és una obra a cavall entre el llibre de memòries i l'assaig socio-historiogràfic. En ella Gyula Illyés ens presenta la vida diària, els costums, les tradicions i les característiques principals dels habitants de les pusztes, les grans hisendes d'origen feudal de la riba occidental del Danubi de les que el propi Illyés era originari i que encara seguien vives en els inicis del segle XX. La importància d'aquesta obra és cabdal en la història de la literatura hongaresa; no tant per la seva qualitat estrictament literària –que, contradient al traductor Adan Kovacsics, no em sembla tan brillant–, sinó perquè es tracta del primer llibre que examina i posa en coneixement del gran públic les vicissituds d'un segment social tradicionalment oblidat per la literatura i la història. El treball d'Illyés (i també el del seu amic László Németh) es pot comparar amb el que realitzaren Béla Bartók i Zoltán Kodály en musicologia, recorrent tota la regió hongaresa per a recuperar les danses i melodies tradicionals del folklore hongarès. Aquest corrent populista pot emmarcar-se en l'apogeu dels nacionalismes experimentat el segle XIX, i que reivindicava una romàntica cerca de les essències pàtries en els elements més purament magiars i menys contaminats d'influències estrangeres. Aquests autors volien descobrir als seus conciutadans un món ocult que tenien molt a prop i que, al seu entendre, constituïa el veritable substrat de la nació hongaresa.

Una puszta era el conjunt format per les cases dels criats, les establies, les cotxeres i els graners, que es trobava enmig d'una gran finca. En elles hi podien arribar a conviure més d'un centenar de famílies. Aquestes hisendes tenien també un castell i les vivendes de l'administrador, de l'inspector i de l'encarregat de la maquinària, així com les de tots els càrrecs intermedis.

Els criats de les pusztes treballaven gairebé la meitat de la terra cultivable d'Hongria. Eren servils, obedients, submisos i tenien una temor reverencial a l'autoritat. Per a la resta del país, ser de la puszta era vergonyós i significava ser un desarrelat, un apàtrida. La pàtria dels habitants de la puszta era la pròpia puszta on vivien, així com totes aquelles que pertanyien al mateix senyor; de manera que per saber d'on era algú, no es preguntava on vivia sinó a qui servia. Les condicions de vida eren miserables: vivien en cases construïdes amb fang premsat, palla i uns quants puntals, seguint l'antiga arquitectura vinguda d'Euràsia. La duresa de les condicions de treball feia que visquessin aïllats, i la necessitat que tenien els animals de tracte continu provocava que molts no haguessin sortit mai en la seva vida de la puszta on vivien. Illyés destaca la particular noció de la propietat privada que impera a la puszta: malgrat que els criats no posseïen res en propietat i eren pagats irrisòriament, els habitants de les pusztes sentien com a seu tot el que veien al seu voltant i en particular les terres que conreaven.

Les professions dins la puszta s'heretaven de pares a fills, i cada ocupació era un graó d'una rígida jerarquia acceptada per tothom, i en la que era quasi impossible ascendir o descendir. Tampoc es donaven matrimonis entre membres de diferents ocupacions, de manera que aquestes categories funcionaven a la manera de castes. Dins dels pastors, els ovellers tenien un prestigi molt superior als porquerols o els vaquers. Un peó de carreta podia somiar en convertir-se en peó primer, que era qui dirigia la caravana. Depenent de la professió que exercien tenien salaris diferents. L'habitual era que les retribucions (el «conveni») es dividissin en tres categories: pagament en metàl·lic, en espècie i en terres de cultiu. També es proporcionava un lloc per dormir a la família i en alguns casos se'ls permetia tenir animals.

La legislació relativa a la contractació de criats per les pusztes deixava les mans lliures als senyors, ja que bona part de les lleis i reglaments contenien paràgrafs i clàusules de l'estil de «d'acord amb els costums de la zona corresponent...». I si la normativa estatal era vaga i imprecisa (i sovint, a més, directament desobeïda), cada casa tenia el seu propi reglament en el que el senyor imposava el que discrecionalment volia. Com a conseqüència, les jornades laborals diàries eren extenuants. La jornada començava entre les tres i les quatre de la matinada i finalitzava quan es feia fosc, entre les sis i les set de la tarda. En acabar la feina, els treballadors es rentaven i es reunien amb la família. Aprofitaven aquell temps per cuidar-se del seu hort o dels seus animals, per sopar tots junts i conversar. Els diumenges eren molt més alegres: tot i començar la feina a la mateixa hora, cap al migdia acabava la jornada. Els homes es rentaven i s'afaitaven i les dones s'empolainaven i vestien roba cridanera. La puszta es relaxava i fins i tot hi havia qui interpretava música amb la cítara i l'acordió. Es reunien tots i conversaven, explicant-se anècdotes i relats. Cap a les cinc s'acabava la festa, perquè calia tornar a donar de menjar als animals. Com diu Illyés: «havia transcorregut el dia pel que valia la pena traginar una setmana sencera, una vida sencera».

En època de sega i collita arribaven a les pusztes gent vinguda de fora: temporers, jornalers, segadors… Eren acollits com un membre més de la comunitat i els habitants compartien amb ells el poc que tenien, fins i tot si no podien comunicar-se perquè parlaven una llengua diferent. El caràcter dels nouvinguts variava segons la zona de la que provenien, i fins i tot podia canviar substancialment d'any en any si eren capitanejats per una persona diferent. El 31 d'octubre de cada any, la vigília de Tots Sants, era una data molt especial a la puszta: es realitzava la «crida», en la que tots els criats de la puszta, agrupats per rang i vestits de diumenge, acudien a les oficines. Aquell dia l'administració comunicava als criats amb qui es quedava i a qui acomiadava per a la propera temporada.

Entre els habitants de la puszta no existien gaires formalitats. Com que convivien junts i no hi havia gaire espai per a la intimitat, es limitaven les salutacions i afloraven amb facilitat les tensions i la irritabilitat. Els adults renegaven i maleïen de manera enginyosa, i fins i tot van desenvolupar les seves pròpies frases fetes. Els càstigs físics eren freqüents a la puszta, i un jove podia rebre bufetades fins als trenta-cinc anys. A la gent gran no se'ls picava per la humiliació que suposava. Com en tants altres aspectes, la rigidesa en la disciplina variava de puszta a puszta. Entre familiars també es practicava la violència física com a part de l'educació, i era tradició que els pares piquessin als fills fins a una determinada edat, i que aleshores fós el fill qui piqués al pare. Finalment, entre ells també hi sovintejaven les baralles, moltes d'elles amb arma blanca, pels motius més espuris. Aquesta proximitat natural amb la violència feia que els homes de les pusztes fossin bel·licosos soldats, i protagonitzessin gestes heroiques en diverses batalles. Sempre portaven navalla («la navalla és bona àdhuc a la església», deia una dita) i depenent de la procedència, es barallaven d'una manera o una altra.

La vida dels nens a les puzstes era de completa llibertat, i jugaven a son lloure pels terrenys de la hisenda. De ben petits eren agrupats i es posaven sota la tutela d'una mainadera pagada mitjançant conveni per la hisenda. Més endavant acudien a l'escola de la puszta. A la puszta on nasqué Illyés, l'oncle Hanák era el mestre. A l'escola separaven els nens per edats i els oferien moltes activitats a fer: des de l'estudi de l'aritmètica bàsica i l'aprenentatge de la lectura fins el dret constitucional, passant per les oracions catòliques.

Els prometatges entre joves, com en les cultures primitives, s'acordava entre famílies abans de que el noi tingués ús de raó, i és que en la puszta les persones eren intercanviables: cap rebria major dot, ni major herència, ni tindria majors expectatives professionals… Les relacions s'iniciaven de molt jovenets i no s'ocultaven. La fidelitat era un requeriment a les pusztes, tot i que, paradoxalment, tampoc succeïa res si es trencava. Una altra característica de les pusztes de la que Illyés fou testimoni i que no va poder valorar en la seva justa mesura fins que no va sortir d'allí eren els abusos sexuals que cometien els senyors (o simplement, els alts càrrecs) amb les donzelles de la puszta. Com si seguís vigent del dret de cuixa medieval, els administradors feien «pujar» a les noies al castell, on elles sabien el que els esperava. No existia resistència ni qüestionament, només obediència resignada, i l'única sortida per a l'habitant de la puszta que no transigia amb aquests abusos era el suïcidi. Els marits o promesos de les noies tampoc acudien en la seva defensa, i ni tan sols es considerava aquest fet com una deshonra o una infidelitat.

Els casaments a les pusztes eren esdeveniments de marcat caràcter social. Assistien convidats d'arreu, parents d’altres pusztes que viatjaven centenars de kilòmetres per acudir al convit. Malgrat les penúries que pogués passar la família durant tot l'any, el banquet de noces havia de ser opípar. La tradició manava a la núvia no menjar ni beure durant tot el dia, mentre que el nuvi havia d'afartar-se com mai més ho faria en la vida. La núvia feia d'amfitriona i rebia tots els senzills regals que portaven els convidats, que eren afalagats amb menjars variats i abundant alcohol. La núvia ballava fins a quedar extenuada, i el nuvi compartia amb ella només l'últim ball.

La religió a la puszta depenia de la regió: catòlics fervorosos, calvinistes intransigents, escèptics d'un agnosticisme primitiu… de vegades es practicava una desviació del catolicisme oficial pròpia de la puszta, en la que a la iconografia cristiana s'hi entremesclaven rituals pagans i supersticions ancestrals. D'igual forma, la sanitat a la puszta era essencialment curanderia fonamentada en les creences populars i els remeis miraculosos transmesos oralment de generació en generació. Esporàdicament apareixien per la puszta veritables metges, que feien maratonianes sessions de consulta en les que havien de passar revista a tots els habitants de l'indret i fins i tot als seus animals; i al revés, aquells veterinaris que tenien fama de tenir bona mà amb els animals eren empipats amb qüestions relatives a les malalties dels homes. Malgrat que les atencions mèdiques corrien a càrrec del senyor de la puszta, els criats eren reticents a aprofitar aquesta possibilitat per por a perdre el seu lloc de treball o a no renovar-lo.

Les grans revolucions polítiques i socials no van afectar a les pusztes, on es mantenien inalterables els privilegis dels senyors i els abusos sobre els criats. Així doncs, per exemple, la revolució de 1848 de Lajos Kossuth o la consecució de la llibertat de premsa no tingué cap efecte real sobre la vida de la gent de les pusztes. Malgrat que els llibres d'història parlaven de que els serfs foren alliberats, que van rebre les seves terres i que es convertiren en ciutadans lliures d'aquell país, la realitat era que gairebé tot el territori pertanyia a unes poques famílies potentades, de cognoms aristocràtics i arrels endinsades en l'Edat Mitjana. A més, les minses cessions dels poderosos es degueren a la necessitat, bé perquè temien la revolta dels camperols i serfs, bé perquè els necessitaven com a carn de canó per anar a la guerra. Si els camperols que posseïen finques encara van poder esgarrapar alguna concessió de la legislació de Kossuth i Deák, què va succeir amb els treballadors de les pusztes, que no tenien res en propietat? Doncs que la història els va passar pel costat, com en tantes altres ocasions. Illyés afirma, irònicament, que «la noblesa hongaresa va desencadenar amb una capacitat d'autosacrifici encomiable una revolució burgesa que, tanmateix, no va poder guanyar perquè en el fons no havia burgesos». Allò que en altres indrets d’Europa va suposar un avenç considerable en drets i llibertats, no va poder consolidar-se a Hongria per l'endarreriment social i polític que patia, que el feia més proper a una societat feudal que a una altra cosa.

Malgrat ser històricament molt pobres, la qualitat de vida dels habitants de la puszta va minvar amb el pas del temps. Els nous temps enduriren encara més el cor dels senyors, que tot cercant la maximització de la producció i del benefici, tractaven com veritables esclaus als seus treballadors i reduïen al màxim els gestos en favor d'aquests. A més, el progrés de la tècnica va posar en qüestió el model de les pusztes. Aviat amb la maquinària adquirida pels senyors es produiria molt més necessitant molta menys mà d'obra. Tradicionalment, la sortida de les pusztes encara suposava una degradació major, car la gent acomiadada no s'integrava en la vida dels pobles. Els pocs que havien sortit i prosperat eren vistos com herois pels que romanien a les pusztes. La família d'Illyés va ser una d'aquestes excepcions; no sense esforços va aconseguir evadir-se d'aquell ambient. Illyés va poder superar els estudis primaris gràcies a que va ser acollit per una institució religiosa, però fou expulsat perquè la seva pronúncia –contaminada dels usos dialectals de la puszta– no s'ajustava als estàndards cultes.

Tot i que el llibre es clou amb una apel·lació de l'autor al lector, encoratjant-lo –ara que coneix la magnitud del problema– a reflexionar i a involucrar-se en la cerca d'una solució per aquesta xacra, la història ja s'ha encarregat de respondre a Illyés. La política impulsada pel règim comunista que regí els destins d'Hongria durant més de cinquanta anys va acabar amb els privilegis dels nobles, i la col·lectivització els expropià les terres, que passaren a ser propietat de l'Estat. Els habitants de les pusztes, potser per primer cop en la història, van sentir que els canvis no els passaven de llarg. Una altra qüestió és si les profundes transformacions els convertiren en homes lliures o simplement reemplaçaren un esclavatge feudal per un de modern.

(Publicat per David & Glòria en el blog epistolari, en dues parts, els dies 15 i 19 de desembre de 2007: http://epistolari.blogspot.com/)

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